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Reivindicaciones que ensucian

Pintadas en el monumento al Soldado Desconocido
Pintadas en el monumento al Soldado Desconocido

PINTADAS ▶La zona antigua de la ciudad está repleta de frases reivindicativas, dibujos, garabatos y firmas que nunca llegan a ser limpiadas ▶Estatuas, monumentos y edificios públicos son los objetivos principales de los vándalos ▶Los grafiteros se quejan de una doble moral que no valora su trabajo, pero sí el de artistas más reconocidos

Ha pasado una semana desde que los vecinos de Santiago de Compostela se encontraron una serie de mensajes reivindicativos en la fachada de la Catedral. Unas paredes que constituyen el mayor patrimonio cultural y turístico de Galicia. La indignación fue generalizada y, aunque aun no se ha encontrado al culpable, el debate sobre este tipo de actos vandálicos ha vuelto a nacer.

El grafiti es una forma de arte que hace parte de la cultura del Hip Hop, sin embargo, lo que para algunos es una forma de expresarse artísticamente, para la mayoría de habitantes de las ciudades se traduce en unas fachadas repletas de pintadas que, en la mayoría de los casos poco tienen que ver con el arte.

Pontevedra no se queda atrás cuando hablamos de este tipo de vandalismo. Desde mensajes de amor, o desamor, a obras muy elaboradas, firmas o el típico, yo estuve aquí. En el casco histórico de la ciudad es difícil esquivar las paredes adornadas con grandes letras de colores. Los mensajes reivindicativos, pero también la necesidad de muchos de dejar una marca en una calle, que aun considerando suya, no lo es, son los principales motivos que llevan a algunos vecino de la Boa Vila a manchar sus calles.

En otros puntos de Galicia la factura por limpiar las pintadas indeseadas asciende a cientos de miles de euros

Los daños a las fachadas se agudizan cuando hablamos de templos religiosos, esculturas, o edificios públicos emblemáticos de la ciudad. El monumento al Soldado Desconocido, el de la Praza da Liberdade o el que homenajea a los héroes de Ponte Sampaio, son algunas de las esculturas de enorme valor histórico y cultural que han sido mancilladas por la pintura de los sprays.

La zona de la Delegación de Hacienda, el edificio de los sindicatos o la iglesia de San Bartolomé, son también objetivos habituales de los vándalos.

Pese a que desde el Concello no se están llevando a cabo planes precisos para luchar contra esta situación, otras ciudades de Galicia si que ven en las pintadas, un reclamo negativo para turistas y moradores, invirtiendo grandes cantidades de dinero en la limpieza de las paredes afectadas. El coste de limpiar uno de estos grafitis varía entre 250 y los 400 euros, dependiendo del tamaño y las características de la pared. En la provincia de Ourense, mantener los murales de la ciudad libres de arte no deseado, cuesta cerca de 300.000 euros anuales.

En las grandes ciudades españolas, el problema adquiere otras dimensiones. Según Renfe, con el dinero destinado cada año a eliminar los grafitis, se podrían comprar hasta tres trenes de cercanías. En Galicia, reparar los desperfectos causados por los sprays en 2018, tuvo un coste de alrededor de medio millón de euros. De hecho, el problema de los grafitis ha llegado a tal extremo en las grandes ciudades, que han empezado a comercializarse seguros anti grafiti que aseguran al cliente una fachada siempre impoluta.

El tema es polémico. Más allá de las frases indeseadas y las recriminaciones sociales grabadas en algunas paredes, el arte del grafiti vive a medio camino entre la delincuencia y la representación artística.

En este sentido, los artistas callejeros se quejan de las diferentes baras de medir utilizadas para catalogar lo que se considera arte y lo que no. Así, mientras las ciudades del mundo suspiran por amanecer con una obra de Bansky, el artista urbano más importante de la historia, cuyas obras alcanzan los millones de dólares entre los coleccionistas de arte, las autoridades no dejan de perseguir a artistas anónimos que optan por utilizar la propiedad ajena como lienzo.

Algunos ejemplos

Xenaro Pérez de Villamil

Pintadas - Xenaro Pérez de Villamil

La calle Xenaro Pérez de Villamil, que desciende hacia la Praza de Barcelos, es un ejemplo más de cómo cualquier pared se puede convertir en un mural donde muchos vierten sus premisas. «Tedes medo do feminismo porque pensades que imos facer con vos o que fixéchedes connosco», reza la pintada.

Delegación de Hacienda

Pintadas - Delegación de Hacienda

La Delegación de Hacienda, frente a la Alameda, ha sido víctima de múltiples pintadas que se han ido borrando con el paso del tiempo. Actualmente, algunas letras ilegibles reposan en la fachada delantera del edificio, en una de las zonas más concurridas de la ciudad.

Monumento al Soldado Desconocido

Pintadas - Monumento al Soldado Desconocido

Pese a contar con una valla protectora, este monumento de granito y bronce del año 1985 tampoco se ha librado de los actos vandálicos. Un garabato rojo lleva años presidiendo la calle que cruza de una punta a otra la Praza da Alameda. La escultura está valorada en aproximadamente 50.000 euros.

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