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Bolivia enseña las heridas de una historia de tortura

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"Abrían el grifo para que cayera agua y conectaban dos cables de corriente eléctrica para pedir que uno hable, exigiendo que uno delate a sus compañeros". Así relata Marcos Farfán las torturas a las que fue sometido en los sótanos del Ministerio del Interior en Bolivia, en 1972.

Por aquel entonces, en plena dictadura del general Hugo Bánzer, Farfán tenía 16 años y militaba en el Ejercito de Liberación Nacional, creado en Bolivia por el mítico guerrillero argentino-cubano Ernesto 'Ché' Guevara.

Pero ahora Farfán es el viceministro de Régimen Interior del Gobierno de Evo Morales y uno de los artífices de que hayan salido a la luz las mazmorras usadas para torturar a disidentes durante las dictaduras militares que gobernaron Bolivia desde finales de los años sesenta hasta principios de los ochenta del siglo pasado.

Miles de activistas torturados
Por los sótanos del ahora denominado Ministerio de Gobierno pasaron más de 8.000 activistas que fueron sometidos a torturas en las celdas cuya existencia ha hecho pública la administración del izquierdista Morales.

El edificio, en el centro de La Paz, es un pequeño y sobrio bloque rectangular, del que asoman apenas cuatro modestas plantas al exterior, pero que en sus entrañas oculta estas estancias del horror, hasta ahora tapiadas para forzar el olvido.

El viceministro Farfán explicó cómo una de las primeras cosas que hizo al tomar posesión de su cargo fue buscar en el subsuelo del Ministerio las dependencias en las que había estado detenido, pero no las encontró.

"Cuando entré a trabajar aquí hace casi dos años, lo primero que hice, por curiosidad, fue ver dónde había estado yo detenido. Me encontré con que no existía nada. Parecía que habíamos pasado un sueño simplemente", relata Farfán.

Buscar los túneles que conducían a la tortura
Por eso, acordó con el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, que aprovecharían las obras que tenían previsto emprender a principios de este año 2009 para tratar encontrar los túneles en los que tantos bolivianos habían sido torturados.

"El momento no se ha elegido, ha sido una casualidad. Cuando se empiezan a abrir las paredes, nos encontramos con que había toda esta cantidad de celdas escondidas y tapiadas", continúa Farfán.

Para el viceministro, las mazmorras habían sido ocultadas "seguramente para encubrir esta parte de la historia boliviana" y "pretendiendo que nadie las conozca".

Unas paredes que suenan a hueco
Entre los estrechos muros de las habitaciones llenas de escombros y polvo, Carlos Maita, uno de los albañiles que trabaja en la remodelación del edificio, relató cómo descubrieron las celdas ocultas.

Con su español desestructurado por la gramática aimara, Maita explicó que al golpear uno de los tabiques con el fin de derribarlo, los trabajadores encontraron que sonaba a hueco. Así empezó el hallazgo.

"Celda de agua era. Te metían agua fría, no te metían todito, te metían medio cuerpo ahí hasta que hables", dijo el obrero, mientras guiaba a un grupo de periodistas por entre las oscuras estancias del horror que descubrió junto a sus compañeros de trabajo.

En medio de los casi dos metros de escombros que elevan las estancias hasta cerca del techo es probable que se hallen restos de los más de 155 detenidos durante las dictaduras que según el viceministro Farfán permanecen desaparecidos.

Una dolorosa mezcla de agua y cables
Allí, el método de tortura más empleado era encerrar al preso desnudo en un cuartucho e inundar el suelo para luego electrificarlo.

Eso en los sótanos, porque en el segundo piso, donde estaban los despachos del servicio de inteligencia, lo que se aplicaba era 'la picana', descargas eléctricas sobre muelas y genitales.

Según el viceministro Farfán, él fue detenido una noche, a las tres de la madrugada, y trasladado a los sótanos del Ministerio, donde "de inmediato empezó la golpiza"."Esa primera noche fueron solamente golpes".

"Aquí en estas celdas he estado aproximadamente quince días. De aquí me pasaron al segundo piso donde funcionaba el departamento de inteligencia", en el que, según el relato de Farfán, las torturas consistían en "un trabajo más sistemático".

¿Derechos Humanos? No se conocían
El viceministro, además, lamentó que en aquella época en Bolivia "los detenidos políticos estaban total y completamente a expensas de lo que decida la represión" sin que ninguna organización de Derechos Humanos se ocupara, siquiera, de denunciar sus casos. "Por eso es que han sido asesinados muchos de nuestros compañeros de aquella época", agregó.

Farfán apuntó que el Gobierno ha puesto en manos de la Fiscalía la investigación que tratará de esclarecer, entre otras cosas, si todavía existen restos humanos enterrados en los sótanos del Ministerio en el que ahora trabaja.

"La Fiscalía está convocando a peritos tanto nacionales como extranjeros para que se continúen con las excavaciones y se establezca si en estos túneles y en estos sótanos pueda existir gente enterrada, muertos, restos de detenidos políticos".

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