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"Ahora puedo decirle a mi hija que la quiero"

Miriam, con su madre, su hermano Álvaro y su prima Samara en el parque de Barcelos
Miriam, con su madre, su hermano Álvaro y su prima Samara en el parque de Barcelos
La madre de Miriam, una niña pontevedresa sorda de cuatro años, relata su espectacular cambio desde que llegó a su aula la intérprete de lengua de signos ► "Voy a seguir luchando por ella", afirma

Miriam Jiménez tiene cuatro años, es alegre y pizpireta, muy inteligente y "el juguete de la casa", en palabras de su madre, Isabel Gabarris. Hace casi año y medio saltó a las páginas de Diario de Pontevedra gracias a la iniciativa de su maestra de 4º de Infantil en el CEIP A Xunqueira I, Carmen Quinteiro, quien adaptó la programación para que la niña, que padece sordera desde que era un bebé, pudiera avanzar al mismo ritmo que sus compañeros. Un diccionario visual para aprender la lengua de signos de un modo básico y la implicación de sus compañeritos y de las profesoras de Audición e Linguaxe fueron las otras claves para su plena integración.

Apenas dos meses después, gracias a la Federación de Persoas Xordas de Galicia, llegó al centro una intérprete de signos que reforzó el trabajo de Carmen y sus compañeras, pero su presencia dos horas por semana resultó francamente escasa. La satisfacción fue total el pasado mes de febrero, ya en 5º de Infantil, cuando la Consellería de Educación, finalmente, envió una intérprete a tiempo completo para el aula de Miriam.

Si hasta entonces la mejoría de la chiquilla a la hora de comunicarse había sido espectacular, desde entonces fue increíble, tanto en el colegio —donde incluso la lengua de signos es candidata a materia extraescolar para otros cursos— como en su hogar. "Yo no me comunicaba con ella. Intentaba explicarme una cosa y se frustraba un montón. Y yo, de no entenderla, me echaba a llorar. No veía que lo entendía y lloraba, se enfadaba...", explica Isabel mientras la niña juega con su hermano y su prima en el parque de Barcelos.

Miriam está pendiente de que le pongan un implante que le permitirá volver a oír, "pero llevará su tiempo y mucha rehabilitación"



"Fui aprendiendo signos, gracias a la profesora Carmen". La joven se siente "muy contenta" porque gracias a que aprendió algunos signos puede comunicarse con su hija casi con total normalidad. "Sé decirle ‘para’, preguntarle qué quiere... Cuando yo empezaba a comunicarme con ella a través de los signos se partía de risa, se emocionaba muchísimo, toda sorprendida".

El cambio empezó a gestarse con su escolarización. "Fue tremendo, porque ella misma le ha enseñado los signos a sus primos. Con quien más está es con Samara, de nueve años, y se comunican muy bien". Los gestos son habituales en sus juegos y así lo hacen ver en el parque.

Quizás esta aventura con las manos como protagonistas tenga los meses contados, pues Miriam está pendiente de que la operen, este mismo año, para ponerle un implante. "Podrá oír y hablar, pero es una cosa que llevará su tiempo, mucho trabajo, rehabilitación...", subraya Isabel, quien recuerda emocionada la lucha que emprendió cuando a los siete meses un médico le confirmó que su bebé había perdido toda la capacidad auditiva. "He luchado tanto por mi hija, me ha costado tanto superar esto...". Tras recibir la triste noticia "me frustré, me eché a llorar, no sabía que hacer... Mi marido tenía miedo por la operación y yo no te voy a decir que lo no tengo, porque tiene su riesgo, pero vale la pena".

"Su profesora la adora y yo le estoy muy agradecida a Carmen. Ella luchó mucho para que le asignaran una intérprete"



LOTERÍA. Miriam es la pequeña de sus hijos. Los mayores, Álvaro y Azucena, son mellizos de cinco años. "A mí me tocó la lotería con Miriam. Su profesora la adora y yo le estoy muy agradecida a Carmen. Ella ha luchado mucho para que le asignaran una profesora de signos", afirma. Espera que el implante dé resultado, "porque a veces no lo da si no trabajas, pero yo voy a trabajar todo lo posible por mi hija".

Desde que en febrero llegó al centro la intérprete de signos a tiempo completo el cambio fue "instantáneo", no solo para la niña, sino también para su madre. "Me dio catálogos y clases, fui aprendiendo y por fin pude comunicarme con ella. No sabes la pena que te da que te quiera explicar que le duele algo y no la entiendas". Esa falta de comunicación es una barrera "que me costó mucho atravesar".

"Cuando me dijeron que no oía me frustré, lloré mucho, no sabía qué hacer... Pero aprendí y lo seguiré haciendo. Voy a seguir luchando por ella"



Ahora, cuatro meses después, "puedo decirle que la quiero. Hasta se enfada conmigo y tengo que poner morritos para que venga. Es otra comunicación. Está muy apegada a mí. Miriam es el juguete de la casa. No por la enfermedad, sino porque le das un poco de cariño y ya no te la despegas".

Isabel también destaca la buena relación de la niña con sus compañeros de clase, con los que se comunica por gestos con total normalidad. ¿Y en su familia? "Al principio se mostraron reacios, me decían que cuando tuviera el implante solo iba a hablar por señas, pero ahora quieren aprender. Los primos se comunican mucho con ella" y relata varias anécdotas, como cuando Miriam se enfadó porque su madre no le regañaba a su hermano por haber tirado un vaso. "Yo no entendía ese signo y ella lloró de la frustración porque no le había reñido al hermano".

La situación ha cambiado. "Por la noches, nada más los ducho, les doy la cena y los acuesto me pongo con los catálogos de signos, para seguir aprendiendo. Ahora a esperar la operación y a seguir luchando por ella".

"Ahora puedo decirle a mi hija que la quiero"
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