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De taxista a sicario, por venganza

El apodo de 'El Pulpo' se lo ganó en el patio del colegio por su destreza al mover los brazos casa vez que se enzarzaba en una pelea. ADP
El apodo de 'El Pulpo' se lo ganó en el patio del colegio por su destreza al mover los brazos casa vez que se enzarzaba en una pelea. ADP
Pendenciero, arrogante, orgulloso... y vengativo. Fue, precisamente, su querencia al 'ojo por ojo' lo que llevó a José Manuel Rodríguez Lamas 'El Pulpo' a protagonizar la mayor matanza perpetrada en la comarca pontevedresa. En un ajuste de cuentas, hace justo 23 años, asesinó a tiros a cuatro personas y dejó malherida a una quinta

Gatillo fácil, sed de venganza, sobredosis de arrestos y estar en el lugar equivocado en el momento más inoportuno. Un cóctel demasiado explosivo que Tarantino firmaría para una película de pistoleros, pero que fue una cruda realidad en la madrugada del 27 de enero de 1997 en el Hostal La Ría (Vilaboa), donde cuatro personas fueron asesinadas y una quinta quedó gravemente herida.

El autor de aquella matanza, José Manuel Rodríguez Lamas El Pulpo, cumple actualmente una condena de 125 años; su encubridor, Carlos Ramos Prado, acabó apuñalado en prisión; un testigo, Marcial Magdalena, salvó la vida porque se escondió en un armario; y José Alberto Piñeiro Rodríguez recibió un disparo que le atravesó el cráneo. No lo mató, pero le dejó graves secuelas.

Peor suerte corrieron el pontevedrés Roberto Iglesias Domínguez, el cuntiense Jesús Joaquín Brea Blanco, la marinense María de las Mercedes Castaño de la Fuente y Eugenio Riobó Viruel. Todos fallecieron al instante, tiroteados sin tener siquiera la oportunidad de defenderse.

LOS PRECEDENTES

El crimen fue tremendamente mediático. Todos los medios nacionales se hicieron eco del mismo, pues no en vano era (y sigue siendo) la mayor matanza perpetrada en la comarca pontevedresa.

Pero, ¿por qué esa sed de sangre? Para encontrar la explicación hay que retrotraerse unos años atrás, cuando José Manuel Rodríguez Lamas era un adolescente y ya empezaba a coquetear con la delincuencia y las drogas. Aquel hijo único traía por la calle de la amargura a su acomodada familia hasta acabar convirtiéndose en cliente habitual de la Policía: robos de coches, atracos a punta de pistola... su historial delictivo crecía de forma paralela a su adicción a la heroína.

Su padre, en un intento desesperado por sacarlo de ese mundo marginal, pagó 10 millones de pesetas y le compró una licencia de taxi en Vigo. Jose (como le conocían en casa) respondió al regalo con un cambio en su conducta; incluso se echó novia –a la que conoció en la aldea durante los veranos– y acabó casándose con ella, con la intención de empezar una nueva vida juntos. Fue seis meses antes de la matanza de Vilaboa.

Según explicaron fuentes de su entorno a la Policía, Jose era un marido cariñoso, un hombre de su casa, pero el taxi acabó convirtiéndose en una tapadera, y para sus amigos seguía siendo El Pulpo. Roberto Iglesias era uno de los más próximos.

EL DETONANTE

Pero todo estalló a finales de 1996. Cierto día, Roberto encañonó a su colega para reclamarle 90.000 pesetas. Este se las dio, pero juró que en su próximo encuentro saldaría la afrenta con muerte.

El Pulpo sabía que su amigo solía ir a comprar droga al Hostal La Ría, en Vilaboa; a una habitación alquilada desde hacía medio año por Jesús Brea (Suso) y Mercedes Castaño (Merchy), donde el continuo tránsito de yonquis había despertado las iras del vecindario, pero los registros policiales nunca llegaron a encontrar nada.

Así que, armado con una pistola y un silenciador, allí acudió el domingo 26 de enero de 1997 para hacerle la espera a Roberto. Durante las tres horas de guardia, su amigo Carlos Ramos intentó evitar que consumara la venganza, pero en cuanto el pontevedrés entró por la ventana de la habitación (como solía hacer cada vez que iba a pillar), el verdugo le descerrajó dos disparos, acabando en el acto con su vida.

INVOLUCRÓ A LOS TESTIGOS

Suso y Merchy tenían gran cantidad de clientes, lo que explica que en aquella habitación de La Ría hubiesen coincidido varios testigos incómodos. Rodríguez Lamas quiso involucrarlos en el asesinato y obligó a Suso y a Manuel Pazos Torres (el chico que había acompañado a Roberto hasta el hostal) a clavarle varias puñaladas al cadáver. Otro de los presentes, Marcial Magdalena, se encargó de embalar el cuerpo y hacerlo desaparecer.

Pero a El Pulpo no le pareció suficiente implicación y en la madrugada del lunes 27 decidió cortar por lo sano cualquier posible chivatazo. Le puso el silenciador a su arma y empezó por Suso, de 32 años, cuyo cadáver apareció sobre la cama; Merchy, de 29 años, intentó huir y acabó tiroteada junto a una puerta corredera; y Eugenio Riobó, de 31 años, que tan solo había acudido a por su dosis diaria de droga, acabó también con un disparo en la cabeza. Sus cadáveres fueron descubiertos el lunes por una pareja de consumidores.

Allí estaba también Alberto Piñeiro, de 26 años, con un disparo que le atravesó el cráneo y a quien El Pulpo dio por muerto, pero milagrosamente pudo salvar su vida, aunque con gravísimas secuelas. Marcial Magdalena, por su parte, se libró de la matanza al decidir esconderse en un armario.

LA CAPTURA Y LA REVELACIÓN

Rodríguez Lamas fue interceptado dos semanas después por la Policía en el barrio vigués de Cabral. Al verse descubierto, sacó dos pistolas, se parapetó tras su coche e inició un tiroteo en el que hirió a un agente en un glúteo mientras gritaba "¡Matadme, matadme!". Solo se entregó cuando, acorralado, se quedó sin balas.

Ya condenado, El Pulpo siempre se negó a desvelar dónde había escondido el cadáver de Roberto Iglesias. Llegó a pedir dinero a una conocida revista por hacerlo, pero el trato no cuajó.

Sorprendentemente, ocho años después de la matanza y tal vez movido por el remordimiento, llamó al mismo policía que le detuvo y le indicó el lugar al que había lanzado el cuerpo del joven: un pozo de Ponteareas. Allí aparecieron los restos de la primera víctima del cuádruple crimen.

El amigo de El Pulpo y encubridor, Carlos Ramos, murió en 1998 apuñalado en prisión a manos de Fernando Rey. Se dijo que fue un encargo para cerrar bocas.

Pillado con drogas. Cambio de prisión y sin permisos penitenciarios
El Pulpo fue condenado por la Audiencia Provincial a cumplir 125 años de prisión por el cuádruple asesinato del hostal La Ría, pero el Código Penal contempla que solo puede estar entre rejas un máximo de 25 años. Fiscalía había solicitado, con éxito, que cualquier posible beneficio penitenciario se aplicase sobre el total de la condena para, de esta forma, garantizar que Rodríguez Lamas no saliese de la cárcel antes de 2022.

Una vez cumplida esta condena, tendrá que asumir otra de dos años de prisión por un delito de lesiones ocurrido en Asturias, con lo que no volverá a ser libre hasta 2024, cuando tenga 57 años.

De prisión en prisión
Durante los 23 años que lleva en presidio, Rodríguez Lamas ha recorrido varios penales españoles, aunque la mayor parte del tiempo ha estado recluido en el de A Lama.

Fuentes penitenciarias revelan que su comportamiento en este tiempo ha sido «relativamente bueno, sin montar follones importantes», lo que le ha permitido disfrutar del segundo grado, al que se opta una vez cumplida un cuarto de la condena y que le ha reportado permisos esporádicos de varios días de duración.

Aunque no ha trascendido el destino exacto de sus estancias fuera de prisión, algunos testigos afirmaron haberlo visto por la ciudad de Vigo y sus alrededores.

Con drogas
Las mismas fuentes agregaron que, hasta la fecha, El Pulpo había acatado escrupulosamente las férreas condiciones que el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria establece para que estos beneficios se puedan continuar aplicando.

Sin embargo, todo se truncó el pasado miércoles. El protocolario cacheo descubrió una conexión de Rodríguez Lamas con las drogas, lo que provocó la inmediata suspensión de los permisos y su traslado al penal de Teixeiro, donde se encuentra.

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