EFECTO PO2

Pontevedrando... Tocando los bolardos

Entre lombos y bolardos, llevamos décadas pronosticando que un día morirá media Pontevedra calcinada
Los cuatro bolardos instalados en la calle Peregrina. RAFA FARIÑA
photo_camera Los cuatro bolardos instalados en la calle Peregrina. RAFA FARIÑA

Tenemos en Pontevedra una tradición que tiene un cuarto de siglo de vida. Tendríamos que institucionalizarla, declarar un festivo para organizar algo así como "Feira de tocar os bolardos". Miento, todo empezó tocando los lombos, pero ahora lo que tocamos son los bolardos. A raíz de la última gran polémica sobre los nuevos bolardos en A Peregrina, me desplacé al lugar de autos, una denominación totalmente inapropiada porque lo que ya no hay ahí son autos: de ahí los bolardos.

Pues hablé con los vecinos, hablé con los bolardos, inspeccioné ocularmente la zona y me pregunté a qué portal no podría acceder una ambulancia, una patrulla o un camión de bomberos, y no encontré ninguno. Precisamente es uno de los rincones de Pontevedra en el que confluyen más calles por las que estos vehículos pueden acceder al lugar. Los cuerpos policiales y los bomberos al parecer no coinciden conmigo, pero ya le digo yo a usted que cuando llegue el momento del infarto, de la persecución o del incendio, los vehículos accederán sin problema alguno al lugar al que deben llegar.

Le digo más: la concelleira Eva Vilaverde dijo que su permanencia (la de los bolardos, no la de Vilaverde), era transitoria y con su permiso paso a desmentirla. No se tocarán los bolardos. Cualquiera que conozca a Mosquera sabe que no ha nacido quien haya logrado tocarle los bolardos. Este asunto pasará de largo, como está pasando el de Raíña Victoria o el del mercadillo ambulante. De cuando en vez salen en un Pleno o en una nota de prensa, pero han dado paso a los bolardos, tema que durará todavía menos: flor de un día.

Entre lombos y bolardos, llevamos décadas pronosticando que un día habrá un incendio y morirá media Pontevedra calcinada por culpa de los obstáculos que ponemos a la circulación de vehículos motorizados. Pues hemos visto unos cuantos incendios, por desgracia, y los bomberos han llegado en tiempo y forma porque no hay rincón al que no puedan llegar, con lombos o sin ellos, con bolardos o no.

Claro que cada uno está en su derecho de criticar lo que desee, incluso es su obligación en casos como los de los grupos opositores o los miembros de los servicios de emergencias o de seguridad, pero la experiencia nos dice que regularmente lo hacen por tocar los bolardos. Ocurrió con los lombos de camino a Montecelo, un hospital que está triplicando su tamaño ahora mismo, lo que significa que habrá necesariamente más lombos y algún que otro bolardo de regalo y si así se hace es porque las ambulancias pueden recoger a cualquier vecino en la puerta de su casa y llevarlo al hospital. Sé lo que digo.

Hay personas que se dedican a tocar los bolardos por convicción o por necesidad. Unas y otras gozan de todo mi respeto, que tocar los bolardos es un derecho firmado por todos los países decentes y recogido en la Convención de Ginebra, en las Naciones Unidas y en todo tratado que hable de derechos humanos. Búsquese en Google: "Toda persona goza del derecho a una vivienda digna, a un salario suficiente y a tocarle los bolardos a Mosquera", dicen literalmente todos estos documentos, que inmediatamente continúan: "Así como Mosquera puede, en justa reciprocidad, pasar olímpicamente de quienes le tocan los bolardos, como viene haciendo toda la vida y ni tan mal".

Y así son las cosas. Que existía un tráfico notorio de coches que se colaban por ahí para atajar, se lo digo yo que vivo ahí al lado, y no hablo de los coches policiales ni de ambulancias o bomberos: hablo de gente que se metía a diario y de forma recurrente. Pues ya que se dedicaban a tocar los bolardos, se los ponemos.

A estas alturas de la vida, yo en Pontevedra sólo veo un problema cuando me lo enseñan, no cuando me lo cuentan. Cuando a usted le dicen que hay un problema por tal cosa o la otra, póngalo en cuarentena. Si el 1% de todas las catástrofes que nos vienen anunciando desde los primeros meses de la peatonalización hasta hoy se hubiera hecho realidad, hoy Pontevedra no existiría, pero en fin, alguien siempre tiene que hacer el trabajo de tocar los bolardos. Es una figura que debe existir en todas las ciudades y está bien que así sea, por el bien de la democracia, de la pluralidad y de la alternancia si así lo decide algún día el pueblo. Muy a favor de la gente que toca los bolardos, por supuesto, y muy a favor también de la realidad, del sentido común y de que quien tenga competencias, en este caso el Gobierno, las ejerza decididamente.