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Talavante y Morante de la Puebla salen a hombros de la Plaza de Pontevedra

El diestro Alejandro Talavante ofreció un despliegue de maestría y señorío

El diestro Alejandro Talavante ofreció este domingo una grandísima tarde de toros en Pontevedra, donde cortó solo dos apéndices, que pudieron ser cuatro si el presidente no se erige en aciago protagonista de la función, y salió junto a Morante de la Puebla, que logró una orejita de cada uno de su lote.

Y es que lo de Talavante es caso aparte. No se entiende cómo puede estar toreando tan poco este año. Se habla de vetos. Y debe ser la explicación porque está en un momento de dulce, de ésos en los que no debería haber una feria en la que no estuviera anunciado. Pero éstas, las cosas del toreo...

La faena a su manejable y blandito primero fue fantasía pura. Variedad con el capote y majestuosidad en el último tercio, donde brilló sobremanera en el toreo a derechas, en tandas de muletazos largos, ligados y a cámara lenta. Especialmente buenos fueron también los remates entre series, los de pecho, la trinchera, el cambio de mano o la arrucina.

Contundente con la espada le pidieron con fuerza las dos orejas, mas el palco decidió dejar el premio en singular. Y otra vez la presidencia dio la nota tras la muerte del quinto, negándole nuevamente la segunda oreja tras otra labor de altos vueltos ante un toro igual que el anterior.

El extremeño toreó de maravilla sobre ambas manos, muy ajustado, muy templado, muy de verdad, e imprimiendo también fantasía para sorprender al personal al finalizar cada tanda. La plaza era un polvorín, más todavía cuando vio rodar al animalito tras una media en buen sitio.

Otra vez hubo petición de dos orejas. El usía le negó la segunda. No se explica. Igual que en su primero tuvo que dar dos vueltas al ruedo por petición de una tendidos que abroncaron al mandamás de la plaza por su tremenda cicatería.

Morante de la Puebla cortó una oreja de cada en todo de su lote, los dos de idéntica condición, es decir, nobles, dóciles, justitos de fuerza, bajos también de raza, de esos toros facilones a los que el sevillano toreó con mucha suavidad, gustándose, con torería en los adornos y remates... con ese especial duende que posee.

Fueron dos labores bonitas, tanto con el capote como con la muleta, y rematadas de forma oportuna con los aceros. Cayetano, que tuvo que abreviar con el rajado tercero, logró un apéndice del noblote sexto, al que cuajó una enrazada faena, en la que brotaron muletazos de muy buen aire por los dos pitones.

Talavante y Morante de la Puebla salen a hombros de la Plaza de...
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