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La segunda desescalada arranca con pocas terrazas abiertas en Pontevedra

Algunos clientes en Marín. ALDARA PAZ
Algunos clientes en Marín. ALDARA PAZ
El mal tiempo también restó aforo en Poio, Marín o Sanxenxo, pero no en A Estrada

Podían abrir, pero pocos optaron por hacerlo. La hostelería estaba este viernes de vuelta tras un mes de cierre para frenar la expansión de la covid-19. Sin embargo, la inmensa mayoría de los establecimientos optaron por mantener la persiana bajada pese al inicio de la desescalada. La decisión de no abrir fue acordada también en asamblea por los integrantes de Hoempo, la asociación que agrupa a empresarios del sector de los concellos de Poio, Pontevedra y Marín. Aún así, la portavoz del colectivo explicaba que entendían que "los locales abran porque de ello depende que una familia coma o no", en palabra de la propia Elena Vitoria.

Así, muchas de las plazas en las que más presencia tiene la hostelería estaban desiertas. La de O Teucro, la de Méndez Núñez, la Praza da Estrela o la de Curros Enríquez no tenían mesas montadas, entre otros espacios del centro histórico de la ciudad. En A Verdura permanecían abiertos solo dos establecimientos y su aforo estaba completo en ambas, incluso con colas para poder entrar a comprar una consumición para llevar. Pero lo cierto es que, a pesar del frío y la lluvia, encontrar sitio en una terraza para tomarse un café en la mañana era una tarea difícil. Muchos bares seguían dispensando café para llevar pero no tenían habilitadas mesas por no disponer de espacio en la terraza. Además, la reducción del aforo al 50% en el exterior de locales ya de por sí pequeños dejaba la capacidad de algunos bares reducida a la mínima expresión.JAVI Y GON IMPORTANTE. Repor apertura hostelería. Hablamos

En las mesas que sí recuperaron la actividad se vivía cierto ambiente de celebración por la vuelta de los bares. Grupos de amigos que se reunían tras este tiempo y muchos brindis. "Yo creo que hay que volver a hacer vida normal, si nos dejamos llevar por el miedo sí que nos morimos", explicaba uno de los señores que compartía un vino junto a amigos en la mañana del viernes. Del mismo modo, en otra mesa, un grupo de jóvenes aseguraban llevar desde las diez de la mañana recorriendo varias terrazas para reencontrarse con los bares y las cañas. "Lo malo es que cierren a las cinco", bromeaban, y se retaban a aguantar hasta esa hora en las terrazas. También los había reacios a salir en la fotografía, ya que sentían que la hostelería ha sido juzgada y culpada durante la crisis sanitaria de la covid-19.

En las mesas se vivía cierto ambiente de celebración por la vuelta y no faltaron brindis entre amigos

Abrir no significaba renunciar a las reivindicaciones que viene manteniendo a lo largo del tiempo la hostelería en la ciudad. De este modo, al igual que todos los viernes desde hace unas semanas, el sector salió a las puertas de los establecimientos con cacerolas para hacerse oír, si bien las caceroladas son cada vez menos numerosas y ruidosas. Aún así, pasadas las 12.30 de la mañana, algunos trabajadores de los bares de la plaza Méndez Núñez salieron a la calle para protestar e incluso se acercaron a la Praza da Verdura para hacer sonar sus cacerolas (muchas ya deformadas de tanto golpe).

Otro espacio que recuperó parte de su actividad fue A Leña, donde establecimientos como el Hotel Rúas o el restaurante Rianxo abrieron sus terrazas. "Para nosotros no es mucha diferencia porque seguimos trabajando todo este tiempo con comida para llevar", explicaban en el segundo de ellos.

EL TIEMPO. Otro factor que jugó un papel relevante a la hora de abrir fue el del tiempo. La desescalada llegó a Pontevedra con muchas restricciones y con la primera ola de frío del inverno. La lluvia y las bajas temperaturas eran una combinación fatal parHosteleria de Sanxenxoa la hostelería, que solo podía atender a los clientes en las terrazas. "Esto no es Valencia o el Mediterráneo, no podemos decir que atendemos en terraza en pleno mes de diciembre y con estas temperaturas", explicaba uno de los hosteleros. 

Por otra parte, las perspectivas de cara al puente de diciembre no son mejores. Las cenas de Navidad se dan por perdidas y a muchos les cuesta ver la luz al final del túnel. Otros aseguran que se esfuerzan por capear un temporal que confían que amaine en la primavera de 2021. "Es muy importante que la gente cumpla las medidas de seguridad para que no nos cierren y podamos trabajar, si esto va a peor va a ser muy duro para muchas familias", explicaba una camarera.

Las protestas por la situación de la hostelería continuaron con una nueva cacerolada -menos ruidosa que hace semanas- por la mañana

COMARCAS. En la comarca de Pontevedra la situación fue similar. Los hosteleros de Poio y Marín que integran Hoempo también optaron por no abrir sus negocios, aunque fueron muchos los que sí colocaron sus terrazas a pesar de que el día fue especialmente invernal. Algunos establecimientos de Marín decidieron hacer frente a Dora y poner igual sus terrazas después de casi un mes con la persiana bajada. Varios de los locales más míticos del centro urbano de la localidad marinense, como el Bar Umia o el Alameda aprovecharon desde el día uno el alivio de las restricciones en el municipio. También en Poio muchos clientes acudieron a arropar el inicio de la desescalada, y después de casi 30 días pudieron disfrutar de un café o de una caña en compañía de sus conocidos.

Por su parte, la hostelería de Sanxenxo, municipio incluido entre los de máximas restricciones, abrió sus puertas a medio gas. Algunos de los bares de la zona de Augusto Besada, como es el caso de El Aviador, dispusieron sus terrazas que, durante buena parte de la mañana, estuvieron vacías. Los cafés rápidos en el exterior fueron los pedidos más exitosos de la jornada.

En el lado opuesto se sitúa A Estrada, municipio de la provincia que abandonó el cierre perimetral esta semana y cuyas restricciones corresponden al nivel básico, donde las cafeterías registraron sus aforos completos y es que fueron muchos los que acudieron a celebrar la desescalada.

"El primer día es de trabajo y tras un mes de parada tienes que volver a coger práctica"

Volver al trabajo después de un mes cerrado cuesta aunque, en este caso, el sector de la hostelería ansía volver a una normalidad que la rescate de un año que a muchos los sumirá en la quiebra. "El primer día siempre es de mucho trabajo y después de un mes parada tienes que volver a coger práctica, te sientes desentrenada", explicaba Olivia Iglesias, camarera en la tapería Os Carballos. El establecimiento fue uno de los que reabrió sus puertas pese a las restricciones de la desescalada y las mesas estuvieron llenas. JAVI Y GON IMPORTANTE. Repor apertura hostelería. Hablamos

"Yo miedo no tengo, si todos somos responsables no tiene por qué pasar nada", explicaba uno de los hombres sentado en la terraza del establecimiento. Las trabajadoras de Os Carballos atendieron a numerosos clientes. "La gente tiene ganas de volver, el primer día siempre es así, pasó lo mismo en la anterior desescalada", explicaban sin dejar de servir. La terraza del establecimiento estuvo llena de grupos de personas que se reencontraban después de un mes sin poder celebrar reuniones.

Otro de los que se decidió a abrir la terraza de su establecimiento fue Diego Amoedo, propietario de la cafetería Milano. "Decido abrir porque no me queda otra alternativa. Las facturas siguen cayendo, la Seguridad Social también, los impuestos lo mismo... necesitamos facturar por poco que sea", explicaba el hostelero, que sacó a su empleada de ERTE para poder atender el negocio, con cuatro mesas, esperando que la desescalada avance para ampliar el aforo. "En este tiempo tienes que estar pendiente porque las ayudas tardan en llegar y, por ejemplo, la chica que tengo de empleada depende de esta cafetería y su marido trabaja también en hostelería, no puedo dejarla sin nada si no le llega el dinero del ERTE. Y en mi casa lo mismo, yo dependo de esto y mi mujer va teniendo contratos por días según la llamen", contaba el hostelero. 20201204_JCERVERA_048

Aunque la respuesta de la clientela también fue buena, ya que las mesas que pudo instalar estaban llenas, lo cierto es que las restricciones no permitían demasiado margen para obtener beneficios. "Solo el 50% de las terrazas y solo hasta las cinco de la tarde es muy poco", lamentaba el hostelero, que espera que pronto se pueda empezar a utilizar los espacios interiores de los bares para poder acoger a más gente. En este sentido, cuenta que "Pontevedra es una ciudad pequeña, donde la población está bastante dispersa por las parroquias y no tendría que haber riesgo", cuenta.

En el mismo sentido, señala que no es lógico que se generen aglomeraciones en determinados establecimientos del comercio mientras se cierra la hostelería. "Debería haber control en todas partes, en la hostelería, pero también en los supermercados, para que se cumplan las normas", cuenta.

"Antes de que se hunda el barco intentamos estar siempre activos"

Tampoco la tienen todos consigo los hosteleros de Ponte Caldelas. Este municipio, que se encuentra en el grupo de concellos con restricciones de nivel medio, vivió su primer día de desescalada con poca afluencia en los locales. Establecimientos como El Chavo o Casa Pipeiro abrieron también sus puertas en el primer día de la desescalada, eso sí, en este caso con un 40% de aforo en el interior y 50% en el exterior, con posibilidad de abrir hasta las 23 horas y con grupos de seis personas como máximo sean convivientes o no. En esta situación se encuentran también los municipios de Barro, Soutomaior, Silleda y Cerdedo-Cotobade en la provincia. En el caso de las casas de comidas como El Chavo, su dueño, Marcel García, afrontó la reapertura con resignación. "Abrimos porque las ayudas nunca llegaron. Tenemos que tratar de sobrevivir y estamos esperando a ver que pasa, pero no creo que haya público", señaló. Si bien durante la mañana no hubo clientela en el restaurante, García no pierde la esperanza. "Antes de que se hunda el barco, intentamos estar activos", aunque, explicó "lo vemos muy negro. Te avisan dos días antes, tienes que comprar la mercancía y llenar la nevera, a lo mejor hay que volver a tirarla y no son dos euros. Eso no lo miran", añade.

La segunda desescalada arranca con pocas terrazas abiertas en...
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