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Tiendas de casa con alma de barrio

Sonia Miñán, propietaria de la frutería Sonia. RAFA FARIÑA
Sonia Miñán, propietaria de la frutería Sonia. RAFA FARIÑA
Las tiendas que están al lado de la puerta de casa se aferran a una fórmula que les está resultando muy eficaz para perdurar y resistir a la competencia de las grandes superficies: el servicio cercano, amable y agradable que dispensan a su clientela

Cada vez son menos y las que han logrado sobrevivir al paso del tiempo ha sido porque han sabido evolucionar y adaptarse a los gustos de la clientela. Las tiendas de barrio de Pontevedra son conscientes de que su mejor baza consiste en ofrecer un servicio cercano, amable y agradable y disponer de productos diferentes a los que se pueden encontrar en las grandes superficies.

Las diferencias entre el pequeño y gran comercio cada vez son más claras. Mientras las grandes marcas cuentan con más recursos para potenciar su imagen y contar con más productos, las pequeñas cuentan con la baza de la cercanía y confianza que para muchos clientes todavía es un argumento de peso para seguir acudiendo a estos negocios. De hecho, también tienen como plan b ir a la tienda que está al lado de casa a buscar un artículo que necesitan de forma puntual, como una botella de vino, un kilo de azúcar, un cartón de leche, una botella de aceite o una barra de pan.

Pequeños negocios de alimentación están vendiendo a precio de coste para ayudar a familias en esta crisis económica

Con el estallido de la pandemia, las limitaciones en la actividad hostelera y el miedo a las concentraciones que puedan suponer un riesgo de contagio ha aumentado el consumo en los domicilios. En general esto ha beneficiado a la facturación de los pequeños negocios de alimentación de toda la vida situados en zonas a las que los supermercados todavía no han llegado, sobre todo en el centro histórico y en barrios en expansión como A Parda o el último tramo de Eduardo Pondal.

La crisis económica derivada de la sanitaria ha hecho que las tiendas de barrio estén empatizando más que nunca con clientes que están pasándolo mal al no poseer la misma capacidad económica que antes de la pandemia. "Conozco a dos matrimonios que se dedican al sector de la hostelería y que no tienen dinero para comprar como antes. Por eso les estoy vendiendo los productos al precio de coste", señala Sonia Miñán, propietaria de una frutería situada en el barrio de San Antoniño.

La mayoría de los pequeños negocios de barrio es consciente de la necesidad de saber adaptarse a cada momento. Están convencidos de que internet dejará a algunos establecimientos en la cuneta y que, por el contrario, para otros comercios será el trampolín que les permitirá consolidarse. "Tenemos que ofrecer alicientes para que vea que el comercio de proximidad es mucho mejor que el de la venta online", subraya Roberto Juncal, propietario de Alimentación Juncal.

Muchas tiendas de toda la vida están situadas en zonas donde no hay grandes cadenas: barrios en expansión y casco antiguo

EL CISNE. La relación de tiendas de barrio de la ciudad, que cada vez es más corta, sufrirá una baja importante en los próximos días. El Cisne, uno de los ultramarinos más emblemáticos de la Boa Vila, tiene previsto cerrar sus puertas, al parecer por motivos ajenos a su voluntad. Sus propietarios no han querido explicar a Diario de Pontevedra la razón por la que cesará la actividad comercial que este negocio, situado en el número 15 de la calle Isabel II, ha venido desarrollando desde hace 80 años, en concreto desde 1941.

El Cisne, el negocio dirigido por la tercera generación de la familia Pérez, está especializado en la venta de productos a granel de alta calidad. Con el cierre de este negocio también se va uno de los establecimientos más representativos y con historia de la zona monumental y de la ciudad en general. 


Roberto Juncal: "El aumento del consumo doméstico por la pandemia nos ha beneficiado mucho"

Alimentación Juncal no es un supermercado de barrio al uso. Lo que empezó como un pequeño ultramarinos en el local situado enfrente del actual (en el número 9 de la calle Peregrina) es hoy una tienda gourmet de las pocas que hay en Pontevedra. "Somos un negocio de alimentación que está resistiendo en estos tiempos de pandemia. Aunque en los momentos más duros de confinamiento hubo una caída importante de las ventas, al estarnos permitido seguir trabajando (como actividad esencial) fuimos unos privilegiados con respecto a otros negocios que tuvieron que permanecer con la puerta cerrada", explica Roberto Juncal, de la tercera generación de la familia.

RAFA Alimentacion Juncal (en la Peregrina). Roberto Juncal en la tienda para reportaje de tiendas de barrioA medida que las restricciones impuestas por la crisis sanitaria de la covid-19 se fueron suavizando, Alimentación Juncal fue recuperando su nivel normal de facturación con un verano que, según Roberto, "fue muy bueno en cuanto a las ventas" porque "con un aforo muy reducido en la hostelería y el riesgo de que las aglomeraciones puedan originar contagios el consumo doméstico aumentó de forma considerable".

Roberto asegura que la clave de la supervivencia de su negocio ha sido haber sabido adaptarse al mercado y estar en "continuo cambio", y eso implica "constante búsqueda de nuevos productos y mucha agilidad para dar satisfacción al cliente".

"Nuestra filosofía de negocio familiar nos lleva a conocer a fondo a nuestros proveedores y apostar por proyectos pequeños con productos auténticos y de la máxima calidad", subraya el gerente de Alimentación Juncal.

Considera que "aún está por llegar lo peor" de la crisis económica derivada de la pandemia, por lo que "cuando recuperemos una cierta normalidad tendremos que adaptarnos, ajustar precios y buscar productos que encajen en todos los bolsillos. La calidad no tiene por que resultar cara", apostilla Roberto.


Sindo Esperón: "Mi negocio ha crecido en paralelo con A Parda gracias a los vecinos del barrio"

Carnicería, frutería, charcutería y alimentación en general. Todo esto es lo que ofrece el Supermercado La Abundancia, que viene atendiendo al barrio de A Parda desde hace 21 años. En concreto, el establecimiento abrió sus puertas el 3 de enero de 2000.

"Comencé con una pequeña carnicería y algo de fruta. Por entonces la zona de Juan Carlos I (en la actualidad avenida de Virxinia Pereira) estaba creciendo y me fui ganando la confianza de la gente del barrio", recuerda Sindo Esperón, propietario del establecimiento cuyo abanico de productos fue aumentando en base a las sugerencias que le iba formulando su clientela.

DAVID Durante la mañana. Sindo en su tienda de La Abundancia (al final de Juan Carlos I), jueves, 4 mar · 12:00–13:00"¿La clave de que el negocio vaya bien después de 21 años? La atención, el cariño y el trato cercano que dispensamos a las personas que día a día entran en el local. Siempre estamos dispuestos a asesorarles para que adquieran los productos que necesitan en su bolsa de la compra", destaca Sindo. "Cuento con una clientela fiel a la que tengo que agradecer la oportunidad que me han dado para que mi negocio haya crecido en paralelo con el barrio".

El Supermercado La Abundancia tiene "de todo", precisa Sindo. "Son productos necesarios del día a día" cuya venta se ha incrementado con la pandemia del coronavirus. "Hemos superado las expectativas iniciales porque la gente, para evitar contagiarse, decidió abastecer su despensa pasar más tiempo en casa. Incluso hemos ganado algunos clientes nuevos".

El propietario de La Abundancia señala que las expectativas de negocio "son buenas, con una evolución que siempre tendrá en cuenta mantener su carácter de tienda de barrio del día a día".


Diego Lores: "Para nosotros, los hosteleros de la zona monumental son nuestros principales clientes"

Supermercado Diego Lores nació como un ultramarinos en 1930. Situado en pleno casco antiguo de Pontevedra, el negocio está ahora dirigido por la cuarta generación de la familia.

Ubicado en la calle Isabel II, el establecimiento estuvo originariamente en un pequeño local que en su día había sido usado como cuadra de caballos. Con el paso del tiempo el ultramarinos fue evolucionando y adaptándose al mercado para transformarse en un supermercado.

REPOR 4Con la llegada de las grandes superficies el negocio familiar se resintió, como todas las tiendas de las mismas características. "Fue una lucha difícil en la que conseguimos salir adelante, intentando enfocar nuestra actividad en la hostelería", señalan los propietarios del establecimiento.

En la actualidad los mayores clientes del Supermercado Diego Lores son los bares y restaurantes del centro histórico. Buena parte de su volumen de negocio procede del abastecimiento diario a los locales hosteleros del entorno.

El cierre de la hostelería por la pandemia ha sido "un varapalo muy duro" para esta tienda de barrio. La caída de ingresos ha mermado las ventas en más de un 80% con respecto a antes de la crisis sanitaria de la covid-19. "Ahora la gente viene a comprar una barra de pan, una coca cola o una botella de agua", indican.

Además de los locales hosteleros, la principal clientela son particulares que residen en las inmediaciones. "Les damos un trato cercano, muy diferente al que dispensan las grandes superficies. Les inspiramos confianza porque nos conocen de toda la vida", apostillan Diego padre e hijo.

En los últimos tiempos nos estamos centrando en la venta de productos ecológicos y quesos artesanales

"Nos hemos ido adaptando a las necesidades de nuestros clientes con la adquisición de los productos que van teniendo demanda", comentan los dueños del supermercado de Isabel II que en los últimos tiempos se está centrando en la venta de productos ecológicos y quesos artesanales que, aseguran, "son muy difíciles de conseguir en las grandes superficies. Eso también marca la diferencia".


Sonia Miñán: "Tengo una clientela fija que viene a comprar fruta exótica como el quiabo, la guanábana y la guayaba"

Hace una década que estableció su negocio en la calle San Antoniño. Sonia Miñán lleva el timón de una de las fruterías con más historia de la ciudad que a lo largo de su medio siglo de vida también estuvo dirigida por "Manolo, un chico muy majo, y el señor Antonio", señala.

Sonia asegura que desde el estallido de la pandemia la facturación ha caído en picado. "Voy cubriendo costes con mucho esfuerzo y mucho trabajo, aunque no me puedo quejar porque hay sectores que están mucho peor que el nuestro. Por lo menos yo puedo trabajar, aunque se vende menos que antes de la crisis sanitaria. Si antes despachaba una caja de mango al día ahora solo vendo una pieza".

RAFA Fruteria Sonia (al lado de la farmacia de San Antoniño). Sonia en su tienda de toda la vida para un reportaje (que salga ella junto a algunos de sus productos)Lo bueno de su negocio es que, asegura, tiene una clientela fiel atraída por los productos del campo y de importación que caracterizan a esta emblemática tienda de barrio. "En estos momentos de pandemia resulta muy difícil surtirnos de frutas exóticas", entre las que Sonia cita la guanábana, la fruta del dragón, la guayaba y el quiabo. "Tengo clientela fija para todos estos artículos de importación, pero ahora mismo el abastecimiento está siendo muy difícil, con precios que están por la nubes y que resultaría imposible vender a tan alto coste".

Ante estas dificultades para conseguir las frutas exóticas, Sonia está centrando su actividad en la venta del producto de casa y nacional. "Tengo un abanico bastante amplio de clientes. Aunque tengo clientes de localidades como Marín y Cerdedo-Cotobade, la mayoría son del barrio de San Antoniño, personas que son muy fieles a su zona y que centran su vida en ella. En vez de ir a comprar a otras zonas de la ciudad prefieren hacerlo en el establecimiento que tienen al lado de su casa".

Además de atender a su clientela, Sonia reconoce que "me gusta hablar" y conversar con la gente que entra por la puerta de su negocio. "La clave de la supervivencia de la tienda de barrio es la confianza que los clientes tienen en nosotros". 

Tiendas de casa con alma de barrio
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