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Ketty Fresnada: «Hay que luchar por los sueños, uno no puede subestimarse, aunque le critiquen»

Ketty Fresneda.CEDIDA
Ketty Fresneda.CEDIDA

Trece semanas de espectáculo culinario después, la cubana afincada en Pontevedra quedó segunda en la final del programa. La familia política de Ketty regenta la cafetería local Orly, donde la concursante se encargaba de la cocina. Su menú combinó la gastronomía gallega con la de su país natal

LA PONTEVEDRESA, que no pensaba pasar del casting, ha triunfado en los fogones del reality gastronómico más famoso de la televisión. «Fui una de las últimas personas a las que llamaron, me avisaron con una semana de antelación», confiesa.

¿Estaba nerviosa en su primera prueba?

Al ver la cantidad de ‘frikis’ súper preparados que había... Y yo con mi humilde guiso de carrillera gallega, pues claro.

¿Volvería a arriesgar en su último plato?

Por supuesto.

¿Qué opina de la cocina gallega?

Estoy viviendo en Pontevedra, mi marido es hostelero y siempre hay que echar una mano. Poco a poco me fui metiendo en la cocina gallega. Me encanta nuestra gastronomía, soy súper fan, súper pro Galicia. Donde hay buen producto gallego, ahí estoy yo.

¿Cuál fue su primera experiencia en la cocina? ¿Quién le enseñó?

Mi abuela en Cuba. Cotilleaba todo lo que hacía y, pasito a pasito, vas aprendiendo lo básico: a hacer un sofrito, a sazonar algo, a guisar...

¿Es complicado cocinar ante las cámaras?

Pues sí, es muy complejo, más de lo que la gente imagina. Es una locura. Una cosa es cocinar en la tranquilidad de tu casa, con tu musiquita puesta, tu vinito y tal, y otra es hacerlo con una cámara, no, ¡mil cámaras! Además de focos, micrófonos, las personas que te están mirando... Es duro. Sobre el contrarreloj ya ni te cuento. Ketty Fresneda.

«Recibí un mensaje de MasterChef a través de Instagram. Pensé que era una broma, nunca había visto el programa»

¿Qué consejos daría a alguien que quiera apuntarse a Masterchef?

Que sean ellos mismos y que se abran. Creo que buscan a gente especial, con características especiales. Después, claro, deben saber cocinar.

¿Cómo llegó al programa?

Fue muy repentino, recibí un mensaje de ellos a través de Instagram. Pensé que era una broma, nunca había visto el programa. Al final reflexioné y dije: «Me gusta cocinar y me gustan las emociones fuertes». Así que me presenté por la adrenalina.

¿Evolucionó en el concurso?

Imagínate. Pasé del guiso de ternera o de la tortilla de toda la vida a poder hacer una esfera o una cúpula de coco infusionada en marisco. Todavía me queda mucho por aprender, pero gracias a MasterChef voy a seguir formándome en la academia. He aprendido un montón de cultura gastronómica. Hay muchísimos ingredientes que no conocía, verduras con nombres rarísimos... La evolución ha sido enorme.

¿Qué tal la convivencia con los compañeros?

Si ya es difícil con las personas que quieres, figúrate con desconocidos que están compitiendo. Tengo un carácter del norte, soy muy sincera. Cuando no conozco a la gente no me sale darle besos ni abrazos hasta que gano confianza. Sin embargo, los amigos que hice son para toda la vida. Fue una convivencia complicada, pero selectiva. Valió la pena.

¿Y con los jueces?

Muy bien, sobre todo con Jordi y Pepe, son los más cercanos al público. Jordi es un profesor de primera. Me atrevo a decir que si tienes su número, puedes escribirle y pedirle un consejo de cocina, e incluso, de vida. A mí, personalmente, esto último me ha pasado. Pepe me tiene enamorada, es un tío de bar de toda la vida. Samanta es un algo más distante, pero también es encantadora.

¿Qué lección se lleva?

Hay que luchar por los sueños, uno no puede subestimarse, a pesar de que le critiquen. Hubo momentos en los que todos estaban en contra. Hay que seguir remando y a no ser que te quedes sin brazos, sin remo y sin bote, hay que seguir remando.

Si sólo pudiese elegir uno de sus platos, ¿cuál sería?

Me quedaría con el de la final.

¿Le sorprendió ver a su madre allí?

Sí, fue muy intenso. Con lo que cuesta conseguir un visado... No sólo me la trajeron, dejaron el billete abierto para el tiempo que yo quisiera. Gracias a ellos mi madre se pegó unas vacaciones estupendas a mi lado. Estoy encantada.

Todo el mundo se lo pregunta, ¿abrirá un restaurante?

Desde luego. Otro aprovecharía el boom del momento, pero antes voy a centrarme en estudiar, me gustaría hacer prácticas con Jordi o Pepe. Realmente, yo quiero ser chef, lucho por superarme.

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