Kim Kardashian lleva a su hija a hacerse tratamientos faciales

La pequeña North West, de solo diez años, es usuaria habitual de centros de belleza. Como ella, cada vez más adolescentes desarrollan una peligrosa y precoz obsesión por la estética. Esta no solo implica riesgos para la piel, sino también psicológicos
Kim Kardashian. INSTAGRAM
photo_camera Kim Kardashian. INSTAGRAM

Kim Kardashian ha hecho de su vida un escaparate, en el que poco a poco ha ido introduciendo a su familia. El éxito de la película pornográfica Kim Kardashian, Superstar, en 2002, propició que protagonizase su propio programa de telerrealidad, Keeping Up with the Kardashians, en el que compartía la atención con sus cuatro hermanas y su madre.

Las nuevas estrellas emergentes son los cuatro hijos de Kim y su exmarido, el rapero Kanye West, que se incorporan al show pisando fuerte. Pero algunos de sus pasos resultan más que cuestionables.

Su primogénita, North West, de solo diez años, ya es usuaria habitual de centros de belleza, a los comque acude para hacerse tratamientos faciales. La propia Kim ha publicado en sus redes sociales una serie de imágenes en las que se ve a la niña tumbada en una camilla mientras una esteticista le aplica distintos productos en el rostro.

¿En qué consiste?

La adicción a comprar y usar compulsivamente cosméticos ya cuenta con un término para definirla: cosmeticorexia. Pero hacerlo en edades tempranas agrava aún más este comportamiento obsesivo.

Porque la hija de Kim Kardashian no es la única menor —aunque tal vez sea una de las más precoces— que utiliza tratamientos estéticos de adultos.

Un organismo asociado a la universidad estadounidense de Columbia, el Center for Childrens Enviromental Health, ha realizado un estudio sobre el uso de cosméticos por niñas menores de 12 años. Sus conclusiones señalan que "un 36% utiliza principalmente productos de belleza infantiles, aunque este porcentaje también accede a artículos de cuidado y maquillajes para adultos".

Cada vez más niñas y adolescentes adquieren cosméticos que se convierten en virales en las redes, muchos de los cuales contienen ingredientes como retinol o ácido hialurónico, dos activos con efecto antiedad. El resultado es la aparición de problemas de dermatitis, acné o sensibilización cutánea.

Amenaza psicológica

Las redes sociales, valiéndose de todo tipo de filtros y maquillajes, exhiben un muestrario de bellezas perfectas que no son reales, pero que se convierten en el ejemplo de los más jóvenes. Estos, al no acercarse a esos cánones, pueden sufrir problemas de autoestima, ansiedad, depresión e incluso de trastornos alimentarios.