"La sensación de miedo es increíble, pero hay que tirar para adelante"

Paz González fue diagnosticada hace año y medio y aunque el proceso no fue sencillo afirma que el cáncer le ha hecho "valorar lo importante"
Paz González. GONZALO GARCÍA
photo_camera Paz González. GONZALO GARCÍA

Paz González, natural de Pontevedra, fue diagnosticada de cáncer de mama hace algo más de año y medio, cuando tenía 49 años. Desde entonces se ha sometido a infinidad de pruebas y tratamientos, y en estos momentos puede decir que ha superado el pulso de la enfermedad. En la última revisión a la que se sometió hace un par de semanas, "salió todo bien", aunque hoy su normalidad es muy distinta a la que vivía antes del diagnóstico.

Como muchos otros pacientes que encaran un cáncer, Paz ha dado un giro a su pirámide de prioridades y, si reclama algo, son más profesionales sanitarios y más recursos para encarar todo lo que viene después de las cirugías y las radioterapias.

Diagnóstico

El diagnóstico de esta pontevedresa llegó en febrero de 2022, tras notar que "el pecho estaba un poco duro y que del pezón izquierdo salía un líquido oscuro". Los síntomas activaron el protocolo en la consulta de su médico de cabecera y en apenas 24 horas fue derivada a la Unidad de Mama, desde donde se comandaron varias pruebas: mamografía, ecografía, resonancia y finalmente una biopsia con la que se confirmó la enfermedad.

Paz recuerda el amalgama de sensaciones que digirió cuando le comunicaron que tenía un tumor. "La sensación de miedo y todo lo que te entra en ese momento por el cuerpo es increíble. Además, como en mi caso no estaba claro, tuve la esperanza hasta el último momento. Fui a buscar los resultados pensando que no era nada y cuando me lo dijeron me quedé como una piedra ", cuenta a este periódico.

Paz asegura que durante en los primeros días lloró hasta la saciedad y que la desesperación era un sentimiento constante. Sin embargo, también matiza que el derrumbe fue provisional y que enseguida cayó en la cuenta de que "hay que tirar hacia adelante".

Redes sociales

Según dice, en este proceso de resiliencia le ayudó mucho despejar dudas e inquietudes con los especialistas y soltar lastre con la psicóloga que le asignaron en el Área Sanitaria de Vigo, donde residía cuando le descubrieron la enfermedad. Además, asegura que el apoyo recibido por los suyos ha sido trascendental y que los lazos que ha tejido bajo el paraguas de Adicam (Asociación de Personas Diagnosticadas de Cáncer de Mama) han sido decisivos. "El apoyo que te brindan es una pasada y conocer a alguien en tú misma situación es muy importante, porque aunque tus amigos y familiares sean muy empáticos, no entienden algunas cosas por las que pasas", explica.

Paz participa en varias de las actividades que organiza la asociación y es una de las integrantes de un grupo de WhatsApp formado por pacientes pontevedresas con su misma patología; una auténtica red social "donde hay una fuerte unión y donde todas estamos pendientes de todas".

Procedimiento

Paz, que acababa de ser operada de la espalda, fue intervenida al poco de ser diagnosticada y tuvo que volver al quirófano a los diez días "porque en las pruebas todavía salían restos".

El tratamiento también incluyó doce sesiones de quimioterapia, inmunoterapia y radioterapia, un combinado farmacológico intenso al que ha consiguió poner fin el pasado mes de abril.

Ahora, cuando le preguntan cuáles son las necesidades peor cubiertas, responde que ella reclamaría "más personal sanitario, más médicos y oncólogos" para despachar con más fuerza la epidemia mundial en la que se ha transformado el cáncer. "El trato que he recibido siempre ha sido estupendo, pero muchos días había problemas de personal y tengo compañeras que fueron tratadas en Pontevedra y a las que cada vez atiende un oncólogo distinto. Creo que se podría mejorar", señala.

Al mismo tiempo, cree que la Administración debería ofrecer más recursos para ese ansiado regreso a la normalidad. Sobre todo, teniendo en cuenta "que muchas nos quedamos con secuelas y nos es imposible retomar el puesto de trabajo que teníamos". "En mi caso tengo derecho a una pensión, pero será revisada en algún momento, y en otros casos ni siquiera tienen derecho a esto. No digo que nos den una paga para toda la vida, pero sí podían ayudar más. Encontrar un empleo después de un cáncer y con 51 años no es fácil", reivindica.

Paz, ahora con 51 años y una hija de 31, dice que su meta más próxima es recuperarse y que, independientemente de lo sufrido, el cáncer le ha ayudado a "valorar lo importante". "Cosas que antes te preocupaban ahora ves que son una tontería. El cáncer es un cambio muy grande y te hace darte cuenta de muchas cosas, como lo valioso que es que mi pareja y mi hija hayan pasado la enfermedad conmigo. Eso sí es vital".

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