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Entre Rivas y Lores, Sabino Torres

Teatro Principal. JAVIER CERVERA- MERCADILLO
Teatro Principal. JAVIER CERVERA- MERCADILLO

Hay vínculos temporales y personales que unen a los gobernantes, y ello no depende de lo que unos piensen sobre los otros. Se me ocurren dos, muy potentes, que nos llevan de Rivas Fontán a Miguel Anxo Lores, fíjese usted, quién lo diría. Uno es Sabino Torres, un valiente que se empeñaba en perder dinero editando poesía en gallego durante el franquismo y después, el gran intelecto de la Pontevedra contemporánea del que tanto aprendíamos y seguimos aprendiendo.

Sabino fue para Rivas Fontán una referencia tan enorme que el entonces alcalde lo eligió para llevar la programación cultural de nuestro municipio. Años después, ya con Lores en la alcaldía, Sabino compartía mesa con él y con el pregonero en la comida de Amigos de Pontevedra. Lo sé porque tuve el infortunio de ser el primer pregonero de A Peregrina tras su fallecimiento y lo echamos de menos en la mesa: "Canto falta Sabino", dijo Lores y sí, cuánto nos faltaba. Es que lo mejor de Sabino no era acercarse a él, sino que él quisiera estar a tu lado. Ahí salía el mejor Sabino, el que lograba que lo adoraras a los cuatro segundos de conocerlo y escuchar esa voz grave y pausada que daba lecciones de vida y de sabiduría. Por eso yo me fío de la gente a la que quería Sabino.

Si hoy tenemos un teatro público en el corazón de la ciudad es gracias a Rivas Fontán, si o si

El otro vínculo entre Rivas y Lores es el Teatro Principal. Para el primero, la joya de sus tres mandatos. Se dejó la vida para salvar el Teatro tras el incendio. Tuvo que comprar el solar para evitar que se construyera un garaje y hacer un esfuerzo sobrehumano para conseguir fondos y reconstruirlo. El Teatro Principal fue la Santa Clara de Rivas Fontán. De no ser por su esfuerzo personal la operación estaba destinado al fracaso, pues hasta tenía a buena parte de su partido votando contra el proyecto, pero lo sacó adelante y si hoy contamos con un teatro público en el corazón de la ciudad es gracias a Rivas Fontán, sí o sí.

Lores fue desde el principio consciente de la importancia de la instalación. Inmediatamente llevó hasta ahí los plenos y lo mantuvo como la gran apuesta cultural. No hace mucho, trasladó la sala de prensa del Concello a la planta superior. Pero ahí abajo casi a diario hay algo: representaciones teatrales, por supuesto, conciertos, cine, espectáculos, conferencias, lo que a usted se le ocurra.

Hoy mismo empieza un parón de tres meses para realizar obras en el Teatro, para dotarlo de mayor accesibilidad, un segundo ascensor, baños adaptados a personas ostomizadas y más cosas que ahora no sé. Así se hacen las cosas y se respetan los legados, manteniéndolos y mejorándolos. Que uno deje su sello no significa renunciar al pasado y a la obra de los predecesores. Una ciudad como Pontevedra es el fruto del trabajo de mucha gente durante muchos siglos. A veces repetimos demasiado usted y yo eso de que la Praza da Verdura es la misma plaza desde el principio, como el puente de A Barca. Eso no significa, a Dios gracias, que no se puedan tocar. Si no se hubieran tocado, serían porquerías ruinosas e inútiles. Y reformar no significa rehacer ni destruir, sino mantener, mejorar y adaptar.

En estos siglos hemos tenido grandes regidores y otros pésimos. Algunos hasta destructivos, como los que tiraron las Torres Arzobispales, o buena parte del trazado de la muralla y alguna de sus puertas y estaban a medio demoler San Domingos para construir la esplendorosa Pontevedra de los Sesmero, que como podemos comprobar podía construirse exactamente igual. Menos mal que apareció el gran Casto Sampedro y mandó parar, con lo que inició el germen del Museo de Pontevedra, otra institución que sabe hacer honor a su legado.

Es importante esto. Saber que las reformas que hemos hecho en estas últimas dos décadas, por ejemplo, las hemos hecho caminando siempre hacia adelante pero con el espejo retrovisor mirando a nuestra historia para conservar y mejorar aquello que vale la pena y eliminar lo molesto, lo innecesario, lo destructivo, para hacer de ello un lugar de convivencia. Y de esa historia, más antigua o más reciente, surgen vínculos intergeneracionales entre las sociedades y quienes las han representado y las representan. El tío que diseñó la Praza de A Verdura, la primera versión, allá por el siglo nosequé, no querría resucitar hoy y verla igual. Le encantaría ver lo que el tiempo y el esfuerzo han hecho con su plaza, hoy perfectamente integrada como uno de los símbolos del Modelo urbanístico de Lores. A Rivas Fontán no le pregunté, pero imagino que estará feliz de que el Teatro Principal que nos dejó con justificado orgullo sea tratado por Lores con el debido mimo y el respeto que merece. Eso es hacer política de altura, la que sólo pueden hacer en Pontevedra aquellos a los que Sabino Torres elegiría como amigos.

Entre Rivas y Lores, Sabino Torres
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