"No toda la culpa de lo que nos pasa es nuestra"

Dejó de dar clase en el IES de A Illa ► Ahora trabaja con padres y profesores cómo abordar las emociones
Carmen Loureiro. DP
photo_camera Carmen Loureiro. DP

La inteligencia y la educación emocional han estado en segundo plano hasta hace muy poco en el sistema educativo, aunque Carmen Loureiro lleva toda la vida trabajando con ellas. Licenciada en Psicología, ha sido profesora en el IES de A Illa de Arousa. Dejó las aulas hace cinco años para dedicarse a trabajar la educación emocional desde las instituciones con futuros maestros y familias.

¿Qué le llevó a interesarse por la inteligencia emocional?

Empecé a interesarme por el tema cuando salieron los libros de Daniel Goleman. Hoy en día hay mucho vendedor de humo que ofrece libros de autoayuda. Nos pretenden vender un mundo maravilloso. La educación emocional busca justamente que aprendas a gestionar no lo maravilloso, sino lo terrible que nos pasa. No es tan sencillo. No basta con sonreír. Es muy folclórico pero no basta.

En estos tiempos de coronavirus en los que se habla incluso de fatiga de pandemia, ¿cómo tenemos las emociones?

Desbordadas. El sistema emocional es un mecanismo muy antiguo de la supervivencia del ser humano. Las emociones son faros que nos iluminan. Todas, las positivas y las negativas, nos han ayudado a sobrevivir como especie. El problema es la intensidad y la duración de cada emoción. Si yo pillo mi enfado en grado 2, cuando está empezando, hay recursos como la gestión de la calma que me ayudan a regularla, pero si en lugar de eso lo sigo calentando con el pensamiento, la temperatura va subiendo y llega un momento en que soy incapaz de pensar y actúo de manera primitiva. Nunca se debe abordar un conflicto cuando está hirviendo, porque la ira es un viento huracanado que apaga el farol de la inteligencia. Por ejemplo, cuando estás enfadado con tu hijo puedes decir cosas tremendas. Lo que suelo decir en mis cursos es: primero busca la calma, date un tiempo antes de tomar las decisiones. Por otra parte, para mí la inteligencia no habla solo de emociones. Si quieres hacer un buen trabajo de educación tienes que trabajar la capacidad de pensar. Cuando la emoción es muy fuerte anula la razón o la modifica negativamente .

¿Nos enfadamos ahora más que antes?

El mejor laboratorio del mundo es lo que pasa alrededor. Ahora mismo estamos tan atorados por la incertidumbre, por la pérdida de contacto... Realmente hay miedo, tristeza por todas las pérdidas que estamos teniendo, de seres queridos, de salud, de trabajo... Hay un grado muy importante de miedo y también hay mucho enfado porque esperamos ayuda y a veces no la vemos. En este momento la única emoción básica que no está brillando es la alegría. Estamos viviendo en dos niveles, una preocupación muy exagerada y otra de huida de la realidad y ahí es donde sería interesante aprender a gestionar lo que nos pasa.

¿Cómo lo hacemos?

Hay que aceptar las emociones, hay que conocerlas bien, darles su lugar. No somos malvados por enfadarnos, somos malvados si al enfadarnos hacemos daño a alguien. Tampoco sería natural que no sintieras tristeza, pero ¿qué ocurre si no eres capaz de desconectarla? puede surgir una patología emocional. En un contexto que es el caldo nutritivo del conflicto emocional hay dos actitudes: dejarse ir o enfrentarse a la corriente. Conocer lo que hay pero luego intervenir en la medida de nuestras posibilidades. Mira, no toda la culpa de lo que nos pasa es nuestra. Si eres un fracasado ¿es porque no tienes un talante positivo? No. Nosotros tenemos una cuota de resposabilidad pero el contexto tiene otra parte de la culpa. Lo demás es puro engaño y pura magia. Tenemos la capacidad de educarnos para entender la realidad y gestionarla. Si yo en este momento no tuviera trabajo, que nadie me venga con el pensamiento positivo. Necesitamos cambios sociales, económicos. No todo vale con el cambio personal.

Hay que primar la salud, pero me gustaría que se tuvieran en cuenta los derechos de los niños y su salud emocional

¿Esta situación hace más importante que se trabaje la educación emocional en las aulas?

Es una labor conjunta. No solo desde las aulas. Desde casa es desde donde más se puede ayudar. El profesorado ahora lo tiene crudísimo. El propio hecho de no vernos las caras, de tener que estar con mascarillas para un profesor es tremendo. La comunicación no verbal es tan importante como la comunicación verbal con los alumnos. El hecho de que los alumnos no puedan tocarse, no puedan jugar... Está clarísimo que lo que hay que primar es la salud, pero me gustaría que se tuvieran en cuenta los derechos de los niños, que se midieran mucho las decisiones que se toman y se tuviera en cuenta su salud emocional.

¿Cómo nos va a afectar esta situación extraordinaria a largo plazo?

Lo veremos con el tiempo. Dependiendo del tiempo que esto dure será más o menos manejable, pero si dura mucho puede tener consecuencias. La empatía se genera cuando ves el rostro del otro. Somos piel, somos sonrisa y somos carne y necesitamos tocarnos, abrazarnos, comunicar que nos apreciamos. Si eso se corta llegan el aislamiento, el individualismo y la indiferencia por lo que le pasa al otro. Es otra consecuencia de la falta de comunicación o de solo comunicarse por redes. Tenemos delante un reto del que saldremos mejor parados en función de la actitud que tomemos. El momento es peligroso en este campo porque ni las emociones se están gestionando bien ni el pensamiento. Estamos en una situación que no es amable pero podemos hacerlo mejor o peor.

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