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Las Rías Baixas, hogar de 250 arroaces

Unos ejemplares de delfín mular socializando en las aguas de O Grove, el pasado mes de julio. BDRI
Unos ejemplares de delfín mular socializando en las aguas de O Grove, el pasado mes de julio. BDRI
 La costa gallega alberga en total una comunidad residente estable de 600 cetáceos, según el equipo de Gremmar

En los días de playa cada vez es más habitual capturar fotografías de los arroaces que merodean por las costas gallegas. Esta especie ha elegido como lugar predilecto las Rías Baixas y, durante todo el año, el también conocido como delfín mular reside en las aguas de la comunidad.

Según datos del grupo de investigación y rescate de delfines Gremmar, actualmente la población residente de arroaces comunes es estable y se mantiene a lo largo del año con 600 ejemplares dentro de las rías, "pero en la época estival hay más observadores en los arenales y la sensación es mayor", explica Antonio Rodríguez, miembro del grupo.

Desde el centro de estudio 'Bottlenose Dolphin Research Institute' (BDRI), el director y doctor en ecología, Bruno Díaz López, señala una comunidad de 250 ejemplares en las Rías Baixas, una tendencia que asegura ser "normal para la época del año". Las rías de Vigo, Pontevedra, Arousa, las islas Cíes, Ons y Sálvora, e incluso Muros, son algunas zonas por las que se desplazan a lo largo del año.

Con los arroaces aparecen a nado otras variedades de cetáceos. El 'golfiño' común es un visitante habitual que varía su población de 1.000 a 6.000 ejemplares en un arco de amplitud muy grande en la comunidad, según Gremmar. Otros son la marsopa o el delfín gris, aunque hay que estar avispados porque cuentan con un carácter más migratorio.

Los cetáceos son buenos amantes culinarios y no desperdician ningún manjar marino. Sardina, choco y otros peces se encuentran en su dieta. Esto entraña consecuencias negativas, algunos pescadores se ven perjudicados cuando los cetáceos destruyen sus aparejos de pesca. "Estamos trabajando para mitigar este impacto en el sector pesquero", explica Antonio Rodríguez, de Gremmar.

Aún así, desde el BDRI aseguran que ayudan a regular el ecosistema y a "mantener a raya" ciertas poblaciones de interés pesquero.

FUERA DE PELIGRO. El emblemático film Tiburón ha causado un daño irreparable en la fama de esta especie. Como cualquier turista, la comida de la rías gallegas atrae a estos grandes peces en busca de su alimento y se da una reubicación de las manadas.

En los últimos meses, toneladas de sardinas y bocarte suben en flujo desde el sur, adentrándose en la fría costa gallega, seguidos de los depredadores que normalmente habitan en aguas de mayor profundidad. "Son crías inofensivas, animales carroñeros que se alimentan de otros peces y que siempre estuvieron cerca de nuestras aguas", explica el director del BDRI, Bruno Díaz López.

Desde el centro también apuntan que la presencia de tintoreras o 'quenllas' sigue una tendencia regular sin ninguna anomalía ni peligro en los últimos años. Por lo que solo es acostumbrarse y seguir disfrutando del verano.

Las Rías Baixas, hogar de 250 arroaces
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