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Resistiendo lejos de casa al coronavirus

El marinense Natán Feijóo trabaja en la ciudad de Trieste, en el sector de la hostelería, y el coronavirus lo ha confinado en solitario en su domicilio italiano. DP
El marinense Natán Feijóo trabaja en la ciudad de Trieste, en el sector de la hostelería, y el coronavirus lo ha confinado en solitario en su domicilio italiano. DP

Gallegos en Francia, Italia, Reino Unido, Grecia, Portugal, Australia o Bélgica relatan cómo están viviendo la pandemia que asola ya a todos los continentes del planeta y describen tanto sus sensaciones como las medidas de cada país

Esta es la crónica de una decena de gallegos a los que la epidemia del coronavirus Covid-19 ha pillado fuera de sus lugares natales. Miedo, angustia y esperanza, los sentimientos que más se repiten entre estos jóvenes que viven más allá de nuestras fronteras. 

Quince días, 360 horas, 21600 minutos. Es el tiempo que millones de españoles llevan aislados en sus casas desde que el Gobierno tomó la drástica decisión de decretar el estado de alarma y solicitar el confinamiento de la población mediante el cierre de toda actividad comercial posible (a excepción de tiendas de alimentación, farmacias y poco más). 

Quince días en los que la pandemia se ha extendido todavía más en Galicia y en todo el territorio español, llegando a superar a China en número de muertes. Es el retrato de una España desolada a la que consuela la esperanza de que en una mañana próxima, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, anuncie que la curva epidemiológica ha llegado a su pico más alto y ha comenzado el descenso de personas contagiadas y pacientes hospitalizados. 

Entretanto, más allá de nuestras fronteras hay miles de gallegos también aislados o que viven con angustia estos días en los que el mundo al completo lucha frente a esta emergencia sanitaria sin precedentes. 

“En Francia podemos salir a correr y pasear si lo hacemos solos y cerca de casa” 
Raquel Cespón: Rianxo. Politóloga y administrativa en Chelles (Francia) 
Lleva 5 años viviendo en Francia y afirma que la situación en el país vecino es similar a la española pero con una semana de retraso. “La diferencia principal es la permisividad del confinamiento. En este momento, podemos salir a correr o a pasear si lo hacemos solos y cerca de casa. Para salir hay que imprimir un documento oficial en el que certificas la razón de tu salida marcando uno de los supuestos permitidos”. Critica que en Francia no hayan sido “reactivos” y hayan priorizado la protección de la economía. “Han observado China e Italia como si fuese un mal ajeno sin reaccionar”, concluye. 

 

La imagen es prácticamente la misma en todos los países: calles vacías, supermercados escasos de víveres y un silencio sepulcral fruto de la tensión en el ambiente. 

VIGUÉS EN MOZAMBIQUE. “Lo que llega por los medios de comunicación y redes sociales de la situación en España parece ciencia ficción”, resume en una frase Óscar Santoña, vigués en Maputo (Mozambique) donde trabaja como gestor de proyectos internacionales. 

Tres años lleva en el continente africano y vive con temor la llegada del virus al país. “Desde la detección de los primeros casos y el anuncio de cuarentena total durante al menos 21 días de la vecina Sudáfrica –país del que Mozambique es muy dependiente– las cosas están cambiando bastante”, alerta este joven. 

“La población empieza a temer que se replique aquí lo que está aconteciendo en Europa, y son conscientes de los limitados medios del país para combatir la pandemia. Aunque, por otro lado, dada la menor densidad de población y el clima cálido de la región, se espera que el Covid-19 no se expanda con tal virulencia”, prosigue en su relato este gallego migrado a ultramar. 

El protocolo de actuación es el mismo que en España: salir lo menos posible y proveerse de un pequeño stock de comida con bienes de primera necesidad “por lo que pueda pasar”. 

“Se han cerrado colegios y universidades, hay control en los transportes (normalmente saturados) para reducir el número de pasajeros, actos públicos cancelados, etc. Si bien, muchos negocios están decidiendo cerrar, en parte también por la falta de clientes, se ve menos gente en la ciudad y lógicamente las zonas turísticas están desiertas. Además, el país ha dejado de dar visados de turista y revocado los existentes”. 

El Gobierno de Italia no reaccionó hasta que los ciudadanos se vieron ahogados” 
Belén Otero: Marín. Bióloga y enfermera veterinaria en Bolonia 
“Recuerdo estar en mi trabajo hace tres meses y ver en la televisión las noticias del coronavirus en China. Allí ya estaban viviendo una crisis sanitaria, pero ninguno de nosotros le daba importancia, ni siquiera el Gobierno italiano. Era lejano y no podíamos imaginar que llegaría aquí. Por desgracia, el gobierno no reaccionó hasta que los ciudadanos nos vimos ahogados”, asegura. Belén cuenta que hace unos días leyó una frase esperanzadora de la viróloga Elisabetta Groppelli, profesora en la Universidad de St. George de Londres: “Los virus desencadenan epidemias, pero son las personas las que pueden contenerlos”.

 

Óscar reconoce que si el coronavirus llega al continente con la misma fuerza que a Europa se generaría un “verdadero drama” dadas las limitadas infraestructuras sanitarias y el gran porcentaje de población perteneciente a grupos de riesgo.

Por el momento, en Mozambique la situación está controlada y apenas llegan a la decena de casos, según datos oficiales. “Esperamos declaren confinamiento pronto, quizá sea lo mejor”, señala el vigués. “Con los cierres de fronteras y las cancelaciones de vuelos regulares, a día de hoy es muy difícil volver a casa, quizá esto es lo que peor se lleva”, confiesa. 

MARINENSE EN AUSTRALIA. En pequeño salto a otro continente, en Oceanía, la situación con respecto a la pandemia de coronavirus es bien distinta. El marinense Noel Pérez vive en Melbourne (Australia) desde hace cinco meses trabajando como operador de almacén para Inditex y asegura estar viviendo esta crisis con mucha preocupación. 

“No dejo de ver todos los días por las redes sociales como se está viviendo la situación en España. Estoy preocupado por mi familia y amigos, y doy gracias de que todos están bien por el momento”, afirma Noel. Allí la situación es bien diferente, en todo Australia hay unos 1500 casos frente a lo 60.000 de España. “A pesar de los pocos casos que hay, el Gobierno australiano ha decidido hacer lo que se conoce cómo shoutdown. Significa que casi todo está cerrado, es decir, solo han quedado abiertos locales de primera necesidad, tiendas de ropa y los restaurantes y cafeterías están abiertos pero solo para dar servicios a domicilio”. 

“En Grecia se está trabajando bien, yo creo que a la altura del resto de la UE” 
Antonio Santos: Marín. Periodista en la delegación de EFE en Grecia y Balcanes 
Relata desde Atenas la crónica de la propagación del virus. “En Grecia se está trabajando bien, a la altura del resto de la UE. La cuarentena se está desarrollando con más disciplina de lo que me esperaba, para los estándares habituales de aquí”, reseña el joven periodista. Por ahora espera a que acabe su beca para volver. “Si ninguna emergencia familiar a causa del coronavirus lo impide antes”, dice. 
 

 

“Las diferencias son evidentes, con tan pocos casos, los lugares donde se puedan reunir mucha gente han sido clausurados y las fronteras a no residentes se han cerrado. España tuvo que haber puesto medidas más estrictas desde un principio”, sentencia este joven marinense. 

TRES GALLEGOS EN ITALIA.  Desde el 21 de febrero, fecha del primer muerto por coronavirus, todo ha empezado a cambiar paulatinamente en Italia. “Al principio pensábamos que era sólo un virus sin mucha importancia y seguíamos con nuestra vida normal. Pero en marzo todo cambió, se dispararon los contagios y las muertes prematuras y, con ellas, llegaron las primeras restricciones”, relata Belén Otero, bióloga y enfermera veterinaria de Marín

“La mayor parte de la población está asustada, las calles y los principales monumentos turísticos están prácticamente desérticos. Los hospitales están saturados y todos los establecimientos están cerrados, a excepción de las farmacias y supermercados. Dos semanas de confinamiento, y la gente puede salir a correr pero es necesario llevar un documento que justifique cada uno de sus desplazamientos”. 

Al igual que en España, las autoridades sanitarias indican que el pico de contagio se espera en última semana de marzo o en la primera de abril, por lo que es probable que el confinamiento se prolongue más tiempo. 

La búsqueda de la normalidad dentro del aislamiento es una constante. Natán Feijóo, también de Marín, trabaja en el mundo de la hostelería en la ciudad de Trieste (Italia) y se ha visto obligado a paralizar su rutina. 

“Lo intento llevar con la mayor normalidad posible pero con preocupación, los días pasan y parece que la situación no mejora”, asegura este joven que lleva ya dos años residiendo en el país. Natán relata que la vida social lleva paralizada varias semanas y confiesa que, al vivir solo, se le hace muy difícil estar en casa. “Además, el no saber cuándo acabará y las posibles consecuencias que tenga esta crisis sobre mi futuro laboral me preocupan”, señala. 

“Desde Oporto creo que ahora pensamos en las cosas realmente importantes” 
Irene Aldao: Marín. Junior Jewellery Deisgner en Oporto 

En su empresa han dejado de trabajar hace ya dos semanas. De entre las pocas cosas positivas, Aldao lanza un mensaje: “Desde Oporto creo que este momento nos está haciendo pensar en las cosas realmente importantes”. Admite que quedarse no fue fácil. “Lo hice por responsabilidad. Me resultó complicado por la incertidumbre sobre las medidas que iban a tomar y no saber cuándo podría volver a mi casa”. 
 

 

Entre las cosas que remarca en conversaciones con este diario están el aumento de casos de coronavirus sin control y que no se ha visto ninguna mejora pese a las restricciones implementadas. 

Bien diferente es el caso de Daniel Selas, del lugar de O Picouto en Ramirás (Ourense). Se encuentra atrapado en Roma sin poder volver a casa. Lleva fuera de Galicia desde el 7 de enero, el día después de Reyes. “A medida que fueron pasando los días se fue extendiendo y empecé a darme cuenta de lo grave que era la situación”, reconoce este ourensano.

Daniel es fotógrafo y lamenta el parón que ha supuesto esta crisis para su vida. Se fue a Italia con la maleta llena de ilusiones y proyectos, no solo por mero ocio. “Todos los planes que tenía se han ido al traste, he tenido que aplazar varios proyectos como una exposición y un voluntariado”, apunta. Su máxima esperanza es volver a España y sabe que pronto lo hará, pero por el momento quiere ser precabido. 

“Estoy deseando ver a mi familia y a mis amigos más allegados, pero antes necesito asegurarme de que no voy a ser yo un riesgo de contagio para ellos”, indica Daniel Selas.

Al principio no estaba preocupado, pero las cifras de contagios y muertes en Italia son alarmantes. La gente joven, aunque tenemos un menor índice de incidencia, somos uno de los principales transmisores del virus y debemos ser conscientes de ello. Estamos viviendo un momento difícil en la historia, pero creo que es importante mantener la calma en la medida de lo posible y ser positivos y responsables, por nuestra salud y sobre todo por la de los demás. La mortalidad en este país es tan alta porque la pandemia de coronavirus afecta sobre todo a los ancianos, e Italia es el país de Europa con el mayor número de personas mayores y la edad promedio es de casi 46 años. El confinamiento es una medida para ralentizar el contagio y que así no se vean afectadas tantas personas que son grupos de riesgo. 

OURENSANA EN LONDRES. El confinamiento no está siendo igual en todas partes. Noelia Gamallo es business support administrator en una conocida casa de subastas de arte de Londres (Reino Unido). Lleva allí dos años y medio y el azote del coronavirus evoca sus peores pensamientos hacia un futuro incierto tras esta crisis sanitaria y social. Pero por el momento puede salir de casa casi con normalidad. 

“En Reino Unido las medidas no son tan estrictas como en España y por lo tanto todavía se puede ir a pasear o salir al parque. Sin embargo, desde hace dos semanas trabajo desde casa y salgo lo mínimo posible. Lo peor no es el día a día, lo peor es la incentidumbre de no saber cuando podré ver a mi familia en Galicia”, sostiene esta joven de Xinzo da Limia (Ourense)

El escenario que vive Noelia desde hace semanas deja en evidencia al Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés). Según Gamallo, el sistema sanitario inglés se encuentra “desbordado” pese a que las cifras oficiales de contagios y muertes por coronavirus son mucho más bajas que en España. 

En Reino Unido, lo peor está por llegar y así lo vaticina esta ourensana.”Las medidas se han tomado muy tarde y no son restrictivas. Los colegios permanecieron abiertos hasta el viernes pasado y las recomendaciones del Gobierno de Boris Johnson de solo salir a comprar o a hacer ejercicio son aún recientes. Además, el número de contagiados en relación con otros países es muy bajo, pero es porque no se hacen tests. Es imposible creer que en una ciudad como Londres, ultraconectada, el número no sea parecido al número de casos confirmados en Nueva York”, concluye esta joven historiadora de arte. 

“En el Reino Unido se ha perdido mucho el tiempo, se han tomado medidas tarde y todavía no son muy restrictivas” 
Noelia Gamallo: Xinzo da Limia (Ourense). Business Support Administrator en una casa de subastas en Londres 

Noelia vive con incertidumbre en su futuro en Londres. Sabe que todo pasará, pero mientras siente angustia ante si se reproducirá con exactitud lo mismo que está ocurriendo en España e Italia. 

Las medidas frente a la epidemia de coronavirus Covid-19 en Reino Unido pese a que hay confinamiento, no es tan estricto. “Todavía se puede ir a pasear o salir al parque”, señala esta joven de Xinzo de Limia (Ourense). 

“Desde mi punto de vista se ha perdido mucho tiempo para frenar la propagación del virus. Las medidas se han tomado muy tarde y no son restrictivas”, sentencia. Esta historiadora del arte lamenta además que no se estén haciendo test rápidos a la población y considera que eso revela que, probablemente, las cifras de contagiados reales sean mucho mayores. 

 

GALLEGA EN BÉLGICA. En Bélgica, concretamente en la ciudad de Genk, el caos comienza a reinar entre la población. Así lo asegura Andrea Sarotti, una marinense que trabaja desde el pasado mes de octubre como charcutera en un supermercado del país. “La verdad es que la crisis la estoy viviendo un poco con miedo porque primero mi familia está en España y allí la situación es muchísimo más grave que en otros países de la UE”, dice esta joven. 

Sarotti explica que el Gobierno belga ha decretado una cuarentena general. “Podemos salir a la calle pero con un solo acompañante, aunque la gente sigue saliendo en grupos. Están cerradas todas las tiendas menos farmacias y supermercados. La gente que puede teletrabaja y hay fábricas que han paralizado su producción”, reseña. 

Según relata Andrea Sarotti, las personas con síntomas de coronavirus llaman al médico y, dependiendo del caso, les envían a casa un test rápido de diagnóstico de Covid-19 y punto. “Realmente, al hospital solo se va si tienes la necesidad que acudir a un especialista”, aclara. 

Resistiendo lejos de casa al coronavirus
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