Trabajar a pérdidas o subir precios: el dilema de las empresas ante el coste de la energía

El encarecimiento de la luz y el gas ha frenado los proyectos de expansión de muchas firmas y algunas advierten de que su pulmón financiero se está agotando y tendrán que tomar medidas para equilibrar cuentas si no cambia la situación ► La ciudadanía es la otra gran damnificada, al tener que afrontar recibos energéticos disparados y una inflación al alza
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photo_camera Una empleda de Setga trabajando en la planta que la empresa de iluminación tiene en Pontevedra. G. GARCÍA

Lo notan los consumidores, principalmente cuando hacen las cuentas a fin de mes, pero las que lo están sufriendo de forma más evidente son las empresas, ya no solo las electrointesivas, sino todas aquellas que necesitan energía para desarrollar su actividad, un rango en el que se puede englobar la inmensa mayoría.

El encarecimiento progresivo que ha ido acusando la electricidad se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para todos aquellos que están al cargo de un negocio. Y no es para menos. Desde el año pasado las tarifas eléctricas han ido marcando un récord tras otro y ahora todo el mundo está expectante para ver si el tope al precio del gas tiene los efectos que se esperan. Hoy hace justamente diez días desde que se publicó en el BOE la orden ministerial que lo puso en marcha, tras el visto bueno de la Comisión Europea, pero de momento los ciudadanos de a pie y los empresarios poco lo han notado y el problema es que los segundos llevan meses viéndose en la encrucijada de trabajar a pérdidas o repercutir esos sobrecostes en los precios de venta de sus productos o servicios, sobre todo cuando al encarecimiento de la energía se suman otros factores como la inflación generalizada y la crisis de suministros y materias primas.

Fundiciones Rey es un ejemplo, tal y como explica Elías Cochón, director comercial y consejero de esta firma radicada en Vilagarcía y especializada en fundición industrial, naval, máquina, herramienta y matricera que ahora paga "seis veces más de electricidad que antes". "No es que no tengamos trabajo. De hecho, tenemos las dos plantas a tope, pero el problema es que estamos trabajando a pérdidas y llevamos aguantando así un año y cuatro meses", añade.

Elías Cochón, Fundiciones Rey: "Tenemos las dos plantas a tope de trabajo, pero estamos a pérdidas y llevamos así un año y cuatro meses"

Una de las primeras consecuencias es que "el capítulo de inversiones está congelado", porque en esta tesitura, empresas como esta no se pueden plantear proyectos de expansión aunque la carga de trabajo se lo permitiese. "Así no se puede crecer. Ahora es supervivencia pura y dura", asegura.

Además, ninguna firma puede mantener esa situación 'sine die'. "Obviamente, el pulmón financiero no da para todo y si esto sigue así durante más meses, tristemente habrá que plantearse ciertas medidas", alerta.

Hay expertos que ya señalan que la inflación ha empezado a castigar el empleo en la industria, la construcción y el comercio y que lo hará todavía más a corto y medio plazo si el contexto económico no cambia.

Trasladar los sobrecostes a los PVP para que den las cuentas


En este contexto y para capear la situación, muchos sectores han optado por trasladar los sobrecostes al PVP de los productos que venden. Las panaderías son un claro ejemplo pues, en su caso, no solo afrontan unas facturas eléctricas o de combustible más elevadas, sino que han visto como también se disparaba su principal materia prima, la harina.

"Non nos queda outra. Se non as contas non dan. A nós as facturas subíronnos uns 1.000 euros", explica Fernando Vidal, de panadería Mipa, en Pontevedra. "Por iso a barra tivemos que subila de 90 céntimos a un euro e hai compañeiros que xa a subiron outra vez. Nós de momento aguantamos, pero a ver, porque xa anunciaron outra suba da fariña".

Las peluquerías son otro caso en el que las subidas de precios son generalizadas. Según señala Belén Novegil, propietaria del establecimiento que lleva su mismo nombre en la pontevedresa calle Joaquín Costa, "tuvimos que aumentar tarifas porque las que teníamos antes no cubrían. Nos subió la luz, los suministros, los impuestos y los sueldos, que es lo único que me parece bien que haya subido", aclara. "La mía no es una peluquería grande y aún así la factura de la luz se me disparó tanto que tuve que tomar medidas: me cambié de compañía eléctrica y hago cosas como bajar los interruptores por las noches para intentar reducir todo lo posible el consumo desconectando el piloto del teléfono, de la tele...".

La tecnología LED se impone en la iluminación pública para tratar de reducir gastos


Otras empresas notan los efectos de la subida de la luz a varios niveles. Desde Pontevedra, Setga diseña y fabrica iluminación exterior para clientes de numerosos países y viene experimentando las consecuencias del encarecimiento de la energía tanto en carnes propias como en el tipo de pedidos que recibe.

"Aunque no somos una industria electrointensiva, sí tenemos un consumo eléctrico notable porque utilizamos aluminio en los procesos de fabricación y llevarlo al punto de fusión requiere un consumo elevado. La cadena de montaje también. Nuestros costes se han disparado entre un 15% y un 20% a raíz de ese encarecimiento", indica Ángel González, presidente de la empresa.

En su caso, añade, no pueden repercutir todo ese incremento al PVP de sus productos porque la competencia asiática es feroz.

"En nuestro sector se sigue importando mucho de China. Aunque sean productos que no cumplen la normativa europea, se venden y nosotros tenemos que competir con eso, lo que nos obliga a reducir los márgenes de beneficio", explica.

Además de en sus costes, en Setga también vienen constatando que las administraciones públicas que adquieren sus equipamientos de iluminación tienden cada vez más a cambiar las viejas luminarias por tecnología led para reducir su gasto eléctrico.

Belén Novegil, peluquera: "La factura se me disparó tanto que me he cambiado de compañía eléctrica y tomo medidas como bajar los interruptores todas las noches"

"El ahorro que se consigue es del 70% o del 80%", indica Ángel González, quien también precisa que, volviendo a la cuestión de la competencia china, "muchos concellos optan por esas instalaciones de mala calidad", olvidando que, además de eficiente, la iluminación pública "debería ser sana, ecológica y confortable".

"El Concello de Pontevedra instala equipamientos de la máxima calidad, pero hay otros que no", apunta el director de Setga.

Y si las industrias que no son electrointensivas notan los efectos del encarecimiento de la energía, para las que sí lo son la factura de la luz supone el 60% de los gastos totales, de ahí que su situación sea todavía más crítica.

La OCU estima que la factura media en los hogares será de 85 euros al mes
Los consumidores pagan doblemente el alto precio de la energía. Según la OCU, en mayo la tarifa de la luz fue un 40% más elevada que hace un año, situándose en una media de 187,1 euros/MWh.

De acuerdo con la misma fuente, el recibo medio de un hogar con la tarifa PVPC se elevó el mes pasado a 98,88 euros y la OCU lamentó que la limitación del precio del gas "es insuficiente para garantizar una rebaja efectiva de la factura, aunque sí permitirá asegurar que esta no volverá a valores como los que tuvimos en marzo (143 euros)". La entidad estima que el recibo máximo se situará ahora en torno a 85 euros mensuales.

La compra, un 25% más cara y los sueldos, solo un 0,8% más altos


A mayores de lo que paga directamente a las compañías energéticas, la ciudadanía nota el encarecimiento de la electricidad cada vez que adquiere otros bienes o servicios. La cesta de la compra incrementó su precio un 25% en el último año y, precisamente, la energía (tanto la eléctrica como los combustibles) es una de las principales responsables de esta inflación disparada.

Además, mientras el coste de la vida se dispara, los sueldos no. Desde 2019 el salario medio de los pontevedreses solo creció un 0,8%. Hace dos años su nómina bruta anual se situaba en 20.588 euros y en 2021, en 20.769 euros.

"Pasé de pagar 540 euros de luz a pagar cerca de 1.300"

El propietario de ‘Posada de Lapamán’ echa el cierre de su local de Marín y traspasa el de Lapamán por la abusiva subida de los precios

De tener dos locales a pleno rendimiento desde el pasado mes de septiembre, a tener solo uno en traspaso. Juanjo Gondar, del asador ‘Posada de Lapamán’, no ha sido capaz de hacerle frente a unos gastos que, con el incremento de los costes de la electricidad y las materias primeras, son cada día más desorbitados y, en su caso, aumentaron un 25%.

Y es que tras seis años al frente de este restaurante, situado en una zona privilegiada, sobre todo en época estival, por su ubicación cercana a las playas, Gondar ha tenido que tirar la toalla. "Trabajas los fines de semana y llega el lunes y, entre los impuestos y los gastos, es una barbaridad. No salen ni de broma las cuentas", lamenta el hostelero, que ha tenido que quitar ciertos productos de su carta y también subir el precio del menú del día. "Era imposible defenderlos a un precio razonable".

La factura de la luz es uno de los mayores escollos que se encontró el hostelero en los últimos meses, ya que habitualmente pagaba una factura de 540 euros en invierno, una cifra que este año se infló incluso hasta los 1.300.

Además del incremento en el precio de la luz, Gondar también notó un aumento en el precio de la carne, unos de los productos que más se venden en su local al ser un asador. "Antes pagaba 900 euros en carnicería y ahora estoy pagando 1.500 cada semana", relata el propietario de ‘Posada de Lapamán’, totalmente desanimado por la situación.

"Hay compañeros de Hoempo en Pontevedra que ya han tenido que cerrar sus negocios. Yo estoy aguantando y no voy a cerrar, pero la única opción que es viable para mí ahora mismo es el traspaso", relata Juanjo Gondar, que lamenta que "ahora mismo no me estoy llevando un sueldo a casa. No estoy cobrando mi nómina". 

Con el encarecimiento de los costes, ‘Posada de Lapamán’ ha dejado de dar beneficio a Gondar. "Cada domingo apartábamos un 20% para el beneficio de la empresa. Ese porcentaje del dinero ya no lo estoy apartando. El beneficio se lo están comiendo los gastos que tengo", manifiesta Gondar

El hostelero cree que la única medida para paliar esta situación es "subir los sueldos a todo el mundo o regular y poner límites a los costes de la energía, si no será insostenible".

La tasa de ahorro cae ocho puntos desde 2020
Con la energía por las nubes y la mayor parte de los precios disparados, la tasa de ahorro de los hogares está en caída libre. Mientras que en 2020 el ahorro alcanzó su máximo histórico a raíz de la contención impuesta por la pandemia (según los datos del INE), en 2021 se redujo en 3,6 puntos, hasta el 11,4% de la renta disponible. La causa fue que la relajación de las restricciones disparó la inversión hasta un 69,1% y el consumo aumentó un 6,6%.

Ahora, las causas hay que buscarlas en otros factores, como la inflación y el menor avance de la renta bruta disponible, pero servicios financieros como el de CaixaBank Research estiman que durante este año 2020 la tasa de ahorro de los hogares seguirá cayendo hasta situarse alrededor del 7%.

"En un contexto normal el negocio habría crecido más, así el futuro se ve más difícil"

Cumplir el primer año con los precios por las nubes no es tarea sencilla. ‘La Esencia Take Away’ es un ejemplo

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Eugenio Castaño, propietario de la 'Esencia Take Away'. M.A.C

Situado en la calle Antón Fraguas, en Pontevedra, este negocio de comida casera para llevar cumple ahora un año de vida. Y lo hace en un contexto global complicado para cualquier empresa, con los costes disparados por el encarecimiento de la energía y de las materias primas y con una inflación que tampoco anima a los consumidores a rascar el bolsillo.

Como otros locales de su sector, 'La Esencia Take Away’ necesita tanto gas como electricidad para desarrollar su actividad. Neveras, planchas, expositores, cocinas, pequeños electrodomésticos... Todo eso consume y mucho. "El gas natural ha doblado su precio y de electricidad también pagamos el doble que al principio", explica su propietario, Eugenio Castaño, quien señala que hay ciertos productos con los que ya casi no se puede trabajar porque su precio se ha disparado. "Los pimientos han subido una exageración", pone como ejemplo.

También los clientes se cortan más a la hora de consumir. "En general, la gente compra cosas más baratas que antes", apunta Eugenio.

Con este panorama, no se plantea expandir el negocio y lamenta que "el futuro se ve más difícil", cuando "en condiciones normales, seguramente habríamos podido crecer más".

De hecho, en ‘La Esencia Take Away’ son tres personas trabajando (contando al propietario) "y si no fuera por todo esto podríamos ser un equipo mayor", dice.

A raíz de una encuesta a 5.500 empresas españolas, el Banco de España ha señalado que "las tensiones inflacionistas podrían estar comenzando a remitir". Falta por ver si esa previsión se consolida.