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Comerse el mundo

Álex González. DP
Miguel Ángel Silvestre. DP

Forma parte de mi entorno desde casi el principio de su carrera. Recuerdo perfectamente la primera entrevista que le hice. Año 2008. Rodaba La distancia al lado de José Coronado, Luis Homar y Belén López. Interpretaba a Daniel, un boxeador que estaba en la cárcel por haber atracado un estanco.

No nos conocíamos de nada. Nunca antes había tenido la oportunidad de charlar con él, pese a que su rostro ya empezaba a ser conocido, sobre todo por su participación en la serie Motivos personales. Quedamos en el hotel Palace de Madrid, a la vista de todos, lo que incentivó las miradas de todo aquel que pasaba por nuestro lado, porque Miguel Ángel rezumaba carisma y sensualidad en cada uno de sus gestos.

Si he de ser sincera, nunca imaginé cómo podía ser el ambiente en el que se iba a desarrollar aquel encuentro. Es una incógnita recurrente cuando entrevistas, por primera vez, a alguien a quien no conoces, ni él sabe quién eres. Y desconoce, además, por dónde vas a dirigir el interrogatorio. Pero, desde el principio, me encontré con alguien empático, natural, ausente de vanidad, humilde y con una voz envolvente que, por suerte, todavía hoy conserva con la misma frescura del que comienza.

Hablamos de lo divino y de lo humano, como si fuéramos esos amigos de siempre, que retoman esa conversación que dejaron atrás días antes. Al despedirnos y, después de intercambiar nuestros teléfonos, me quedé con la sensación de que había ganado un amigo que iba a dar muchas sorpresas en la profesión que había elegido, tras no poder continuar con el tenis, que era su auténtica debilidad.

La vida, a veces, da segundas oportunidades a quien las merece y sabe aprovecharlas. Y, en el caso de Migue, fue tal cual. A partir de aquel encuentro no perdimos nunca el contacto y pude disfrutar de su ascenso sin paliativos en el mundo de la interpretación. Escasos dos años después de esa entrevista llego a su vida Sin tetas no hay paraíso. En ese momento, su vida cambió por completo. Nunca imaginó lo que ese personaje le iba a marcar en todos los sentidos. El éxito desmesurado, obtenido por esa serie, le llevó a tomar una determinación que le transportó al otro lado del charco. En ese momento de idas y venidas, comenzó la segunda parte de su vida profesional, esa que le ha regalado el reconocimiento internacional, la madurez como actor y la sensación de recoger ¡por fin! todo lo sembrado durante los años precedentes.

Los amantes pasajeros, Velvet, Sense 8, Narcos, En el corredor de la muerte, 30 monedas y, ahora, Sky Rojo y los últimos episodios de la nueva temporada de La casa de papel fueron trabajos posteriores a la decisión de poner "tierra por medio", aprender bien inglés y reposar lo vivido, incluida la fama.

Lo mejor de todo no es esa visibilidad mediática de la que hoy disfruta, ni la cantidad de proyectos que se amontonan en su mesa, ni haber logrado el privilegio de decir que NO a algunas propuestas. Lo que realmente hace a Miguel Ángel distinto es su apego a lo realmente importante, a no haber perdido el norte con el éxito, el no nadar en un ego difícil de gestionar. Su actitud ante la vida le viene de fábrica, por eso su grandeza está en no haber levantado nunca los pies de la tierra y seguir con la intención de "comerse el mundo". 

Comerse el mundo
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