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Llaman al equipo de forenses para que examine un crimen cometido en pleno vuelo: un hombre ha muerto pateado

Llaman al equipo de forenses para que examine un crimen cometido en pleno vuelo: un hombre ha muerto pateado. Viajaba en primera clase y ninguno de los viajeros es capaz de explicar qué ha pasado. Tras muchas miradas intensas, recogidas de fibras, interrogatorios cruzados y ráfagas de ‘tatatachanes’, Grissom emite su veredicto: fue la turba, ese comportamiento colectivo de arrastre, el contagio del que hablaba Blumer, que convierte a todos en culpables, que lleva a gente en apariencia civilizada a actuar de forma descerebrada.

Leyendo a Jon Ronson pensé constantemente en ese capítulo de CSI Las Vegas, el único que ha quedado en mi memoria, una de las dos referencias que no me pude quitar de la cabeza con Humillación en las redes (Ediciones B) porque cuenta justo eso, el comportamiento de la turba, algo que sucede sin que probablemente ninguno de los que participan entiendan el mecanismo que lo propicia. El libro recorre los vericuetos de los linchamientos en internet, muy especialmente en Twitter, con ejemplos tremendos. Quizás el más citado sea el de Justine Sacco, que centró además el artículo de The New York Times con el que Ronson ofreció un adelanto del ensayo para el mercado anglosajón. Sacco era una relaciones públicas de una firma neoyorkina camino de unas vacaciones en Suráfrica para visitar a unos parientes. En una escala en Londres, empezó a tuitear chorradas en su cuenta, que solo seguían sus amigos. Justo antes de subirse al avión escribió: "Me voy a África. Espero no pillar el sida. ¡Es broma! ¡Si soy blanca!". Cuando desembarcó en Ciudad del Cabo ya no tenía trabajo, los hoteles no querían alojarla, sus parientes se habían declarado avergonzados de su racismo, había sido criticada, insultada y amenazada por decenas de miles de personas... En el libro queda claro que, de esos pozos internáuticos, desconocidos para tantos, es muy difícil salir. Los que caen en ellos tendrán otra vida, quizás, pero nunca la de antes.

Ronson es un periodista asombroso, con una forma de sentir curiosidad que todos los que se definan como tal apreciarán. Es un curioso total, al que cada fleco del tema que se trae entre manos le atrae, pero no sigue el camino lógico que nace de un esquema en un papel, el suyo es un recorrido orgánico, tu cabeza entiende a dónde le lleva su cabeza y quiere ir con ella, su fluir te resulta natural. Viaja al pasado, a los castigos ejemplares en las plazas del pueblo para concluir que eran más benevolentes que los actuales (socorro), a las empresas que recuperan reputaciones a base de enterrar el hecho vergonzante en la página 13 del Google, a conocer a los que no logran superar su metedura de pata y a los que, pese al empeño de otros, sienten que no tienen de qué avergonzarse y logran salir adelante; cuenta su propio caso e incluso hace un delirante curso para aprender a encajar la humillación en la que es la parte más tronchante del libro, más que nada porque Ronson se ríe de si mismo con gusto y porque el lector llega a ese punto del relato con verdaderas ganas de una válvula de escape. Por todo lo demás, este es un libro de terror.

Cuando empecé Humillación en las redes pensé seriamente que debería ser de lectura obligatoria para todo el que tuviera cuenta en Twitter. Sería como la advertencia de las cajetillas de tabaco, un aviso de que debe usarse con cautela. Pero enseguida me agarró otra idea, una segunda referencia, que se impuso a las demás y no me abandonó durante todo este camino del miedo, en una mezcolanza alocada junto a ese recuerdo residual de CSI Las Vegas: cómo estos fenómenos de linchamiento confirman la Teoría de la Espiral del Silencio de Noelle Neumann. Neumann aspiraba a explicar cómo se producían cambios en la opinión pública y puso nombre a ese mecanismo psicológico que nos hace más valientes a la hora de expresar una opinión si esta coindice con la de la mayoría y nos empuja a quedarnos callados si percibimos que se trata de una opinión minoritaria.

Así exactamente se comportan las redes: es fácil ser como la mayoría, tu responsabilidad se diluye entre la de cien mil más y acabáis todos actuando como un solo cuerpo justiciero que pone las cosas en su sitio; pero es muy complicado aguantar las embestidas si te ves poco acompañada. Por eso muchas voces discordantes desisten y abandonan, por eso hay cada vez menos voces discordantes. Todos los casos que cuenta Ronson tuvieron las suyas, hubo quien apuntó que parecía que Sacco solo pretendía ser irónica y que quizás pedir que nadie la contratara nunca más en lo que le quedaba de vida era exagerado. Como la de la propia Sacco, también esas voces quedaron sepultadas por el linchamiento generalizado, alimentando de nuevo la espiral del silencio.

Lo que produce más miedo y espanto es que, pasado el ataque, la manada se percibe por aquellos que formaban parte de ella como un cuerpo ajeno, no hay asunción de la responsabilidad ni hay autocrítica, se hizo justicia. Como dice Ronson "un copo de nieve no se siente responsable del alud".

Cuánto impresiona pensar que en un solo espacio hay mil universos simultáneos, desde los hundimientos vitales hasta los hipnotizadores e inofensivos vídeos de gatos.

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