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Una Torre de Babel en Curros Enríquez

Las alumnas de la academia señalando sus países de origen. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Las alumnas de la academia señalando sus países de origen. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

La academia Idec, en donde da clases Cristina Caramés, es un crisol de culturas con numerosas alumnas de distintas nacionalidades que visitan España como 'au pair'

UN MAPAMUNDI preside la clase. Sobre él, varias chinchetas dejan constancia de la gente de todo el mundo que ha pasado por el aula que Cristina Caramés dirige en plena Praza de Curros Enríquez, en Pontevedra, en donde enseña idiomas. No solo acuden a ella quienes quieren poner su nivel de inglés en el currículum o los que por amor a la cultura francesa se interesan por la lengua gala, sino también gente de todo el mundo que llega a Pontevedra. Entre sus alumnos de este año destacan un grupo de chicas que trabajan como au pair en la Boa Vila.

La mayoría de ellas son alemanas, pero en el grupo hay también una chica de Francia, otra de Reino Unido y una que llega desde más lejos todavía, de Seattle, en Estados Unidos. Tienen entre 18 y 23 años. Van a clase dos días a la semana por las mañanas y el resto del tiempo aprovechan para conocer la ciudad, viajar los fines de semana y estar con los niños de la familia que le han asignado. Y claro, como en toda mezcla cultural, entre clase y clase, mientras practican fonética o gramática del español, se cuelan anécdotas y comentarios sobre la forma de vida española y, en particular, la pontevedresa. La mayoría de ella coinciden en que escogieron España por el Sol y Pontevedra por estar cerca del mar, pero alguna se llevó un chasco al descubrir que el de las Rías Baixas es un clima mucho más frío y lluvioso que el que se imaginaban. Aún así, no pierden ocasión de ir a la playa y hay quien ya ha aprovechado los primeros rayos de sol de febrero para bañarse en el Atlántico.

A Kim, por ejemplo, le encanta el parque de las palmeras. Es una especie que en Hamburgo, de donde es, no se da. "No las había visto muchas veces y me hace gracia que las haya en Pontevedra", cuenta. También le gusta que la ciudad sea pequeña, porque así puede encontrarse con frecuencia con sus compañeras también au pair para tomar un café y despejarse.

Dos veces por semana se encuentran para aprender español. Adoran la playa, las palmeras y la sangría, aunque echan de menos sus países

La que no se equivocó al escoger destino fue Vanessa, ella optó por la Boa Vila porque, aunque quería venir a España, no soporta demasiado las altas temperaturas y prefería un clima más fresco, como en la región alemana de la Selva Negra, de donde procede.

Pontevedra es un lugar que les gusta por muchos motivos. Para empezar, poca gente habla inglés, así que no les queda más remedio que practicar el español. Además, los pontevedreses son abiertos y amables con ellas y muestran interés. También tienen la posibilidad de hacer viajes los fines de semana y conocer otras ciudades españolas. "Vamos mucho a Portugal y nos encanta", explica mientras añaden que los portugueses, a diferencia de los españoles, hablan muy bien inglés. "Con acento americano", añade Sîan, de Inglaterra. Este fin de semana, por ejemplo, varias de ellas lo pasan en Barcelona. "Los vuelos son muy baratos y estamos aprovechando para conocer sitios como Madrid o Sevilla", cuentan.

En pleno mes de febrero ya se han dado un baño en el mar. Además, algunas de ellas se sorprendieron al ver palmeras

Otra de las cosas que les ha gustado de España son las familias con las que pasan esta temporada y sus niños. "Yo conocí a la mía hablando por teléfono y escogí Pontevedra porque me cayeron muy bien", explica Caytlin, de Seattle, en Estados Unidos. Entre sus aficiones en España está ver la serie Stranger things junto al niño que cuida. "Son un niño de 12 años y su hermana de nueve, nos llevamos muy bien pero él habla muy poquito", cuenta.

Algunas de ellas tienen niños "algo traviesos" pero todas disfrutan de su compañía. "Además Pontevedra es una ciudad que está muy bien para ir al parque o para pasear con los niños por las calles", explican.

Sin embargo, algo tienen que echar de menos. Kim por ejemplo, estaba algo nostálgica antes de la Navidad. Echaba de menos a su país y a su familia. Sin embargo, viajó a casa durante las fiestas y pudo reponer pilas. "Ahora me encuentro mucho más contenta", dice. A Lena, por otra parte, le encantaría tomarse un bocadillo alemán, con sus salsas y su mantequilla. "Aquí se cocina todo con aceite y se come mucha comida frita", se queja. Eso sí, la sangría está buenísima. Les encanta.

Les gusta el mar y el carácter español, pero echan de menos sus comidas y no se acostumbran a los horarios

Sobre cuestiones gastronómicas tienen otra queja. Los horarios de las comidas. "Yo como a la misma hora que ceno en Inglaterra", dice Sîan. Celia, francesa, asegura que no aguanta toda la mañana hasta la hora de comer y a veces tiene que ir a la cocina a coger algo de comida. Por no hablar de la cena. "Una noche fuimos a Noites Abertas y acabamos las actividades a medianoche. El monitor nos preguntaba si íbamos a cenar. ¿Cómo íbamos a cenar a esa hora?", se pregunta sorprendida.

Tampoco acaban de entender los horarios de los autobuses y lamentan que no haya mejores conexiones con las playas. "Una vez fuimos a Sanxenxo una amiga y yo y tuvimos que esperar cuatro horas a que llegase el autobús", explica Kim. "A mí me gustaría poder tener coche para moverme con más facilidad", cuenta.

Una Torre de Babel en Curros Enríquez
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