"Tengo claro que tarde o temprano, debido a la situación, tendré que cerrar"

Ganarse la vida en el casco histórico ▶ Los comerciantes que resisten a las adversidades económicas y sociales en la zona vieja de la ciudad reivindican el protagonismo de los negocios de barrio y proponen ideas a la Administración para poder mejorar su situación actual e incentivar la creación de nuevos negocios
Un local de la zona vieja abierto en contraposición de varios con la verja echada.
photo_camera Un local de la zona vieja abierto en contraposición de varios con la verja echada. GONZALO GARCÍA

El propietario de la Relojería Tempus admite su preocupación por el actual escenario económico: "Entre todos los gastos que hay, tengo claro que tarde o temprano, tendré que echar el cierre". Un presagio que, lejos de ser aislado, es cada vez más frecuente en la ciudad del Lérez. Basta un paseo por el casco antiguo para comprobar que ya no son tantos los locales que levantan sus verjas cada mañana para atender a los clientes como hacían antaño.

Los precios de los alquileres son cada vez más elevados y la transformación del bajo comercial en apartamentos turísticos está debilitando directamente al comercio local.

Debido a todas estas adversidades, Xenxo, dueño de HerbaMeiga comenta "el precio de los locales es muy elevado, parece que están esperando a que nadie se lo alquile para tener una excusa para hacer un apartamento turístico", incluso negocios históricos como la Ferretería Gallega con más de 75 años en activo, nos muestran su preocupación, "De momento sobrevivimos, pero la cosa no está nada fácil", apunta Benito que pertenece a la segunda generación familiar del negocio.

Por ello, si la dificultad para mantener un negocio histórico es compleja debido a esta situación, para las personas que quieren dar el paso a abrir un nuevo local, es casi insostenible.

La complejidad para encontrar un alquiler en buenas condiciones a un precio asequible es realmente difícil en la zona vieja de la ciudad.

Además del alto precio del alquiler, hay que sumar el auge de la conversión de bajos comerciales en apartamentos turísticos, lo que está afectando de dos formas a los pequeños comercios de la zona vieja.

En primer lugar, a los propietarios les interesa más convertir estos bajos para poder obtener mayor rentabilidad por sus locales, dejando así de ofrecer sus propiedades a los comerciantes. Las quejas de estos no se han hecho esperar, "habilitar los bajos para apartamentos turísticos, está matando aún más el comercio local" comenta Fatis propietaria de Artesania Luar. Además, un gran número reivindican un endurecimiento de las leyes en este aspecto para poder regularizar este tipo de proyectos.

Por otra parte, este aumento de propiedades para el turismo está desplazando a las personas de la zona vieja a otras partes de la ciudad, lo que supone que los compradores reales y más recurrentes de los pequeños comercios se vean alejados. Aunque los viajeros ayuden en ciertas épocas del año en las ventas, los que realmente sostienen un negocio son los ciudadanos de a pie.

Otro gran problema para los comerciantes en la zona vieja son las llamadas 'horas muertas' que apunta Pedro, propietario de la Relojería Tempus, "las horas muertas se notan mucho, estas calles empiezan a funcionar sobre las 11:30h - 12:00 de la mañana, además, las tardes son complicadas y en verano mucho más".

                      Un local de la zona vieja abierto en contraposición de varios con la verja echada.
Laura Carrasco de la Librería Cao. GONZALO GARCÍA

Explicación. Esta peculiaridad viene en gran medida determinada por la dominancia de la hostelería en todo el casco histórico, al que se acercan los clientes uando los bares y restaurantes abren sus puertas, como menciona Laura Carrasco, de Librería Cao. "La zona antigua antes era mucho más comercial, ahora la hostelería es el principal motor, de ahí los horarios que comentaba antes, ya que la gente baja más tarde y se queda hasta más tarde".

Si todas estas adversidades no eran suficientes, en ciertas ocasiones, los comerciantes tienen que luchar, aún más, contra otros inconvenientes. Jose, fundador de PlayGround desde hace más de dos décadas reivindica que lleva tiempo luchando por una obra que impide la visión hacia su calle, "llevamos años con una obra en la plaza de la herrería que está paralizando nuestra calle San Román".

Pese a todas las piedras en el camino que deben superar día a día, son muchos los comerciantes que deciden seguir resistiendo y apostando por un negocio local, cercano y humano poniendo en valor la función que llevan desempeñando tanto para la zona vieja de la ciudad como para las personas.

Propuestas imaginativas

"La Deputación o el Concello deberían estudiar acuerdos con empresas de mensajería local para poder acercar de forma gratuita o muy económica los productos a las casas de los consumidores en ciertos días, ya que por ejemplo, cuando llueve, nadie camina por el casco viejo", propone Laura Carrasco, de la Librería Cao, para poder luchar contra las adversidades climáticas que en ciertas ocasiones repercuten en su negocio. Ella misma lo define como, "Poder tener el mismo contacto con tu comercio tradicional pero sin necesidad de salir a la calle".

Xenxo, dueño de HerbaMeiga, piensa que el problema hay que solucionarlo de raíz "hay que crear incentivos para rehabilitar los edificios del casco vello y que más gente acuda a vivir".

Hay quien cree también en fomentar que las personas se desplacen a la zona vieja gracias a diferentes actividades organizadas desde la Administración, "Llevar a cabo fiestas o eventos que fomenten a la gente a acercarse a la zona vieja de la ciudad". Anota Pedro, de Relojería Tempus.

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