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Ucrania, Portugal y Grecia estarán en la final de Eurovisión del sábado

Alessandro Cattelan,  Laura Pausini y Mika durante la primera semifinal del festival de Eurovisión. EFE
Alessandro Cattelan, Laura Pausini y Mika durante la primera semifinal del festival de Eurovisión. EFE
Austria, Letonia, Eslovenia, Croacia, Albania, Dinamarca y Bulgaria, apeados de la competición

Necesitada de buenas noticias por pequeñas que fueran en medio de la debacle, Ucrania ha logrado este martes una victoria moral y mediática sobre Rusia en la primera semifinal de Eurovisión 2022 al confirmar sus opciones como gran favorita en una gala en la que también ha salido reforzada Grecia.

Junto a estos países han logrado el pase a la final que tendrá lugar el próximo sábado los candidatos de Suiza, Armenia, Islandia, Lituania, Portugal, Noruega, Moldavia y Países Bajos. La otra cara de la moneda la han representado Austria, Letonia, Eslovenia, Croacia, Albania, Dinamarca y Bulgaria, apeados de la competición.

Bajo la proclama de El sonido de la belleza, la primera gala de esta edición ha arrancado puntual desde el Pala Olímpico de Turín con una apelación (aunque enlatada) a la guitarra eléctrica que fue clave para el triunfo en 2021 de los italianos Maneskin. En su desarrollo ha habido espacio además para reivindicar otros sonidos bellos del país transalpino, como Fai rumore de Diodato, gran damnificado por la cancelación de la edición de 2020 (dos años después ha podido interpretarlo al fin en Eurovisión) y, aunque fugazmente, Fiesta de la icónica e inolvidable Raffaella Carrá.

En lo que concierne al concurso, la albanesa Ronela Hajati ha sido la encargada de abrir la velada empoderada y combativa con un Sekret de intenso ritmo tribal, ajena a las críticas y suspicacias que su propuesta y algunos de sus movimientos cerca de la zona genital parecían haber despertado durante los ensayos.

Tras ella, la organización se las ha apañado bien para alternar la abundancia de baladas con otros cortes más movidos, como el colorido disco-funk Eat Your Salad de los letones Citi Zeni con la elegante levedad jazz de la lituana Monika Liu en Sentimentai y el canto a la fragilidad masculina del "crooner" suizo Marius Bear en Boys Do Cry.

La enorme bola de cristales de los eslovenos LPS en otro funky, Disco, no ha evitado que aparecieran más inofensivos que contagiosos, sobre todo al lado de propuestas bulliciosas de fusión folk como la de los moldavos Zdob ?i Zdub & Advahov Brothers y Trenule?ul o la de los ucranianos Kalush Orchestra con Stefania.

De hecho, los grandes favoritos de las casas de apuestas han confirmado sus aspiraciones y, pese a las obvias dificultades a las que se enfrentaban tras la invasión rusa, han proporcionado una actuación eléctrica y muy pulida, ajena a los lastres técnicos de la edición.

Mucho se ha escrito en estos días sobre la decepción de los enormes arcos del fondo del escenario, que habían de ser la marca diferenciadora en Turín junto a la fuente de agua, pero que no solo no cumplen su función, sino que lastran algunas propuestas visuales que dependen de la pantalla del fondo.

Ha habido quienes no podrían apelar a los problemas escenográficos para justificar su falta de pegada, como los búlgaros Intelligent Music Project con un rock eléctrico sin ganchos originales, falto justamente de lo que pedía su canción, Intention

Mejor por comparación han sonado las danesas REDDI en su reinterpretación aunque edulcorada de las riot grrrl con The show, lo que no ha impedido que siguieran el mismo destino en la clasificación, como la balada a lo Taylor Swift de la croata Mia Dim¿ic, Guilty Pleasure.

Tampoco se ha salvado de la quema Austria, pese a encerrar al DJ LUM!X y la vocalista Pia Maria dentro de un enorme aro de luces estroboscópicas y esquizoides para poner en órbita su Halo.

Por contra, sin moverse de la misma idea de una pista de baile, Noruega sí ha conquistado apoyos suficientes con la mascarada de lobos amarillos de Subwoolfer y su cómica Give That Wolf A Banana.

Reforzados han salido igualmente quienes han apostado por la fórmula contraria, minimalista, sofisticada y alternativa, como la portuguesa Maro con Saudade, saudade, o la holandesa S10, quien cantando en neerlandés no ha podido evitar las lágrimas en el tramo final de De Diepte.

Aparentemente inofensivas, en esa estrategia acertada les han seguido las hermanas islandesas Systur con el lánguido country folk Með hækkandi sól y la armenia Rosa Linn con Snap.

Aunque si ha habido una candidatura que ha congregado los mayores aplausos apelando a la emoción, esa ha sido Die Together de Amanda Tenfjord, una suerte de Lorde griega que, alzándose sobre un cementerio de sillas desvenzijadas, se ha postulado como otra posible candidata sorpresa al triunfo final. 

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