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"Para romper el techo de cristal, antes de nada hay que tener trabajo"

Las participantes en la tertulia de Diario de Pontevedra. DAVID FREIRE
Las participantes en la tertulia de Diario de Pontevedra. DAVID FREIRE
Para romper el techo de cristal, primero hay que desprenderse del suelo pegajoso, ese que fija a las mujeres en los puestos de trabajo con menor remuneración o que deposita sobre sus hombros el peso de los cuidados

Se habla del techo de cristal, de mujeres líderes que irrumpen en ámbitos tradicionalmente masculinos. Pero se habla menos del suelo pegajoso, de la precariedad que sigue teniendo rostro de mujer, de cuidadoras no remuneradas y de trabajos en negro. "Para romper el techo de cristal, antes hay que tener trabajo", apunta Ada Otero, abogada, activista LGTBI y primera mujer trans en una candidatura a las Elecciones Municipales en Galicia.

Diana Rodríguez, resp0nsable de CIG Servizos: "As coidadoras profesionais teñen xornadas moi reducidas, nas fins de semana, por 300 ou 400 euros"

Diario de Pontevedra reúne a un grupo de mujeres representativas de diferentes colectivos que sufren especialmente la discriminación. Además de Otero, en la mesa están Diana Rodríguez, responsable del área de Servizos en la CIG; Lourdes Bustamante, abogada e inmigrante venezolana; Julia Eugenia e Ignacia Vigil, dos hermanas cuidadoras a cargo de Julia, su madre con alzhéimer y viuda de marinero, también presente en el encuentro.

"Puede ser que antes no se hablase mucho del trabajo de las cuidadoras, pero pienso que ahora es un tema que se trata más, sobre todo porque la gente que pasa por ello saca el tema", señala Ignacia, que hace referencia a la situación de desamparo de las personas que cuidan de familiares dependientes. Su hermana apunta que son necesarios más recursos públicos cuando se trata de atender a personas enfermas y mayores, una tarea que recae prácticamente en su totalidad sobre las mujeres.

Ada Otero, abogada y activista trans: "La gente sigue cuestionándose mi existencia, como si quisiese entrar en un colectivo con el 80% de paro por gusto"

"Este é un debate que se abriu sobre todo a raíz das folgas do 8-M. É unha realidade que está aí e necesítanse dar moitos máis pasos para mellorar", apunta la sindicalista Diana Rodríguez. Además, habla de la precariedad no solo de las mujeres que asumen el cuidado de familiares, sino también de las trabajadoras de los servicios de ayuda en el hogar a personas dependientes. "Teñen xornadas moi reducidas, por moi poucas horas, que adoitan ser nas fins de semana, cobran entre 300 e 400 euros e o 100% son mulleres, polo que vexo no sindicato", señala mientras recalca la importancia de dotar de servicios públicos de atención a personas dependientes, sin que las empresas privadas hagan negocio con este colectivo precarizando trabajadoras.

En este sentido, para Julia, la solución a los cuidados, que cada vez necesitan un mayor volumen de población, pasa por crear más servicios de calidad, pero también por educar a los hombres del futuro. "Se necesitan centros de día que asuman ese papel, porque las mujeres recibimos una educación que nos hace llevar todo el peso, fue lo que vimos desde niñas. En nuestra familia, por ejemplo, nuestro padre estaba embarcado y nuestra madre se quedaba en casa", indica, mientras apunta que quizás las mujeres tengan más paciencia. "O la tenemos o no nos queda otra que tenerla", apunta su hermana Ignacia. "Lo tienen metido en la cabeza. El 'ya te lavo la loza' típico de los hombres que en el fondo dice que la loza sigue siendo nuestra", cuenta Otero.

Ignancia Eugenia Vigil, cuidadora: "Los hombres ayudan, pero la mayor parte del peso del cuidado y los trabajos de casa siguen recayendo sobre nosotras"

Pero los tiempos han cambiado. Las mujeres se han incorporado al mercado laboral y el trabajo en casa no se ha evaporado. "Al trabajar nosotras fuera se necesita que ellos también participen, porque pueden ayudar, pero el peso lo seguimos llevando nosotras", explican las hermanas Virgil. Diana Rodríguez pone encima de la mesa el término corresponsabilidad y apunta a la necesidad de que los hombres asuman su parte en las responsabilidades domésticas. Esto significa también que soliciten reducciones de jornada en sus empresas para poder encargarse de los cuidados, ya sea de niños o personas dependientes a cargo. "Nas empresas, no momento no que pides unha redución de xornada todo son problemas, obrígante a escoller entre ter unha carreira ou ter fillos e eu podo contar cos dedos das mans os casos de homes que viñeron a pedir unha redución ao sindicato", indica Rodríguez.

La principal consecuencia de la dificultad de la conciliación es que las mujeres acaban renunciando a su salario y, con él, a su independencia económica para asumir los cuidados y la maternidad. "Es imposible pagar un centro de día privado o una persona que se encargue porque se te va el sueldo", indica Julia Virgil.

Julia Vigil, cuidadora: "Pagar por un centro de día privado o un profesional que se encargue es imposible porque se te va el suedo"

INMIGRANTES. Es entonces cuando interviene Lourdes Bustamante, inmigrante venezolana que ve en el trabajo en la limpieza de hogares una opción laboral tras su llegada a España. "Yo soy abogada, pero el proceso para validar mi título aquí supondría cinco años de estudios sin ingresar ningún dinero para poder ejercer, por eso yo me veo obligada a renunciar a 20 años de profesión para plantearme limpiar casas. Lo que ustedes ven como una dificultad, para mí es una oportunidad de trabajo", indica. Y es que el colectivo de mujeres migrantes conforma una parte importante de la bolsa de mujeres dedicadas a la limpieza del hogar y los cuidados, ya sea en empresas o trabajando para particulares, en muchos casos en negro. Según calcula Bustamante, el tiempo que tarda una persona proveniente de Venezuela en conseguir la documentación necesaria para poder trabajar oscila entre los nueve y los diez meses. Durante ese tiempo, no pueden firmar ningún contrato laboral, por lo que muchas mujeres se ven abocadas a trabajar en el servicio doméstico dentro de la economía informal. "Hay muchísimas dificultades burocráticas para encontrar un empleo, además te obligan a hacer muchos cursos que muchas veces una no sabe muy bien qué utilidad tienen porque lo que necesitas es trabajar y no tienes ni tiempo ni dinero para formarte en algo que ni siquiera te garantiza el empleo", apunta.

Del mismo modo, critica que la inestabilidad laboral en España convierte a muchas personas en esclavas de la Risga (Renda de Inserción Social Galega). "Yo misma, que tenía tramitada una Risga, temí perderla al aceptar un trabajo, porque no sabía si iba a ir bien, y entiendo que haya personas que no saquen el coraje suficiente para atreverse a empezar un trabajo que puede ser temporal y dejar la Risga. Yo no quiero vivir de ayudas, quiero trabajar, pero hay que entender el miedo", señala.

Julia, pensionista: "Meu home díxome que se non lle daba fillos me deixaba. Eu contesteille: tenos ti, a ver se podes"

A Ada Otero, activista trans, el calvario burocrático que describe Bustamante para conseguir un permiso de trabajo en España le recuerda a sí misma. "Yo salí del armario con 27 años y todos mis títulos, cursos y demás están con mi anterior nombre", explica. En los dos años durante los que llevó a cabo su proceso de transición, Otero perdió oportunidades para incorporarse al mercado laboral al no tener los títulos un nombre que concordara con su identidad, lo que dificultaba que fuese contratada. "Lo más duro es que, más allá de la cuestión laboral, la gente sigue cuestionándose mi propia existencia y me toman por una mentirosa, como si yo quisiese transitar a un colectivo con el 80% de paro por gusto", lamenta. En este sentido, critica que se cuestione si es o no una mujer. "Mis experiencias no tienen que ver con las de un hombre, hace unos días iba por la calle y un grupo de chicos me gritaron refiriéndose a mi aspecto físico, si tengo una cita con un chico también tengo miedo a que no quiera entender un 'no' y me vea en una situación violenta. Todas esas cosas se nos pasan por la cabeza a las mujeres. Curiosamente, todas las narrativas de odio contra el colectivo trans se centran, sobre todo, en las mujeres trans, ¿eso no es machismo?", se pregunta.

Lourdes Bustamante, abogada e inmigrante: "Me vi obligada a renunciar a 20 años de profesión como abogada para plantearme la opción de limpiar casas"

"Isto non levanta máis, non hai quen o arregle", interrumpe Julia, pensionista, viuda de marinero y madre de cuatro hijas, de las cuales una está ahora a su cargo. Se muestra pesimista sobre el futuro, pero ella sacó adelante una familia con el marido lejos durante largos períodos de tiempo rompiendo su particular techo de cristal. "Os homes son así, o meu díxome, antes de casar, que se non lle daba fillos me deixaba. Eu contesteille: Tenos ti solo, a ver se podes!", recuerda entre risas antes de levantarse y disolver la reunión.

DATOS. Las mujeres ganan 6.000 euros menos
Los datos corroboran la realidad relatada por las mujeres invitadas por Diario de Pontevedra.

Brecha salarial. El trabajo de los hombres por hora se remunera en Galicia a una media de 14,65 euros la hora, mientras a las mujeres se les paga dos euros menos, según el INE. Además, si se comprueban las ganancias anuales de los trabajadores, la brecha es mayor, ya que muchas mujeres cuentan con contratos a tiempo parcial. Así, si la media de los ingresos del trabajo de los hombres e sitúa en los 26.391 euros, la de las mujeres baja hasta los 20.607. 

Migrantes. El caso es más sangrante entre las trabajadoras inmigrantes, con una media de ingresos de 15.402 euros, frente a los 18.561 de los hombres extranjeros.

Cuidados. Por otra parte, el 78% de las excedencias para el cuidado de familiares las solicitan mujeres y en el 95% de los casos son también ellas las que reducen su jornada para el cuidado de hijos.

"Para romper el techo de cristal, antes de nada hay que tener trabajo"
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