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EL BOOM DEL VERANO

Los festivales hacen ring ring caja

Asistentes a un concierto, esta semana en Viveiro. RESURRECTION FEST
Asistentes a un concierto, esta semana en Viveiro. RESURRECTION FEST

EN AUGE. Las citas musicales en Galicia son muchas y variadas. Solo entre cinco de ellas generan cerca de 14 millones de euros

GALICIA es una fiesta. Siempre lo fue, las miles de celebraciones que hay en el verano son buena muestra. Ahora también se puede decir que Galicia es tierra de festivales. Desde Amaia en el PortAmérica, Slayer en el Resurrection o Rosalía en O Son do Camiño; hasta Leilía en Ortigueira o Los Planetas en el FIV. Estos eventos son ya uno de los grandes reclamos turísticos a lo largo del verano, así como una fuente de ingresos en auge.

La resaca del Resurrection aún no dejó hacer cuentas del impacto de esta edición, en la que se esperaban 100.00 personas —casi 20.000 más que en el 2018—. Pues bien, en el verano pasado, el festival dejó 8.995.250 euros en Galicia, de los cuales 6,6 millones recayeron directamente en la comarca de A Mariña.

El efecto del Resu no solo se deja ver en euros, también en personas: hubo 2.100 puestos de trabajo temporales creados, de forma directa e indirecta, para esta semana. O incluso en camas, ya que los festivaleros no cabían en los hoteles de la comarca y buscaron descanso también en A Terra Cha y en concellos próximos de A Coruña. Una de las características de este evento es que, la gente que viene no se queda solo durante esos días, sino que amplía la estancia y la convierte en sus vacaciones.

El evento de referencia en el panorama rock coincidió con el PortAmérica en Caldas de Reis. Lamb Of God y Andrés Calamaro actuaron ayer casi a la vez. Sumando ambos festivales, cerca de 123.000 personas dejaron unos 10.935.740 euros entre ambas localidades, estimación a partir de un estudio elaborado por la USC y Agadic.

Si Galicia fuese vista desde un satélite y cada festival emitiese una luz, la imagen mostraría un terreno deslumbrante. Osa do Mar, 17º Ribeira Sacra, FaCeLa Fest o el recién anunciado Trece Roeis de Ferreira de Pantón son algunos ejemplos. La mayoría son eventos pequeños, que sobreviven a base de esfuerzo e ilusión.

En esta foto de satélite —además del Resu— saldrían otros grandes puntos iluminados: PortAmérica, Ortigueria o Revenidas. Uno de ellos sería el Monte do Gozo, donde O Son do Camiño dio el pistoletazo de salida de la temporada de festivales. Los organizadores estiman que 84.000 personas se juntaron para ver a Rosalía e Iggy Pop. La Xunta fue la creadora de esta marca —ideada para promocionar el Xacobeo 2021— adjudicada a una Unión Temporal de Empresas que contó con 2,5 millones de fondos públicos.

Un caso similar es el Caudal Fest en Lugo, que celebró su primera edición el año pasado, con una afluencia de 22.100 personas. El evento también generó polémica entre asociaciones culturales y oposición por los 217.000 euros que aportó el Concello de Lugo.

Precisamente, uno de los objetivos de FestGalicia, una marca creada por la Xunta que engloba a doce festivales, es estudiar el retorno económico obtenido de los eventos financiados. "Nace para apoiar a certo tipo de festivais, queríamos ter un coidado especial de aqueles que son impulsados por empresas, sostibles economicamente —que cobran entrada— e durante o verán", explica Jacobo Sutil, director da Axencia Galega de Industrias Culturais (Agadic).

En la página web de FestGalicia están publicados los estudios realizados por Agadic y USC. Por el momento, figuran los resultados de cinco festivales —PortAmérica, Resurrection, Revenidas, SinSal y Son Rías Baixas—. La suma del impacto de ellos es de, aproximadamente, 13.741.917 euros.

En otra liga distinta juegan dos festivales que llevan celebrándose 40 años: Ortigueira y Pardiñas. Estes eventos de música de raíz son unas de las citas más concurridas del verano, el Festival do Mundo Celta pasó de 10.000 personas en la primera edición a las 70.000 actuales. Durante los cuatro días del evento, se crean 200 empleos directos e indirectos y se generan 10 millones de euros.

MARCA. El valor generado no es solo monetario. "O impacto económico é algo moi importante, é unha das razons pola que as administracións investimos, pero Sin Sal achega outras cousas, O seu impacto é máis baixo, pero aporta diferenciación", opina Sutil.

El Resu y el Sin Sal son ejemplos de lo variado del panorama festivalero en Galicia. Frente a las masas de Viveiro y el extenso cartel que las mueve, el Sin Sal tiene conciertos secretos, un aforo limitado de 800 personas por día, una isla y un viaje en barco.

"A nosa riqueza é que temos variedade e de todos os tamaños", comenta Sutil, quien considera que tanto en los grandes como en los pequeños "podes estar cómodo e sen agobios". Los festivales del Levante, que sorprenden por las cifras, no son el modelo a seguir para Galicia. "O noso público é máis nacional, é un perfil familiar e adulto", opina Xabier Alonso, xerente de Festivais de Galicia. El equilibrio entre beneficio económico y sostenibilidad, social y medio ambiental, es el reto a perseguir.

Jóvenes al Son Rías y mujeres al PortAmérica
Los datos del estudio realizado por la USC y el Agadic, además de valores económicos, reflejan las preferencias de las personas según edad, género o poder adquisitivo.

Género
El 62% de las personas que asisten al PortAmérica son mujeres, es el festival con mayor porcentaje. El Resu es el que menos, con un 34%.

Edad
Las personas con menos de 25 años se decantan por el Son Rías Baixas, son el 55% de su público; por el contrario, el Sin Sal solo tiene un 9% de asistentes menores.

Procedencia
El PortAmérica es el festival que tiene mayor asistencia de gallegos, el 92%; el Resu el que menos, un 42%. Estudios Mientras se estudia, lo más común es ir al Son Rías Baixas y no pisar el Sin Sal, que solo tiene un 9% de estudiantes. Sin embargo, las personas que salieron de las universidades son la mayoría del Sin Sal, un 79%.

Ingresos
El Son Rías Baixas es el elegido entre los que carecen de ingresos o están por debajo de los 1.000 euros, y es el menos frecuente —solo un 6%— entre los que cobran más de 2.000 euros, que son más habituales en el Sin Sal.

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