"No son hijos comprados"

Un matrimonio pontevedrés con dos hijas nacidas por subrogación cuenta su experiencia y aboga por la regulación de esta técnica reproductiva
Ramón y su marido, que también se llama Ramón, con sus dos hijas. DP
photo_camera Ramón y su marido, que también se llama Ramón, con sus dos hijas. DP

Desde que salió a la luz la noticia de que Ana Obregón había sido madre (biológicamente abuela) de una niña nacida en Miami (Estados Unidos) por gestación subrogada, la tormenta mediática no cesa y el debate político y social sobre esta técnica de reproducción asistida, que en España no es legal, está más encarnizado que nunca. Un debate al que no son ajenas las familias que han recurrido a este método para ser padres. "El otro día tuve que apagar la tele", asegura con hartazgo Ramón, un pontevedrés que, junto a su marido, que también se llama Ramón (a partir de ahora Ramón B.), es padre de dos niñas mellizas nacidas hace diez años, también en Estados Unidos, por subrogación, una práctica a la que, según asociaciones de padres que la han utilizado, recurren cada año más de mil familias españolas, ya que sí se permite el registro de hijos nacidos por este procedimiento en otros países.

Expresiones como bebés comprados, vientres de alquiler o mujeres vasija caen a diario como un jarro de agua fría sobre este matrimonio pontevedrés, que ya está viendo como la sombra de la preocupación ronda a sus hijas. "Son barbaridades. El término comprar me parece una auténtica atrocidad que al final va a repercutir en estos menores. Se está vulnerando su derecho al honor y eso no puede quedar impune –afirma Ramón–. Yo no entiendo el debate, parece del siglo pasado. Estamos hablando de una simple técnica de reproducción asistida. Si no nos quieren respetar a nosotros como ciudadanos por haber recurrido a ella o no quieren respetar las leyes de otros países como Ucrania, México o, en nuestro caso, EE. UU., donde realizan está técnica desde los años 80, allá cada uno con su ética y su cultura, pero aquí estamos hablando de los menores. No es un chiste". "Es ignorancia y mala uva, en muchos casos para hacer daño –interviene su marido–. Nosotros no compramos nada, nosotros hicimos un proceso de gestación subrogada. Son las propias mujeres las que deciden voluntariamente y están mentalizadas de que están haciendo una labor social", recalca.

En el caso de esta pareja, que se casó en 2006 ("fuimos de los primeros de Pontevedra") aunque suma ya 25 años de relación, tener hijos siempre formó parte de su proyecto de vida. En un primer momento pensaron en la adopción, de hecho, Ramón B. estuvo diez años en las listas. "Nunca me llamaron y sabía que al casarme sería imposible", comenta. La opción de la gestación subrogada cobró fuerza cuando conocieron de primera mano la experiencia de un médico valenciano. "Entonces (2010 aproximadamente) aún había mucho desconocimiento, pero cuando vimos la realidad del embarazo de esta persona, médico además, comprobamos que era algo real y decidimos que lo íbamos a hacer", cuenta Ramón. "Nosotros (las parejas homosexuales) somos la cabeza visible de esta técnica, pero la mayoría son parejas heterosexuales y acuden a esta vía por su incapacidad médica para tener sus hijos de forma natural", aclara.

"Se dicen barbaridades que están vulnerando el derecho al honor de los menores"

El matrimonio siguió el camino trazado por el médico valenciano, por lo que, aseguran, el proceso fue "sencillo". "Lo hicimos a través de una agencia de EE. UU. que también tiene presencia en Madrid", señalan. El primer paso fue conseguir un óvulo, cuya donante localizaron a través de "un book" que les facilitó la agencia. El esperma lo aportaron ellos, que tuvieron que trasladarse al país norteamericano para realizar la donación, ya que desde España no se puede mover material genético a otros países con fines reproductivos. "Si nuestro material genético no fuera válido también tendríamos que utilizarlo donado. Nada que no se haga aquí, en clínicas de fertilidad de Vigo o A Coruña, tanto con óvulos como con esperma", recalca Ramón.

Por último, había que encontrar a la gestante, que, insisten, "al contrario de lo que piensa el 99% de la gente, no comparte carga genética con los niños". Además, es ella la que elige a la familia cuyo hijo o hijos va a llevar en su vientre durante nueve meses. "Nosotros tuvimos que hacer un book como pareja y presentárselo a la agencia. Luego, las candidatas a ser gestantes, que previamente fueron evaluadas física y psicológicamente, ven los books de las familias, se hacen entrevistas con videollamadas y ellas deciden", precisa Ramón B.

Embarazo y parto

En su caso, fueron elegidos por una primera candidata en 2011, pero las consecuencias de un huracán llevaron a la mujer a paralizar el proceso. En una segunda ocasión, fue un imprevisto familiar de la candidata a gestante lo que impidió que prosperase. Finalmente, en 2012, fueron elegidos por una tercera candidata, "casada, con doce hijos y propietaria de una cadena de restaurantes en el centro de EE. UU., que quería ayudar a una familia que no pudiera tener hijos a que fuera feliz" y, esta vez, el proceso sí pudo llevarse a cabo con éxito. Así, le fueron implantados tres embriones ("lo habitual"), de los que dos salieron adelante, y el 14 de febrero de 2013, en Ringgold, un pueblo del estado de Georgia próximo a Tennessee, vinieron al mundo sus pequeñas.

"El embarazo fue bien. Fuimos a verla una vez y estuvimos en contacto con ella los nueve meses (aún hoy lo están). Tres días antes del parto ya estábamos allí y lo vivimos con muchos nervios. El marido era el que nos relajaba y nos decía don't worry, don't worry (nos os preocupéis). No teníamos conocimientos de puericultura y yo estaba agobiadísimo, pero en el momento que te ponen el bebé lleno de sangre en tus brazos interviene la madre naturaleza", recuerda Ramón con emoción. Y, en ese mismo momento en el que pudieron abrazar a sus hijas, la gestante desapareció. "A mí me pareció una parte fría, pero en EE. UU. es así. Mi primera preocupación fue por ella, pero te dicen que había terminado su gestión", explica. "A ella la llevaron a la planta de cirugía interna y nosotros nos quedamos en la de maternidad", apunta Ramón B.

No obstante, finalmente su insistencia dio sus frutos y pudieron ir a verla. "Bajamos, le presentamos a las niñas y le dijimos que volveríamos al día siguiente, pero al día siguiente ya no estaba. Nos dijeron que le habían dado el alta y en ese momento me saltó en el móvil un mensajito de ella: Ya estoy en casa. Tenéis unas hijas preciosísimas. Que os vaya bien, disfrutadlas", recuerda Ramón B.

"Es un proceso muy riguroso en el que todo está muy regulado –destaca Ramón–. Se hacen dos juicios: el pre-birth, antes de la implantación del embrión, y el post-birth, después del nacimiento. En el prebirth ella firma que, libremente, dentro de su cuerpo, va a llevar nuestro embrión durante nueve meses y jura en un juicio con la bandera de EE. UU. y ante la Biblia que va a tener la máxima responsabilidad de llevar nuestro hijo porque nosotros somos los padres de intención. Nosotros también tenemos que jurarlo y en el postbirth se ratifica el juramento".

Una vez cumplido con este requisito en Atlanta, capital del estado de Georgia, el matrimonio decidió alquilar un coche y recorrer casi 2.000 kilómetros para trasladarse a Miami y pasar allí el tiempo necesario hasta que las niñas pudiesen viajar a España. "El pueblo donde nacieron era pleno desierto. La gente iba con pistolas en la cintura y teníamos muchos problemas de comunicación a causa del idioma. Además las niñas nacieron con ictericia y poco peso y yo necesitaba comunicarme en español. En Miami, donde todo el mundo lo habla, buscamos un pediatra y estuvimos un mes del pediatra al hotel y del hotel al pediatra. Y, de paso, aprovechamos para registrarlas en el consulado", relata Ramón.

"Las mujeres quieren realizar una labor social y lo deciden de forma voluntaria"

Aunque iban mentalizados de que este trámite podía entrañar dificultades, no las tuvieron. "El gran problema que había hace diez años es que había consulados que te cerraban la puerta y otros que te tramitaban la documentación. Era algo aleatorio. Nosotros íbamos preparados para ese momento, pero en el consulado de Miami fueron encantadores", comenta Ramón B. "Fue emocionante llegar allí y ver la bandera de España y eso que yo no soy nada patriótico –rememora su marido–. Las niñas ya tenían pasaporte norteamericano y podían venir a España o a cualquier parte del mundo, pero yo necesitaba el papel español. Aunque no me hacía falta para nada, me hacía falta para mí", apostilla.

Una vez lo tuvieron, el siguiente paso fue regresar a España. "Yo ya quería volver a casa", confiesa Ramón. Y en su casa, en Pontevedra, los cuatro comenzaron una vida "normal y como la de cualquiera". "No encuentro que las niñas tengan una vida diferente a la de cualquier compañero de su cole, más allá de la peculiaridad de tener a dos papás, que también lo viven con naturalidad, pero ese es otro tema. En lo que respecta a la gestación subrogada, más allá de la sorpresa inicial y del típico morbo al principio de a quién se parece, aquí no tuvimos ningún problema. Mis hijas conocen su historia. Aparte las llevamos habitualmente a la asociación Son Nuestros Hijos para que lo visibilicen y que lo vean con normalidad", indica Ramón.

Ante la crispación actual, su marido aboga por la legalización: "Hay que legislar y poner unas pautas. Si está legislado, las mujeres tienen unos derechos y unas obligaciones que cumplir. Si en España fuera legal no tendríamos que recurrir a EE. UU., ni a Ucrania...". "Yo también creo que tendrían que contemplar estas técnicas para países tan envejecidos como España –concluye Ramón–. Estamos en 2023, la sociedad cambia. Habiendo legalidad y acuerdo por ambas partes, yo no entiendo el debate".

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