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Un barco antes que un piso

Roberto Reboredo junto a su familia. DP
Roberto Reboredo junto a su familia. DP
La familia de Roberto Reboredo y Esther Delgado se pasa todos los meses de verano a bordo de un catamarán recorriendo las Rías gallegas

Los niños "han nacido en el barco", responde Roberto Reboredo a la pregunta de cómo viven sus hijos la experiencia de vivir en el mar durante meses: esta familia viguesa, encabezada por Reboredo y su mujer Esther Delgado, pasan sus vacaciones de verano a bordo de un imponente catamarán recorriendo playas, arenales, costas y rías de toda Galicia. Estos días se encuentran atracados en Sanxenxo. Con cuatro hijos, esta familia está más unida al mar que a su propia casa. De hecho: "Hemos comprado antes un barco que un piso", confiesa Reboredo. Claro, esta pasión por el mar no se forja de la noche a la mañana, sino que se trabaja durante generaciones. Reboredo ya navegaba religiosamente todos los veranos con su padre a bordo de otro barco cuando era niño, y cuando tuvieron la oportunidad, compraron el Mairo II para salir todos los veranos y "prácticamente todos los fines de semana del año".

El mensaje de amor por la mar cala: dos de sus hijos están actualmente "compitiendo en el premundial de Vaurien de Vigo", explica con orgullo Delgado, y van "todos los días a por ellos hasta allá". Mientras, otra hace surf durante horas en la playa de A Lanzada, uno de los mejores spots de las Rías Baixas para practicar este deporte. Con respecto al más pequeño, "ya lo ves ahí", dice Reboredo señalando a su hijo, que corretea por todas partes alrededor de la embarcación y salta y trepa con confianza por los cabos y defensas del barco hasta el pantalán, ante los ojos tranquilos de unos padres que saben perfectamente que su hijo sabe lo que hace: a pesar de su corta edad, ha vivido tantos momentos a bordo del Mairo II que juega sobre el barco como si fuera su propio parque.

AMOR POR GALICIA. La gran familia recorre las costas gallegas todos los años, y aunque sean socios del club náutico de Sanxenxo y Vigo, recorren todos los escondites del litoral de la comunidad. "Ahora venimos de estar diez días por la zona de Corcubión y Finisterre", cuenta el padre de la familia. La hoja de ruta, aunque vaya "alternando", tiene un próximo destino marcado: la siguiente parada será Aldán.

Pero Sanxenxo no puede faltar. La escala es obligatoria en el puerto de O Salnés: "como nuestros hijos tienen amigos aquí, estaremos varios días". De hecho, el pequeño asegura que su playa favorita es Panadeira, en frente al puerto náutico.

Si por algo se caracteriza la costa gallega es por la infinidad de rincones que alberga y lo repartida que está su belleza: siempre hay algo nuevo que ver, algún lugar por descubrir. "Hay tantos sitios en las rías gallegas que es casi imposible repetir", dice Roberto Reboredo con entusiasmo. Tras tantos años recorriendo las aguas gallegas, uno podría pensar que se conoce la costa como la palma de su mano, sin embargo, "puedes variar todo lo que quieras, y casi todos los años vamos a sitios distintos", aclara.

A pesar de mostrarse enamorados de su tierra, tampoco hacen feos a escapadas de más tiempo a bordo para conocer otros lugares: "Hemos hecho travesías largas, por el Cantábrico, hasta Santander" pero, claro, "con menos frecuencia" debido a la cantidad de tiempo que hay que dedicar a estos viajes.

Ni las impertinencias del clima puede con el amor incondicional al mar de la familia Reboredo-Delgado: este mes de julio no se caracterizó, precisamente, por tener días de calor y cielos despejados, pero "cuando el tiempo está algo peor" no se van a su casa de Vigo, sino que se quedan "en el puerto base" que, aseguran, "también se está muy bien" llueva o truene.

Un barco antes que un piso
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