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Las Madres contra la droga cumplen tres décadas de lucha a golpe de "abrazos"

Integrantes del colectivo Érguete, protestando en el Pazo de Bayon, propiedad de Laureano Oubina, en 1994
Integrantes del colectivo Érguete, protestando en el Pazo de Bayon, propiedad de Laureano Oubina, en 1994
Hijos, hermanos, sobrinos o amigos. Todas sufrieron de cerca la lacra de la droga y se unieron para denunciar los puntos de venta y la "connivencia policial". Estas madres, que llegaron a ser 500 a principios de los 90, reciben ahora la medalla de oro de Madrid como reconocimiento a su trabajo de acogida y divulgación. Pero ellas insisten, más que premios, piden ayudas para solucionar los problemas de la drogadicción y que la administración "no se desentienda"

Se echaron a la calle para denunciar los puntos de venta de droga hace 30 años, cuando este tema todavía era tabú en España, y desde entonces las Madres unidas contra la droga, que este domingo reciben la Medalla de Oro de Madrid, no han dejado de luchar y de acoger a las víctimas a golpe de protestas y "abrazos".

Una de ellas, Maite, sufrió la adicción de su hijo desde que éste empezó con los canutos, con 14 o 15 años, hasta su muerte. Superado ya el duelo, sigue en contacto con este colectivo que le aportó mucha "compañía" en un momento de su vida en que se encontraba "derrotada". "Se murió (su hijo) a los 45 años...: demasiado, el pobre, porque normalmente no duran tanto", cuenta a Efe Maite.

En la misma línea se expresa Rosa, que, en su caso, perdió a un hermano por culpa de la droga. "Era un chico muy deportista, no sabíamos qué le pasaba", dice.

La asociación, creada en 1986, recibe este domingo una de las cuatro Medallas de Oro que otorga el Ayuntamiento de Madrid por su labor, que dio como fruto los planes contra las drogas. "Había que denunciar, presionar, exigir y contarle al mundo qué estaba pasando", señala otra de estas madres unidas contra la droga, Carmen Díaz Bermejo.

"La cocaína la usaban los ricos, pero la heroína entró por la periferia; eran muertos andantes"



Junto con otras dos madres, Sara Nieto y Carmen Merino, puede considerarse una de las fundadoras de la asociación gracias al empuje que le dio tras una concentración en la que pedían la "libertad a prueba" para los jóvenes que habían delinquido por sus problemas de drogadicción.

Ninguna de las tres tenía hijos enganchados, pero vieron claro que su lucha tenía que ser la droga, que en aquellos años afectaba a miles de jóvenes de los barrios obreros de la periferia de Madrid. "La cocaína la usaban los ricos, pero la heroína entró por aquí; eran muertos andantes", recuerda Carmen.

Ella y el resto de madres comprometidas con esta causa se lanzaron a la calle con pancartas, cacerolas, pañuelos al cuello y chapas con una imagen de una jeringuilla rota para denunciar los puntos de venta de droga y la "connivencia policial". "Queríamos medidas sociales y no policiales, centros en vez de cárceles", añade.

En los primeros años llegaron a ser 500 madres, la mayoría amas de casa sin apenas formación, y mucho menos jurídica. Por eso, no tuvieron reparos en pedir consejo a profesores, abogados y jueces cercanos a su lucha, como la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, a la que conocieron a finales de los 80, cuando trabajaba en el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria. "Hizo una buena labor en las cárceles, porque le contábamos lo que estaba pasando", dice Carmen.

ACCIONES REIVINDICATIVAS. El carácter reivindicativo ha sido una de las señas de identidad de Madres unidas contra la droga, que, a lo largo de su historia, ha protagonizado decenas de manifestaciones, concentraciones y encierros, como el que tuvo lugar en la Catedral de la Almudena en 1997 en contra de las torturas a presos y que duró una semana.

Para llamar la atención con sus denuncias, llegaron a acampar en el paseo del Prado, a organizar una pitada en los juzgados de la plaza de Castilla y a desnudarse delante de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias.

La acogida ha sido el otro pilar fundamental de la asociación desde su germen, cuando se celebraron las primeras asambleas de madres en la Parroquia de San Pablo, de donde pasaron a la de San Carlos Borromeo, en el madrileño Entrevías, perteneciente al distrito de Puente de Vallecas.

"Fueron los chavales los que nos trajeron a la lucha; si no fuese por ellos, no existiríamos. Con ellos aprendimos a luchar y el perdón"


La conexión con estas parroquias se produjo a través de Enrique de Castro, conocido como el Cura Rojo, quien empezó a contactar con los jóvenes drogodependientes. "Lo que ha funcionado desde el principio ha sido el abrazo, el cariño", asegura Carmen, quien añade que, gracias a la asociación, las madres "encontraron un lugar donde expresar su dolor".

Actualmente, Madres unidas contra la droga cuenta con tres casas de acogida en Madrid y sigue teniendo como epicentro la parroquia de Entrevías, donde se reúnen todos los martes.

La asociación madrileña fue un ejemplo a seguir por toda España con otros grupos similares, como Erguete en Galicia, fundamentalmente en la década de 1980, cuando se produjo el boom de la droga.

Carmen reconoce que el problema ha cedido en parte, aunque en el caso de Madrid persiste con fuerza en lugares como la Cañada Real, "con el agravante de que han quitado las ayudas para la drogodependencia". Por eso, más que premios, desde Madres unidas contra la droga quieren que las administraciones no se desentiendan de este problema y no dejan de promover charlas en colegios e institutos para concienciar a los chicos.

Aun así, agradecen la Medalla de Oro de Madrid, que dedicarán a los jóvenes fallecidos por la droga, mucho de los cuales llegaron a convertirse en hijos para Carmen. "Fueron los chavales los que nos trajeron a la lucha; si no fuese por ellos, no existiríamos. Con ellos aprendimos a luchar y el perdón", afirma.

Las Madres contra la droga cumplen tres décadas de lucha a golpe de...
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