Sara Poza Soler, taxista

"Siempre me preguntan si la licencia de taxi es heredada o de mi marido"

Con 34 años, Sara Poza se convirtió en una de las taxistas más jóvenes de Pontevedra. Cuatro años después de haber conseguido su licencia, la número 66, hace balance de los pros y contras de su profesión y lamenta que este sector esté infravalorado por la sociedad
La taxista pontevedresa Sara Poza Soler. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
photo_camera La taxista pontevedresa Sara Poza Soler. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

¿Hace cuánto y por qué decidió comenzar a trabajar como taxista en Pontevedra?
Empecé en el mundo del taxi hace cuatro años y fue un cambio un poco loco. La verdad es que nunca tuve un porqué sólido. No soy hija de un taxista ni tampoco familiar de ninguno. Yo llevaba 14 años trabajando en otra empresa distinta a este sector y me di cuenta que había llegado a mi límite y que ya no me apetecía seguir haciendo lo mismo. Había pasado a ser jefa de zona en esa empresa y tenía tiendas desperdigadas por toda Galicia. Un día hablando con un conocido que tengo que era taxista, surgió la conversación de que había una licencia de taxi disponible en Pontevedra. Al principio dije que no porque al final tienes que meterte en una inversión importante y me daba miedo que no fuese a salir bien, pero esa fue una reflexión que me duró dos días y finalmente decidí arriesgarme. En la empresa en la que estaba trataba mucho con personas y también estaba mucho tiempo en la carretera, porque además siempre me gustó muchísimo conducir. Y la verdad que ahora que ha pasado el tiempo, si lo llego a saber, lo hubiese hecho antes. Me encanta lo que hago.

La taxista pontevedresa Sara Poza Soler. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
JAVIER CERVERA-MERCADILLO

¿Qué es lo que más le gusta de su profesión?
Lo primero el trato con la gente. A mí me encanta hablar, a veces hablo demasiado, y conocer las historias personales de los clientes es genial. Es una parte que yo antes, como clienta esporádica del taxi nunca había valorado, pero la verdad es que con la gente con la que tratas a diario acabas convirtiendo sus historias en tuyas.

Este es un sector masculinizado. ¿Tuvo algún problema al principio por ser mujer?
Para nada. La verdad es que desde el principio me trató todo el mundo súper bien. Sí que es cierto que en alguna ocasión, cuando llevas a algún cliente, siempre cae la pregunta de si la licencia es heredada de mi padre o si es de mi marido, pero yo siempre dejo claro que no, que soy la pionera de la familia en este sector. También me pasa habitualmente que cuando cojo a algún cliente que no tiene muy buena pinta, al rato siempre hay algún compañero que te llama para preguntarte si ha ido todo bien. Incluso compañeros con los que no tengo tanta confianza. En ese sentido, siempre me he sentido arropada.

¿Hay alguna anécdota que guarda con cariño?
Tengo anécdotas como para escribir un libro pero las que valen la pena son las buenas. Una de las que siempre recuerdo es una que me pasó cuando estaba empezando. Un cliente muy mayor se dejó las gafas de sol en el taxi y yo no sabía cómo hacer para devolvérselas. Al rato me llamaron de la central para que cuando pudiera se las llevase, así que quedé rápidamente con el señor y se las devolví. Él me dio las gracias y me dijo que desde ese momento, siempre me llamaría a mí cuando necesitase un taxi. Siempre que me veía me preguntaba por cómo me iba todo, por mi marido... Un día, yo salía del ginecólogo porque me acababa de quedar embarazada y me tocó llevarlo a él. Hablando en el camino me preguntó qué tal todo y le conté que me acababa de enterar que estaba embarazada. Desde entonces, siempre cuenta que fue el primer hombre que lo supo. Esta es una prueba de que el vínculo que generamos con los clientes es la leche.

"La ciudadanía no se da cuenta de lo importante que somos los taxistas hasta que necesitan uno"

¿Y ha habido alguna experiencia negativa?
Me acuerdo de un viernes, a las 6.30 horas, que me tocó ir a la parada de la Alameda y, como yo no suelo trabajar de noche, no tengo la costumbre de tener las puertas cerradas. Un chico que estaba en la parada y que estaba muy perjudicado se subió al taxi y yo le pedí que bajase porque al final nosotros no tenemos la obligación de llevar a alguien ni que está muy sucio ni que está en estado de embriaguez. Él se encaró y me dijo que tenía que llevarle. Yo le dije que o bajaba él o bajaba yo. Al final terminé abriendo la puerta y bajando, y aunque no tuve que llamar a la Policía porque rápidamente se fue, ahí me di cuenta que lo importante era mi integridad, que me daba igual que se llevase el coche o lo que quisiera.

¿Cree que este sector está infravalorado?
Sin duda, hay gente que es taxista únicamente porque le gusta conducir pero yo siempre ayudo en todo lo que pueda porque realmente creo que con el servicio de taxis en muchas ocasiones ayudamos a la gente. Bien sea llevando a alguien al hospital, a alguien que pierde un tren y es un viaje importante y hay que llevarlo hasta Vigo para que se suba a la siguiente parada... Empatizamos y vivimos sus historias como si fueran nuestras. La ciudadanía no se da cuenta de lo importante que somos los taxistas hasta que necesitan uno.

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