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How deep is your love

Nunca he sido de esas fans que hacían noche, a la puerta de un estadio, para llegar a la primera a las filas preferentes y ver de cerca a sus ídolos. Tampoco de las que emitía alaridos y lloraba cuando los veía aparecer. Mi nivel mitómano siempre fue más discreto, silencioso y con el handicap de la timidez, lo que ha hecho que me perdiera muchas cosas, nunca he tenido ninguna duda de ello.

Y me sigue ocurriendo porque los años, a diferencia de otras cosas, es difícil que cambien la manera de ser de uno. Puede ocurrir, porque vas puliendo defectos y moldeando carencias, pero la esencia siempre permanece. Bien es cierto que ahora me atrevo a enfrentarme a situaciones que, años atrás, eran impensables. Sin embargo, me suponen desgaste emocional y vencer ese temor al ridículo que, en el fondo, todos los tímidos tenemos. Con el tiempo me he convencido que es falta de seguridad, de baja autoestima. Y en eso tengo un máster.

Muchas veces me dicen que es imposible que, dedicándome a lo que lo hago, pueda ser tímida. Y ni se imaginan lo difícil que me resulta gestionar ese inconveniente, que no defecto porque no lo considero como tal. Ya tengo otro cargamento de ellos que, esos sí, procuro cambiar, corregir y superar.

En ocasiones siento, incluso, una cierta satisfacción al haber podido superar ese retraimiento de timidez que, no lo voy a negar, me hace sufrir en determinadas circunstancias, porque me gustaría ser "más echada p'adelante" y disfrutar de situaciones que me dejo en el camino. A veces me pasa en las entrevistas, porque me produce mucho pudor verbalizar algunas preguntas que, si no fuera como soy, "lanzaría" con total naturalidad.

Toda esta extensa reflexión, se ha apoderado de mis pensamientos al querer escribir sobre los Bee Gees, ese grupo mítico de la juventud de los de mi generación. Recuerdo lo que tuve que "pelear" en mi casa para poder ir a ver Fiebre del sábado noche, que está calificada para mayores. Escuchaba su música desde antes de que sus bandas sonoras se convirtieran en historia del cine. Conservo incluso sus vinilos y, como el que guarda siempre tiene, hoy los sigo escuchando en esos domingos tranquilos en casa.

Adoraba sus míticos y casi inalcanzables falsetes, sus looks imposibles con pantalones campana, marcando hasta lo prohibido. Sus baladas eran la banda sonora de nuestras fiestas y, por qué no reconocerlo, todas soñábamos con que alguien nos cantara al oído How deep is your love. 

Pude verlos en directo, en el hoy llamado Wizink Center de Madrid y, esa timidez de la que hablaba antes, impidió que pudiera acercarme a ellos. Una asignatura pendiente que ya no podré saldar. Dos de ellos, Robin y Maurice, ya no viven. Barry es el que conserva vigente esa leyenda que, gracias al documental Bee Gees: how can you mend a broken heart, muchos podrán revivir y otros conocer por vez primera. Esta reliquia estará disponible en compra, a partir del día 14, en Amazon Prime, Apple TV y Google Play. Cita obligada para nostálgicos, soñadores y adictos a los "reyes de la música disco". 

How deep is your love
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