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La fase 1, un pequeño respiro para el comercio de Pontevedra

Mesas en el exterior del café bar Don José. RAFA FARIÑA
Mesas en el exterior del café bar Don José. RAFA FARIÑA
Los negocios de la ciudad comienzan a ver la luz porque los clientes han perdido el miedo a salir a la calle y han comenzado a comprar en persona

Mucha gente de compras. Los negocios de la ciudad han comenzado a recobrar su vida con la puesta en marcha de la fase 1 del plan de desescalada diseñada por el Gobierno para frenar la expansión de los contagios por Covid-19. Transcurrida la primera mitad de este período (que durará hasta el 25 de mayo, fecha prevista para el inicio de la fase 2), los pontevedreses han ido perdiendo el miedo a salir a la calle y se han animado a comprar en los distintos establecimientos a los que el decreto estatal permitió volver a abrir sus puertas con la condición ineludible de que adopten todas las medidas de seguridad necesarias, entre ellas la utilización de los medios de prevención (mascarillas y distancia social) y desinfección sanitaria.

El denominado "plan para la transición hacia la nueva normalidad" autorizó en su fase 1 la apertura parcial de actividades económicas entre las que se encuentra el pequeño comercio, el servicio de hostelería en terrazas y los oficios religiosos en las iglesias. "Creí que la gente iba a tener más miedo a ir a los bares y cafeterías, pero estoy viendo que tenemos clientes de otros bares próximos que han decidido no abrir", señala Óscar Fernández, propietario del negocio Don José. "Estoy trabajando solo porque mis tres empleados están en Erte (Expediente de Regulación Temporal de Empleo). A lo mejor para la semana que viene ya vuelve alguno de ellos a trabajar. Será en función de cómo vaya el movimiento de clientes", apostilla.

En esa misma condición laboral se encuentra parte de la plantilla de la ferretería Villaverde, "hasta que se aclare el desconcierto que tenemos con las medidas que va adoptando el Gobierno en las fases de la desesdalada", señala el gerente del negocio, Luis Santamaría.

Clientes haciendo cola ante la ferretería Villaverde. RAFA FARIÑA

El negocio de ferretería está muy bien surtido, por lo que no tiene problemas de desabastecimiento. "Estuvimos viviendo de las reservas porque no tenemos ni tiempo para hacer pedidos; lo prioritario es atender al cliente. Incluso no vemos el reloj. Nunca se ha ido ninguna persona que estuviera guardando cola y que no la hubiésemos despachado", subraya el empresario.

El número de llamadas telefónicas ha disminuido de forma considerable con la reapertura del establecimiento. "Una de las dos personas que estábamos despachando a través de la verja de entrada tenía que estar colgada al teléfono para responder a los clientes que nos preguntaban cuándo teníamos previsto abrir de nuevo. Para nosotros era un caos psicológico".

Además, la fase 1 ha permitido reabrir al culto las iglesias que permanecían cerradas como medida de precaución sanitaria, entre ellas la de San José de Campolongo. "La gente ya estaba deseando que reabriésemos el templo, al que ha vuelto esta semana con mucha alegría y con una enorme emoción", señala el religioso.

"El confinamiento -añade- nos ha dado la oportunidad a todos de que pensemos sobre nuestra vida, sobre todo para darnos cuenta de que todo lo que podamos tener en esta vida se puede caer en un segundo por una cosa tan mínima como un virus".

Una de las iniciativas solidarias que venía realizando esta feligresía, como los desayunos que ofrecía los domingos a las personas más necesitadas, se recuperarán, según el sacerdote, "cuando podamos volver a disponer del local parroquial".

En este sentido, explica que con las limitaciones de espacio no pueden servir los desayunos a las 50 personas que, de media, solían disfrutar de esta primera comida del día. "Estamos tranquilos porque los servicios sociales de las administraciones están ayudando a los transeúntes. Además, el Comedor de San Francisco les sigue dando comida para llevar".

«La gente tenía ganas de disfrutar de las terrazas»
"La gente tenía ganas de disfrutar de las terrazas aunque el tiempo no nos ha acompañado esta semana", explica Óscar Fernández, propietario del café bar Don José. De hecho, resulta muy complicado encontrar libre alguna de las cinco mesas instaladas fuera del local, menos de la mitad de las que disponía antes de que se decretase el estado de alarma.

Y es que han sido muy pocas las cafeterías que han decidido abrir al considerar que no les resulta rentable reanudar su actividad sin poder usar el interior del establecimiento y con solo la mitad de las mesas con las que contaban en su terraza.

"Veo a la gente muy despreocupada", señala el hostelero, que tiene que estar pendiente de que sus clientes respeten las normas de prevención dictadas por el Gobierno para evitar el riesgo de contagio de la Covid-19. "Tengo que preocuparme por que lleven puestas las mascarillas y para que respeten la distancia social", subraya Óscar. "Aunque las mesas están separadas a más de dos metros hay gente que se junta en cuanto me despisto. Tengo que estar todo el tiempo pendiente de que se respeten las normas de seguridad".
"Estamos teniendo bastante movimiento de ventas"
La ferretería Villaverde ha pisado el acelerador en su reapertura, como lo demuestra la estampa que ofrece cada día, con clientes guardando una fila en la que esperan ser atendidos en la puerta del establecimiento. "Es normal que se produzca una aglomeración en la calle porque no les está permitido entrar", indica el gerente, Luis Santamaría.

"Estamos teniendo bastante volumen de negocio, aunque algunas veces nuestros clientes se van con cara de fastidio -pero al mismo tiempo con resignación cuando han tenido que esperar en la cola durante media hora y no encontrar el artículo que nos habían solicitado".

Luis señala que tras la reapertura de su negocio ha recibido nuevos clientes porque otros establecimientos del sector permanecen cerrados. "No se si se notará una mayor competencia en cuanto vayamos pasando las fases de la desescalada. Habrá que esperar".

El trabajo físico se le ha multiplicado al personal de la ferretería Villaverde porque ahora son ellos quienes tienen que ir de un lado a otro del local a buscar los artículos a las estanterías cuando antes eran los propios clientes quienes los elegían.
"Apenas tengo una hora para ir a comer a casa"
"Tengo mucha clientela desde el pasado día 4, cuando reabrí mi peluquería", señala Valeriano Ramón Cachón, cuya lista de espera es de una semana. "Mis clientes me son muy fieles porque no les importa tener que esperar siete días para cortarse el pelo", subraya el autónomo.

Además, asegura que no le importa tener que dejar de atender "entre siete u ocho" clientes al día por tener que dedicarle tiempo a las tareas de desinfección de su peluquería y de los objetos que utiliza en su trabajo. "No atiendo a gente que no tenga mascarilla porque ante todo está la salud", subraya Valeriano, a quien apenas le queda tiempo para ir a comer a casa para despachar cuanto antes las citas previas.

"Solo cierro el negocio durante una hora para reponer fuerzas y estar con mi familia un rato", explica el peluquero que está al frente de un negocio que hoy cumple 15 años y que está situado en el número 4 de la calle Médico Germán Adrio Sobrido. Tiene una trayectoria profesional de más de dos décadas.

"Lo más importante en esta situación de alarma sanitaria es garantizar mi seguridad y la de mis clientes", insiste Valeriano.
"No quisimos abrir antes porque la salud de nuestros empleados es lo primero"
Mayka Solla muestra una empanada. RAFA FARIÑAPudo haber mantenido abiertas sus puertas desde el primer momento del estado de alarma porque desarrolla una actividad considerada esencial, pero no ha sido hasta este viernes por la tarde cuando la pastelería Solla comenzó a atender nuevos encargos. "Nuestros clientes tenían ganas de volver a comprar nuestros productos, pero habíamos decidido cerrar porque en su momento no disponíamos de las medidas de seguridad que nos permitiera proteger la salud de nuestros empleados, que es lo primero", señala Mayka Solla, propietaria del negocio familiar.

"Tenía miedo de cómo volvería a ser la actividad tras este paréntesis", subraya la empresaria, con la incertidumbre de cómo resultarán las ventas a partir del próximo lunes. En todo caso, está convencida de que "no volverá a ser como antes de que se declarase la pandemia porque la gente no sale a la calle tanto como lo venía haciendo".

Pastas de chocolate, cruasanes Pastelería Solla dulces de milhojas y empanadas fueron los productos de pastelería Solla que tuvieron mayor salida el viernes y el sábado y que fueron adquiridos por su "clientela fiel".
"Creí que iría a misa menos gente de la que asiste" 
El número de devotos que solía acudir a la misa antes de que las iglesias hubieran decidido cerrar para evitar la propagación del coronavirus ha disminuido en torno a un 20%, según el cálculo que efectúa el párroco de San José de Campolongo, Casimiro Fernández. "Mucha gente mayor ha decidido no salir aún de casa por precaución. También hay familias que les recomiendan no ir a la calle pero, aún así, nuestras previsiones eran de que iba a asistir a misa menos gente de la que está yendo porque considerábamos que iba a estar más retraída".

El sacerdote también destaca que ha aumentado el número de personas que visitan el templo parroquial fuera de las horas de culto y las que solicitan confesión a alguno de los dos clérigos que se dedican a esta tarea.

"Vamos recuperando el contacto presencial con la gente de forma progresiva, si bien ha estábamos en conctacto con muchas personas a través de las redes sociales y el teléfono", subraya Casimiro Fernández.
"Vendemos muchos lazos, botones y gomas"
"La gente está respondiendo bastante bien", señala Cristina, empleada de la mercería lencería Anabeti. Este negocio, que reabrió sus puertas el pasado lunes, en el primer día de la fase 1 de la desescalada del estado de alarma, está atendiendo a las numerosas personas que durante el confinamiento habían dedicado buena parte de su tiempo a calcetar, ganchillar, coser y bordar.

"Se han quedado sin el material que necesitan para darle el toque final a las prendas que han confeccionado", señala la dependienta. Por eso, los artículos más demandados por sus clientes son gomas, lazos y botones, además de ovillos. La tienda de la mercería lencería Anabeti situada en Benito Corbal abre solo por la mañana (por la tarde lo hace el negocio de la calle Sagasta). Como medida de seguridad para evitar los contagios por Covid-19 cuenta con un aforo máximo de tres clientes que pueden permanecer en el interior del local, "siempre con mascarilla", precisa Cristina.

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