Son familia, no mascotas

Tres jóvenes explican por qué los animales con los que comparten tiempo, espacio y emociones son tan importantes en sus vidas
Laura Martínez con su perra Tara. BEA CÍSCAR
photo_camera Laura Martínez con su perra Tara. BEA CÍSCAR

Desde enero de 2022, los animales de compañía tienen en España un estatuto jurídico diferente al de los bienes materiales –por lo que son considerados "seres vivos dotados de sensibilidad" y no como cosas– y se les confiere una consideración de miembros de la familia. Para ello fueron necesarios casi siete años y tres reformas legales (Código Civil, Ley Hipotecaria y Ley de Enjuiciamiento Civil).

Sin embargo, la mayoría de las personas que conviven día a día con animales de compañía no precisaban de una ley para considerar, tratar y querer a estos animales –perros y gatos en la mayoría de los hogares españoles–, como un miembro más de sus familias. Es más, entre las nuevas generaciones cada vez son más los que, en lugar de tener hijos, deciden tener un perro o un gato –perrhijos o gathijos–, dando lugar a las familias multiespecie, un nuevo modelo que cada vez está más asentado en España.

Laura, Roberto y Ainara todavía no saben si tendrán hijos o no, pero de lo que no tienen dudas es que Tara, Will y, en el caso de Ainara, sus gatas Sira, Leila, Chloe y Lía son su familia.

En datos
Los animales de compañía están cada vez más presentes en los hogares españoles y así lo constatan las cifras.

El 43% de los hogares tienen mascotas, de las cuales el 36% son perros o gatos.
Hay 9,3 millones de perros domésticos, frente a los 6,6 millones de niños menores de 14 años. En Galicia hay 2,5 perros por cada decena de personas. En la ciudad de Pontevedra hay registrados 18.000 perros, lo que supone 2,2 perros por cada diez habitantes.
Europa triplicó el número de canes en ocho años hasta alcanzar los 73 millones de perros censados en la UE a finales de 2022, según la Real Sociedad Canina de España (RSCE).
5, 9 millones de gatos es la cifra de felinos registrados en España en 2022, lo que la sitúa en octavo lugar en la lista de países con mayor número de gatos de compañía.
▶ Testamento. En Estados Unidos casi la mitad de los dueños incluyen a sus animales en su herencia. En España hay que hacerlo a través de terceros.

Laura Martínez, diez años con Tara ► "Para mí mi perra Tara es como una hija"

Los tatuajes de Laura Martínez
Los tatuajes de Laura Martínez

En el brazo izquierdo de Laura Martínez hay tres nombres tatuados, Golfo, Potter y Tara, los tres perros de su vida. Los dos primeros ya no viven, pero su recuerdo permanece imborrable y no solo porque la tinta haya perpetuado sus nombres y sus siluetas en su piel. "Los dos fueron adoptados y los dos fueron muy especiales para mí, sobre todo Potter, porque Golfo era más de mi hermana. Potter fue, en realidad, mi primer perro. Me lo regaló mi madre. Fue a la protectora a adoptarlo y lo eligió a él porque después de ver dos habitaciones llenas de cachorros él fue el único que no se levantó porque tenía una pata torcida. Mi madre preguntó si tenía cura, le dijeron que sí y a base de pastillas la verdad es que se le pasó. Cuando llegué a casa y lo vi fue amor a primera vista. Pasó sus 14 años conmigo y cuando se fue lo pasé muy mal. Tuve que llevarlo al veterinario para que lo durmieran porque tenia cáncer de hueso en la cabeza. Era un perro supercariñoso y superbueno, lo menos que podía hacer era acompañarlo hasta el último momento", cuenta esta joven marinense de 28 años con emoción.

Solo hablar de Tara, una podenca portuguesa de casi diez años, le devuelve la sonrisa. "La tengo desde que tenía un mes. Yo estaba en un bar con unas amigas y vi a un chico que estaba enseñando perritos. Yo en ese momento tenía a Golfo y a Potter, pero me fui para casa con las ganas y dándole vueltas al tema, pero no le dije nada a mi madre. Al final, como conocía al chico, fui a ver a los dueños. Estaban en una furgo, tenían un montón de perritos y la cogí a ella, que era la más pequeñita. Cuando la lleve a casa mi madre me dijo: ¡Oh, Dios mío, otro perro más!. Pero ahora está incluso más enamorada que yo", relata la joven.

Laura Martínez con su perro Potter, ya fallecido
Laura Martínez con su perro Potter, ya fallecido

Y es que el carácter de Tara es de los que conquistan: "Es supercariñosa, le encanta la gente, los perros menos, y le encanta dormir, el monte, rebozarse en todo lo que pueda, correr, los juguetes... Es muy vital, tiene casi diez años pero es como si tuviera tres o cuatro". Laura tiene claro que su vida es mejor con Tara que sin ella. "Un animal aunque no hable te da mucho cariño. Hay que vivirlo para entenderlo: cómo te miran, cómo se acercan a ti, la alegría con la que te reciben al llegar a casa... En momentos malos te mira, te apoya el hocico... Hay gente que no entiende que yo preferiría la vida de Tara a la de muchas personas, pero para mí es como una hija. De hecho, yo cuando se queda con mi madre le digo te quedas con la abuela –apunta Laura entre risas–. Mi madre la quiere con locura porque al estar yo trabajando pasa mucho tiempo con ella y a mí saber que mi madre no está sola también me alegra", añade la joven, que trabaja de dependienta en una tienda de ropa.

Cuando Tara se queda sola en casa una cámara está pendiente de ella de manera que Laura está al tanto de cualquier incidencia. "Si ladra yo me entero porque ya me avisa el móvil. A veces si me da pena porque la veo en la entrada esperando, le voy hablando. Ella me puede escuchar y le puedo dar premios con la cámara", explica Laura, para quien Tara es también una compañera de viaje. "Hacemos escapadas por Galicia en la furgo, sobre todo a playas en las que pueda estar ella. Fue en la tabla de paddle, en moto de agua...", rememora.

En cuanto a los gastos, "no son muchos, la pipeta, la comida y poco más porque afortunadamente no se puso enferma y el pelo se lo corto yo. Me da mucho más de lo que gasto", asevera.

Roberto Vázquez, hermano de Will ► "Un perro lo da todo por ti sin esperar nada a cambio"

Roberto Vázquez estuvo "toda la vida obsesionado" con los perros de raza beagle. En 2014, cuando era un adolescente de 15 años, el sueño del hoy profesor de Primaria se cumplió. "Un día de principios de verano mis padres me dijeron que íbamos a ir a Coruña, al Marineda, pero no fuimos allí, sino a buscar a Will a casa de un señor que tenía una perra que había tenido muchos cachorros y los regalaba. Fue una sorpresa increíble. A partir de ahí, yo estaba en una nube. Pasó a ser lo único que me importaba en la vida", recuerda Roberto.

Tras una triste experiencia con un perro anterior, también llamado Will, que murió envenenado a los dos años cuando Roberto tenía solo ocho, la familia se volcó con el beagle. "Desde siempre fue un perro muy bueno. Primero lo educaron mis padres, que lo hicieron muy bien porque siempre fueron apasionados de los perros , y cuando yo ya fui un poco más mayor, ya me encargué yo completamente", explica el joven marinense.

Además de "súper, superbueno", Will es "supercariñoso y cero agresivo". "Si en la calle otro perro le ladra, él agacha las orejas y se va para otro lado como diciendo no quiero problemas", comenta Roberto. "A veces no es tan obediente como nos gustaría porque esta raza es un poco cabezota, pero es un perro increíble", añade con orgullo.

Roberto Vázquez con su perro Will
Roberto Vázquez con su perro Will

"Para mí Will es como mi hermano pequeño", afirma Roberto sin dudarlo. "Entiendo que es un animal y que no se puede tratar como una persona porque no lo es y tratarlo así es un error, pero yo lo quiero como un miembro más de mi familia. Hemos vivido tantas cosas juntos, tanto buenas como malas, que es imposible no quererlo. Un perro cuando estás triste lo nota y simplemente está ahí contigo y ya está. Da todo por ti sin esperar nada a cambio. Will, cuando llego a casa, no hay ni una sola vez que no se levante y venga a saludarme. Para él lo soy todo", destaca Roberto.

El amor es mutuo. Por eso este joven marinense no dudó en hacer todo lo que estaba en su mano cuando, en 2020, el año de la pandemia, Will cayó enfermo. "Estaba acostumbrado a una vida muy activa y, un mes después de que se terminara la cuarentena, empezaron a fallarle las patas de atrás, no le respondían", explica Roberto. Tras un primer diagnóstico erróneo, un veterinario de Seixo dio en el clavo: tenía una hernia en la médula espinal y requería una operación de urgencia que, además de "peligrosa", era "costosa". En ese momento la familia pudo costearla y todo fue bien, pero un año y medio después la hernia reapareció y fue necesaria una segunda intervención, cuyos gastos –alrededor de 4.000 euros– la familia ya no podía sufragar. "Un amigo me convenció para hacer un crowdfunding. Yo quería recaudar 2.000 euros, del resto me encargaba yo, y en menos de 20 horas ya se había recaudado", precisa Roberto.

Pese a que la operación tenía mal pronóstico porque la hernia se había calcificado y solo se pudo limpiar la zona, dio buen resultado y, aunque Will ahora tiene que tomar medicación de por vida y "llevar ropa impermeable cuando llueve" para no mojarse, sigue siendo "el mismo perro de siempre, solo que un poco más gruñón", reconoce el joven. Además, su salud y su edad ya no le permiten hacer tantas cosas como antes. "Tenía una furgoneta para salir con Will y los perros de mis amigos, pero como ahora ya no puedo llevarlo la vendí. Antes íbamos mucho por ahí, con amigos o solos porque para mí es uno más. Yo hasta tengo conversaciones con él. A veces le digo: Si hablas me lo puedes contar que no se lo voy a decir a nadie", ríe.

Además de Will, en la casa que Roberto comparte con su madre y su hermana también vive una gata de año y medio, Doja, y puntualmente otros felinos mientras no encuentran quien los adopte. "Will se lleva muy bien con los gatos, yo creo que mejor que con los perros. Por eso somos casa de acogida", precisa. Respecto a cómo reparte su corazón entre Will y Doja, admite que la gata "juega en desventaja": "Con Will llevo muchos años. A ella la quiero un montón pero no es lo mismo".

Ainara Méndez, tiene 4 gatas ► "Arriesgué mi vida por mis gatas porque son mi familia"

Las cuatro gatas de Ainara Méndez
Las cuatro gatas de Ainara Méndez

Ainara Méndez siempre quiso tener un perro, pero su madre, que "no era muy de animales", no estaba por la labor por los esfuerzos que requería. Sin embargo, cuando hace diez años llegó a su casa la primera gata, Sira, a la que alguien había tirado en una finca, tanto Ariadna como su madre se fueron "familiarizando" y hoy el suyo es un hogar completamente "gatuno". Así, poco después de Sira, llegó Leila, que ahora tiene nueve años; luego Chloe, de ocho, y, finalmente, Lía, de seis. "Son todas recogidas de la calle y, por casualidad, son todas gatas", precisa Ainara, marinense de 24 años.

Aunque reconoce que la "espinita del perro sigue ahí", hoy por hoy sus cuatro gatas lo son todo para ella. "Los que no entienden el amor a los animales es que no valoran realmente la compañía y el cariño que dan. Yo con mis gatas nunca me siento sola. Y, por ejemplo, si entrara un ladrón, aunque mis gatas no me van a ayudar en nada, con ellas me sentiría segura y protegida", explica.

Incendio

Ainara quiere tanto a sus gatas que, en diciembre de 2022, cuando sufrió un incendio en su casa, arriesgó su vida por ellas. "Se incendió la cocina y con las cuatro gatas fue una locura. Lo primero que hice fue cerrar las puertas donde sabía que ellas podían estar para que no les fuese tanto humo y me fui rápidamente al trastero a buscar los transportines, pero estaba todo oscuro, lleno de humo... Solo pude sacar a dos porque a las otras dos no las encontré y tuve que salir porque estaba tragando ya mucho humo. Una vez fuera, ya no me dejaron volver a entrar. La ambulancia me quería llevar a Montecelo, pero yo no me quería ir sin coger las dos gatas que me faltaban. Al final los bomberos entraron, enfriaron todo y me dejaron subir a por ellas. Estaban asustadas, pero perfectas –cuenta Ainara–. Mucha gente me dice que cómo arriesgué mi vida, pero es que yo a mis gatas las considero parte de mi familia. Obviamente no sustituyen a un hijo y no antepongo la vida de ninguna persona por la de mis gatas, pero si puedo hacer todo lo posible para que estén bien lo voy a hacer", recalca Ainara.

Ainara Méndez con du gata Lía
Ainara Méndez con su gata Lía

Aunque descarta ampliar la familia porque cuatro "ya son demasiadas", insiste en que "merece mucho la pena". "Mucha gente dice que los gatos no son cariñosos, pero no es así. Yo cuando llego a casa ya están rascando la puerta desde que oyen el ascensor", destaca Ainara mientras la más pequeña de sus gatas, Lía, se restriega contra su cuerpo en busca de una caricia. "También se pueden hacer muchas cosas con los gatos. Yo a Lía, cuando la cogí de la calle, la tenía en mi piso de estudiante de Coruña y el fin de semana venía conmigo para aquí en el transportín e incluso tenía una correa y caminaba por la estación. Hasta la llevé alguna vez a la playa y todo", cuenta.

Cada una de sus gatas "tiene su carácter" y Ainara distingue perfectamente sus maullidos. Sira es "independiente", Leila es la más "sociable, nunca tiene miedo", Chloe es "pasota y dormilona" y Lía, "mimosa a niveles extremos". "Yo las quiero a todas, pero tengo debilidad por Lía. La tuve en Coruña conmigo y viví más cosas con ella. Para mí es como mi hija", concluye Ainara.

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