Generación Letizia

Mujeres reales de medio siglo

Ocho pontevedresas que, como la reina Letizia, han cumplido o cumplirán 50 años en 2022, trazan a través de sus recuerdos y vivencias el perfil de una generación de mujeres que se formaron y accedieron al mercado laboral para gozar de una autonomía e independencia que, en muchos casos, no tuvieron las generaciones anteriores. Así es la quinta del 72.
Pontevedresas que, como la reina, han cumplido o van a cumplir 50 años en 2022, trazan el perfil de las mujeres de la quinta del 72. DAVID FREIRE
photo_camera Pontevedresas que, como la reina, han cumplido o van a cumplir 50 años en 2022, trazan el perfil de las mujeres de la quinta del 72. DAVID FREIRE

El próximo jueves la reina Letizia (Oviedo, 1972) cumple 50 años. Los últimos 19 los ha vivido resguardada (y atenazada) por los gruesos muros de la Zarzuela, pero hasta el 2 de noviembre de 2003, cuando la Casa Real anunció el esperadísimo compromiso matrimonial del entonces príncipe Felipe con la periodista, la hoy reina fue simplemente Letizia Ortiz Rocasolano, una mujer de su tiempo que creció en los primeros años de la democracia, estudió una carrera universitaria, viajó por todo el mundo, desarrolló una exitosa trayectoria profesional e incluso vivió un divorcio antes de casarse en segundas nupcias con Felipe de Borbón.

La reina Letizia. EUROPA PRESS
La reina Letizia. EUROPA PRESS

Con motivo del cumpleaños de la monarca, ocho pontevedresas nacidas en 1972 hacen un retrato, a través de sus vivencias y recuerdos, de esa generación de mujeres que, como Letizia Ortiz, han alcanzado o van a alcanzar el significativo medio siglo de vida en 2022. Son Chus López, Beatriz Pavón, María José Suárez, Ana Vázquez, Belén Pérez, Mónica Valle, Rocío Carballal y Araceli Poblador. Son mujeres –"chicas más que señoras"– de diferentes perfiles (solteras, casadas, divorciadas, con o sin hijos, de ciudad y del rural...) que vivieron una infancia de juegos en la calle, transitaron por la adolescencia y juventud en los 80 y 90 a ritmo de Europe, Duncan Dhu o A-ha y se formaron y accedieron al mercado laboral para gozar de una autonomía e independencia que no tuvieron muchas mujeres de las generaciones anteriores.

Chus López

Nacida en A Coruña pero afincada en Poio desde muy pequeña, Chus López fue la primera en estrenar la quinta década. Lo hizo el 5 de enero sin atisbo de crisis, pero consciente de que empezaba una nueva etapa. "De los 40 a los 50 fueron los años de madurez y ahora que cumplí los 50 para mí es una época de cambio. Empiezas a decir no tengo el cuerpo para tonterías", afirma.

En su memoria guarda los recuerdos de "una infancia muy feliz y enriquecedora". "Aunque no teníamos los medios tecnológicos de ahora, disfrutábamos mucho jugando al aire libre. Aprendíamos mucho en la calle, no teníamos ese miedo a estar solos. Ahora todos los niños están megacontrolados. Jugábamos a la goma, a la comba, al brilé, al escondite... Aunque suene machista, también a cocinitas con cosas del campo (piedras, hierbas...), hacíamos cabañas... Cosas que ahora ya no se hacen", cuenta. Como todas las niñas nacidas en los 70, Chus tuvo una muñeca Nancy, en su caso varias ("incluso la negra que era muy difícil de conseguir"), y cuando cursaba 7º de EGB (Educación General Básica), con doce años, le llegó la Barbie. "Yo jugué con muñecas hasta 8º", señala.

Vivieron una niñez de juegos en la calle, como la comba, la goma, las canicas o el brilé

Entre sus recuerdos infantiles también dejaron huella los efectos de la crisis económica que azotó España en los 80: "Recuerdo que cuando mi padre trabajaba en la empresa de construcción Raimundo Vázquez, que cerraba, había manifestaciones y todos los de la empresa llevaron a sus hijos. Recuerdo que cuando los antidisturbios gritaban a cargar y mi padre nos mandaba correr".

Los de la adolescencia, cuando estudiaba BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) y COU (Curso de Orientación Universitaria) en el instituto Sánchez Cantón, fueron años de discotecas, primeras borracheras y también primeros amores. "Mi primera borrachera fue con chiquita de ribeiro. Salíamos e íbamos de bar en bar o de discoteca en discoteca. Aquella época era más de discoteca, que aquí en Pontevedra eran Atlántida, Viñetas... Conocías a chicos y en aquellos años aún te sacaban a bailar. Yo el primer chico del que me enamoré, con 15 o 16 años, lo conocí en el Mercantil y me sacó a bailar", recuerda.

Chus López. CEDIDA
Chus López. CEDIDA

A la hora de encaminar su futuro laboral, Chus se decantó por Ingeniería Técnica Industrial, "un mundo muy masculino". "Entré en la facultad, en Vigo, y éramos dos chicas en una clase de cien. En la facultad no encontré machismo, pero sí a la hora de buscar trabajo. Mientras mis compañeros salían y ya los llamaban para trabajar, incluso sin acabar la carrera, yo tuve que especializarme con un máster de prevención de riesgos para poder encontrar trabajo. Después encontré mucho machismo en el mundo en el que me sigo moviendo", subraya Chus, que, en aras de mejorar su desarrollo profesional, durante 17 años trabajó fuera de Galicia.

Casada desde hace 15 años y sin hijos, y tras haber superado un cáncer de mama y episodios de ansiedad, el balance de sus primeros 50 años de vida es muy positivo. "El cáncer me cambió la visión de la vida. Antes valoraba mucho más el trabajo y ahora valoro mucho más mi salud y la vida con la familia y los amigos. Considero que he sido una mujer que me he buscado la vida en un mundo muy masculino. Nadie me ha ayudado nada. He tirado para delante y me considero bastante guerrera para la época. A pesar del cáncer, que es lo peor que he pasado, creo que soy una mujer muy afortunada en la vida, tanto en lo profesional como en lo personal", afirma.

"Somos una generación pionera en muchos aspectos. Las mujeres empezamos a destacar en muchos campos, teníamos ganas de hacer cosas. No éramos personas cómodas, a las que le daban todo hecho. Éramos muy autónomas, nos buscábamos la vida", concluye respecto a la quinta del 72.

Han gozado de una autonomía y libertad que, en muchos casos, no tuvieron sus madres

María José Suárez

Separada y con dos hijos, de 17 y 13 años, María José Suárez sopló las 50 velas el 28 de mayo y aunque reconoce que "algo de crisis hay", se muestra convencida de que "los 50 son los nuevos 30".

Sus primeros recuerdos están ligados a Sanxenxo, donde nació y donde la crio su abuela cuando la localidad todavía no había alcanzado el estatus de capital turística de las Rías Baixas. Sus años de EGB transcurrieron en Cambados, donde recibía también clases de mecanografía y baloncesto y se divertía con su pandilla de amigas, aficionadas a la música de Aerolíneas Federales, Duncan Dhu, Siniestro Total o Golpes Bajos. "El ocio era en la calle. Estábamos todo el día patinando en la plaza del Ayuntamiento de Cambados o jugando", recalca.

María José Suárez. CEDIDA
María José Suárez. CEDIDA

Aunque BUP y COU lo cursó en el instituto Sánchez Cantón de Pontevedra, su lugar de ocio siguió siendo Sanxenxo. "Salía sobre todo en Semana Santa y en verano. En invierno me dedicaba a estudiar para hacer una carrera que me permitiera ser autosuficiente económicamente", destaca María José, en cuyos veranos también ocupó un lugar destacado el trabajo. "Desde los 14 años trabajaba para ganar dinero para poder ir de viaje al extranjero: a Francia, a EE UU, a Inglaterra... Empecé cuidando a una niña, después en inmobiliarias, comercios, hostelería...".

A la hora de ir a la universidad, se decantó por estudiar Derecho en Santiago de Compostela, algo que ya se veía venir desde pequeña, pues cuando en 1978 llegó a su buzón la Constitución que sería sometida a referéndum en diciembre de 1978, María José, con tan solo seis años, se la leyó entera.

Su formación, que posteriormente amplió, le permitió trabajar desde hace 22 años en Promoción Económica y Desarrollo Local en el Concello de Poio. "No me encontré dificultades porque si uno está motivado y tienen ganas de tirar hacia delante, ni ser mujer ni nada te frena. Yo creo que las limitaciones nos las ponemos nosotras mismas", sostiene María José, ahora residente en Pontevedra.

Aunque le da "un poco de pena haber pasado otras etapas que volvería a pasar de nuevo", el balance que hace de estos 50 años es "muy positivo". "Me considero una persona con mucha suerte en la vida. Suerte producto del esfuerzo –aclara–. Soy luchadora y me gusta conseguir todo lo que quiero. No es que lo consiga siempre, pero con lo que consigo me conformo".

Respecto a su generación, destaca que tiene "un panorama mundial y económico diferente, más inestable que las anteriores", y, respecto a las que vienen, espera que tengan "la misma fortaleza para luchar y seguir adelante, pero –adiverte– les viene un mundo complicado".

Se definen como una generación fuerte, muy luchadora y con un espíritu muy joven

Beatriz Pavón

La pontevedresa Beatriz Pavón cumplirá los 50 el 25 de noviembre y lo hará muy satisfecha por todo lo que ha vivido. "Disfruté cuando tenía que disfrutar, luego me casé y formé una familia. Estoy encantada porque disfruté todo con sus etapas. Ahora disfruto de ver crecer a mis hijos (de 18 y 14 años) y espero seguir viéndolos crecer", destaca.

Sobre su infancia, los mejores recuerdos tienen como escenario las aldeas de sus abuelos, Samieira y Carballedo. "Estábamos todo el tiempo jugando con mis primos fuera de casa. Veíamos poco la tele. De hecho, creo que cuando nací no teníamos, la tuve con cuatro años aproximadamente. También recuerdo que íbamos a la playa los domingos varias familias y comíamos ya allí. Comparándolo con hoy en día, que es todo telefonía y la Play, era todo lo contrario. Hoy se pierden muchísimas cosas", subraya. Aunque entre sus muñecas no faltaba la Nancy, el Nenuco y las Barriguitas, Beatriz insiste en que ella era "más de pelota". "Yo en el colegio (estudió en el San José) jugaba al fútbol con las naranjas de los árboles de la plaza del Teucro", apunta.

Beatriz Pavón. CEDIDA
Beatriz Pavón. CEDIDA

Tras finalizar BUP y COU en el Valle Inclán, estudió Enfermería en Vigo. "Fue entonces cuando empecé a salir, más tarde que temprano. Tomabas alguna copa pero salías sobre todo a bailar con las amigas y a pasarlo bien. Salíamos en el Viñetas, más tarde en Carabás y, sobre todo, por la zona de Los Carballos. Antes de los 18, yo hacía piragüismo y salía con la pandilla del club, pero solo a dar una vueltecita", precisa.

El acceso al mercado laboral en su caso fue un camino sin obstáculos. "Tuve mucha surte, acabé de estudiar y ya empecé a trabajar y hasta ahora. Antes trabajaba en una empresa privada y ahora estoy en el Sergas", explica. Tampoco la conciliación de la vida laboral y familiar supuso un problema: "Siempre tuve facilidades".

Respecto a su generación, Beatriz destaca su capacidad de esfuerzo: "Nosotros valoramos mucho más las cosas porque nos costaba trabajo conseguirlas. Hoy en día tienen las cosas más fáciles porque muchas veces se las damos nosotros hechas. Entonces no las valoran. Les falta un poco de disciplina, de pelear las cosas para conseguirlas".

Ana Vázquez

La de Ana Vázquez, nacida en Ourense el 4 de julio de 1972, pero residente en Vigo desde el año 2000, fue una infancia marcada por la emigración. "Con tan solo unos meses mis padres me dejaron con mi abuela en Cotelas, un pueblo a un kilómetro de Cea, y se marcharon a Alemania, donde estuvieron cuatro años. Eran tiempos difíciles", destaca. Aunque cuando nació su hermano, al que le lleva cinco años, regresaron, cuatro años después se volvieron a marchar, en esta ocasión a Suiza. "Hasta los 15 años estuve sin mis padres. Lo que recuerdo son los juegos en el pueblo, sobre todo con los niños, porque las niñas eran más pequeñas. Entonces yo jugaba a las canicas, a los derrapes en bicicleta, al fútbol...", cuenta Ana.

Desde los 12 a los 15 estuvo interna en las Carmelitas de Ourense y, posteriormente, ya afincada en la ciudad de As Burgas con sus progenitores, terminó BUP y COU. "Como todos los adolescentes íbamos al Parque San Lázaro a hablar con un grupo de amigos y cuando tenía 15 o 16 años íbamos a una discoteca los domingos por la tarde a bailar la Lambada", comenta Ana.

Ana Vázquez. CEDIDA
Ana Vázquez. CEDIDA

La adaptación a la vida con sus padres fue "difícil" y cuando llegó la hora de escoger una carrera universitaria el objetivo de Ana era "irse fuera" para realizar estudios de un perfil creativo como Periodismo o Publicidad. Aunque logró plaza en Madrid, finalmente, convencida por sus padres, que la instaban a estudiar una carrera "con salidas", eligió Derecho y se trasladó a Santiago. Aunque con un intento de cambio de rumbo y un conato de abandono para ser azafata de vuelo de por medio, finalmente Ana acabó sus estudios de Derecho con éxito en la facultad de Ourense e incluso disfrutó de una beca Erasmus en Irlanda. "Siempre fui muy independiente, con ganas de conocer diferentes cosas", subraya Ana, que desde el 2000 es agente de empleo en el Concello de Mos.

"Yo creo que aproveché bien mis 50 años, tanto a nivel laboral como personal –asegura Ana–. Viajé todo lo que pude, tuve muchas relaciones porque nunca quise tener una relación demasiado estable ni hijos para no tener sujeciones. Siempre hui de eso hasta que a los 35 conocí a un chico y después, a los 37, nos casamos (ahora está divorciada) y me quedé embarazada. Ahora estoy encantadísima con mi hijo. Fue lo mejor de mi vida", insiste.

La crisis de los 50 ni la tiene ni la espera. "Intento siempre llenar mi vida con experiencias y con las cosas que me gustan. Mi actual pareja y yo nos conocimos gracias al baile latino y no paramos. Siempre estoy buscando cosas e intentando que la vida de mi hijo sea lo más completa posible".

"Las señoras de 50 años ahora –dice Ana entrecomillando verbalmente la palabra– somos muy diferentes a las de antes. Antes tenían una vida como más clásica: con familia, casa, marido... Ahora buscamos más experiencias para nosotras mismas, cuidarnos un poco más. Ya no aguantamos como antes. Intentamos buscar nuestros objetivos y acompañar a quien nos acompañe".

Belén Pérez

A la pontevedresa Belén Pérez le queda justo un mes para pasar la frontera del medio siglo y asegura que no cambiaría "la edad de ahora por los 25 ni por los 30". "Yo no quito nada. Todo es aprendizaje. Lo bueno y lo malo te sirve para aprender. Yo no tuve ni la crisis de los 30 ni la de los 40. Me gusta cumplir años y me veo estupenda. Tendría que bajar kilos porque con el embarazo engordé 22, pero cumplir años me encanta. Es más, estoy organizando la fiesta de los 50, por supuesto", afirma Belén, soltera y madre de un niño de ocho años.

La crisis de los 50 les ha pasado de largo y consideran que envejecer es un lujo

De su infancia, como todas sus coetáneas, recuerda las tardes de juegos en la calle, en su caso en el barrio de Pasarón. "Había un terreno, que ni siquiera era parque, y era llegar del cole, coger la merienda y juntarnos allí todos a jugar a juegos de los de antes, con lo que hubiera. Ahora tienen los videojuegos y 50.000 cosas, pero a mí hijo siempre le digo no sabes lo que te estás perdiendo", comenta Belén.

Belén Pérez. CEDIDA
Belén Pérez. CEDIDA

A los 14 años, cuando llegó al instituto (estudió en A Xunqueira) empezó a salir por la tarde. "Íbamos a dar una vuelta por la Alameda y volvíamos para casa. Después empezamos a ir a la sesión de tarde del Mercantil y un poco más mayores íbamos a la Zona, al Viñetas, a la parte de arriba de Daniel de la Sota...". Los estudios de Empresariales la llevaron a cambiar Pontevedra por Vigo, donde se quedó vivir hasta que, con 40 años, decidió tener un hijo. "Me dijeron que era muy mayor, pero tuve suerte y salió bien", cuenta Ana, que desde hace 23 años trabaja como contable en una empresa de la ciudad olívica. "Tuve mucha suerte. Tengo disponibilidad y desde que tengo al niño solo voy a Vigo por la mañana y por la tarde trabajo en casa. Pude conciliar desde siempre", recalca.

El balance de estos 49 años y once meses es "muy bueno": "A medida que cumples años eres más sensata. No te tomas las cosas como cuando tienes 20 o 30 años, que parece que se te acaba el mundo. Yo, en ese sentido, soy más calmada ahora. Tomo la decisión cuando pasa algo, no me agobio sin necesidad antes de tiempo".

Mónica Valle

Natural de Ponte Caldelas, donde ha residido toda su vida, Mónica Valle estrenó los 50 el 15 de julio. Lo hizo sin dramas ni agobios. "La crisis la tuve a los 40. Fue entonces cuando pensé: ¿Habré vivido la mitad de mi vida?. Ahora, como ya sé que es menos de la mitad lo que me queda ya no me importa. Es más, creo que envejecer estando como estamos es una suerte", afirma.

Su niñez, aunque transcurriese en el rural, no fue tan diferente a la de las niñas urbanitas y en sus estampas infantiles no faltan el brilé, las caninas, la Nancy o las Barriguitas. Recuerda especialmente los veranos, cuando el pueblo recibía muchos visitantes de fuera. "Ponte Caldelas era un pueblo al uso, pero un poco más adelantado porque venía mucha gente. En verano venían los de Madrid y nos mezclábamos todos, niños y niñas. Uno de los juegos más divertidos era cuando antes de la fiesta echaban arena en la alameda. Hacían montoncitos y los dejaban para que operarios municipales los extendieran. Nosotros saltábamos y lo pasábamos genial", recuerda.

Mónica Valle. CEDIDA
Mónica Valle. CEDIDA

También le hacían especial ilusión los viajes a Pontevedra o a Vigo. "Aunque nuestros padres tenían coche, no iban a la ciudad cada dos por tres. A veces, si tenían que ir te llevaban y era una maravilla porque no la conocíamos".

Pero ella y sus coetáneas pontecaldelanas descubrieron realmente la Boa Vila cuando iniciaron sus estudios de BUP en el Sánchez Cantón. "Yo recuerdo que copábamos clases en 1º y dábamos paseos, conocíamos las iglesias... Yo tenía curiosidad por ver lo que había. Una cosa que hacíamos era ir a los juzgados a ver juicios. Recuerdo aquello de con la venia de su señoría... Teníamos mucha curiosidad. Había compañeros de Dorrón, Raxó... y vivíamos lo que era la ciudad porque de aquella no se movía uno tanto", explica.

Eso sí, para salir a divertirse, nada mejor que Ponte Caldelas. "Había unos pubs con un ambiente buenísimo y venía mucha gente de Pontevedra. Entonces no teníamos esa necesidad de bajar a la ciudad. Luego, en verano íbamos a las fiestas de Antas, de A Lama, de Forzáns...", indica. La banda sonora de aquellos años la firmaban Europe, Miguel Bosé, Duncan Dhu, A-ha, Duran Duran y, en su caso, Julio Iglesias, su gran pasión.

Transitaron por la adolescencia y juventud en los 80 y 90 a ritmo de Europe, Duncan Dhu o A-ha

"Tenía un grupo de amigas (del que formaban parte Rocío Carballal y Araceli Poblador, que ofrecerán su testimonio a continuación) y lo pasábamos muy bien, aunque no hacíamos como hacen las jovencitas de hoy, que viajan por ahí con amigas".

Ahora, en cambio, Mónica es una viajera empedernida. De hecho, esta misma semana la pasó en París. "Viajo mucho sola y tengo curiosidad por salir y conocer, aunque cuanto más viajo y conozco lo que hay fuera más me gusta lo que tenemos aquí", matiza.

Y si algo no ha perdido con los años es la curiosidad. "Era un terremoto y sigo siendo así", apunta Mónica, al tiempo que confiesa no haber sido "una gran estudiante". "Pero sí me interesaba conocer. Siempre fui muy curiosa, no cotilla pero sí curiosa", insiste. Buena estudiante o no, terminó la carrera de Económicas en la Universidad de Vigo y, tras comenzar su vida laboral en la ciudad olívica, gracias a una subvención logró una plaza como agente de desarrollo local en el Concello de Ponte Caldelas. "Y ahí me quedé. Feliz", resalta.

Soltera y sin hijos, Mónica califica sus primeros 50 años de vida de "muy positivos". "Tenemos una gran suerte de haber tenido las oportunidades que tuvimos gracias a que mucha gente de antes se preocupó de ello. Yo nunca tuve sensación de ser menos. Mi abuela, que era una mujer educada en el machismo pero que sin saberlo era feminista, nos decía: Tedes que ter o voso traballiño e ser independentes. Yo –añade–, busco la igualdad trabajándola. No por ser mujer voy a dejar de hacer algo".

Para describir a su generación no escatima calificativos: "Es una generación viva en todos los sentidos, con ilusión, con fuerza, con positividad, que tira para delante. Nos animamos a lo que haga falta y tenemos un espíritu muy joven", concluye.

Araceli Poblador

El 17 de mayo fue el día que Araceli Poblador alcanzó el medio siglo. "Parece que le das la vuelta al jamón, pero no tuve crisis", afirma entre risas.

Amiga desde la infancia de Mónica, los recuerdos de su niñez en Ponte Caldelas, donde sigue viviendo, son también muy felices. "Con muy pocas cosas lo pasábamos fenomenal. Al no tener videojuegos ni redes sociales hacías muchísima vida en la calle con tus amigos: juegos de equipo, brilé... Jugabas mucho más y eso enriquece", destaca.

Araceli Poblador. CEDIDA
Araceli Poblador. CEDIDA

En torno a la mayoría de edad, empezó a salir en otro plan, "pero siempre bajo la supervisión de mi madre", aclara Araceli, que perdió a su padre a los 17 años. "Aquí donde vivíamos había tres o cuatro pubs a los que íbamos habitualmente. Alguna ya empezaba a tener coche y a veces ya te desplazabas, a Pontevedra o a otros sitios... También recuerdo un montón jugar al billar", cuenta.

Tras cursar BUP y COU en el instituto Sánchez Cantón, Araceli realizó un ciclo superior de administrativo en Vigo. "Luego me seguí preparando, en la Escuela de Idiomas y otros cursos y con 24 o 25 años ya empecé a trabajar, primero con empresas de trabajo temporal y al final ya me hicieron fija. Llevo 25 años en la misma empresa, que está solo a 11 kilómetros de donde vivo", subraya.

Tras contraer matrimonio, con 27 años, a los 29 se convirtió en madre de su primera hija y tres años después tuvo a la segunda. "A la mayor la tuve con 29. Ahora se ve joven porque lo normal es empezar a los 34", apunta. Al contrario de lo que sucede ahora, en su caso la conciliación no fue un problema. "Tuve cuatro o cinco meses de maternidad y ya me puse a currar. Tenía una persona que me echaba una mano y mi madre también me ayudaba", precisa.

En su balance de estos 50 años precisa que "hay cosas positivas y negativas", pero se considera "una mujer afortunada, en el aspecto familiar y también en el laboral".

Aunque Araceli no ve a las mujeres de su generación tan distintas a las más jóvenes, destaca su capacidad de lucha y emprendimiento, pero, insiste, "las mujeres siempre han sido así".

Rocío Carballal

La generación Letizia acoge a Rocío Carballal por los pelos. Y es que no entrará en los 50 hasta el 30 de diciembre. "Y porque nací en México, que en España ya era el 31", comenta con humor. Su relación con el país azteca fue muy estrecha hasta su adolescencia. "Viví entre México y España hasta los 14 años. Fui una niña muy feliz. Pasaba cuatro o cinco meses en México y estudiaba en Pontevedra, en el Colegio Estudio, lo que ahora es el SEK. Los fines de semana los pasaba en Ponte Caldelas. Tuve una infancia muy feliz, muy despreocupada. Todos los juegos eran en la calle, tanto en Pontevedra como en Ponte Caldelas. En Pontevedra ibas a Las Palmeras y en Ponte Caldelas los padres te dejaban solos y ya era la despreocupación total", cuenta Rocío, que hace cinco años estableció su residencia de forma fija en Ponte Caldelas.

Rocío Carballal. CEDIDA
Rocío Carballal. CEDIDA

De su adolescencia, aunque estudió en Las Acacias, en Vigo, recuerda las salidas por Pontevedra con sus amigas. "Íbamos a tomar un refresco a la Bolera, luego ibas a dar un paseo por la Zona. Yo siempre era la que tenía que estar más temprano en casa, a las diez, y me daba una rabia horrorosa. Eso ya con 16 o 17 años. Cuando tenía 14/15 iba al cine, después a tomar un refresco y ya me venía", rememora Rocío.

En su adolescencia tuvo que afrontar uno de los episodios más duros de su vida: "Tuve anorexia con 16 años. Me fui a estudiar a Inglaterra un verano, tuve un problemilla y dejé de comer. Eso dificultó que me fuera a estudiar fuera porque mis padres no querían que saliera de Galicia", señala.

Así las cosas, Rocío estudió Marketing en A Coruña y, con un padre empresario, reconoce que el acceso al mercado laboral no fue difícil. Tampoco la conciliación lo fue cuando, tras casarse, se convirtió en madre de un niño que ahora tiene 16 años.

A la hora de hacer balance, Rocío, que ahora está separada, destaca que ha habido "épocas muy buenas y épocas muy malas", pero, subraya, "de las malas aprendí muchas cosas positivas, me han hecho la persona que soy ahora, con más aplomo".

Han tenido épocas buenas y malas, pero llegan al medio siglo felices, más sabias y sin ganas de volver atrás

En cuanto a las mujeres de su generación, tiene claro que si algo las distingue de las anteriores es la libertad. "Somos mucho más libres que nuestras madres. Entendemos la sociedad de forma distinta, menos enclaustrada en valores machistas y en el qué dirán. Pensamos en ser libres y vivir de forma correcta, con más libertad para estudiar, acceder al mercado laboral o viajar. Antes parecía imposible salir de tu casa si no llevabas a tu marido al lado", concluye.