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Lo que no ves de mí

Cartel de los documentales producidos por Winfrey y el Príncipe Harry. EP
Cartel de los documentales producidos por Winfrey y el Príncipe Harry. EP

No podría imaginar mejor título, más certero y, al mismo tiempo, más descorazonador. Es una irrefutable verdad. A veces tenemos al lado a alguien, que sufre y vive un calvario emocional intenso, sin reparar en ello. Creemos que es feliz porque no lo manifiesta, tal vez porque decide gestionarlo en silencio o, por lo menos, lo intenta.

Cuando, hace un tiempo, un diputado popular gritó en el hemiciclo "Vete al médico", tras una intervención de Iñigo Errejón en la que dejó patente lo importante que es el cuidado de la salud mental y el poco foco de atención de eso tiene por parte de la Sanidad e, incluso, de la sociedad, quise gritar que la visita al especialista la necesitaba el que levantó la voz de forma despectiva y cruel.

Cuando nos salen erupciones vamos al dermatólogo, o al dentista cuando nos atenaza un dolor de muelas incontrolable. Y lo hacemos con total naturalidad, porque no tememos que nadie nos cuestione por ello. Pero, cuando es la mente la que reclama nuestra atención, nos aterra ir al psiquiatra, al psicólogo o al terapeuta apropiado porque está el estigma de "está loco".

El dolor emocional no se ve, pero se siente, se sufre y te trastorna. Son innumerables los motivos, razones o circunstancias que nos pueden desequilibrar, pero el miedo al juicio llega a paralizar la intención de poner remedio "¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda?" Les suelo preguntar, de vez en cuando, a mis entrevistados. Y todos coinciden en la vergüenza, el temor a ser juzgados, al señalamiento social.

Cuando días atrás pude ver varios capítulos de Lo que no ves de mí, documentales producidos por Oprah Winfrey y el príncipe Harry, me di cuenta que la depresión o la alteración emocional es mucho más devastadora de lo que llegamos a imaginar. No respeta profesiones, ni condición social. Te llega, originada por muy diversas frustraciones mentales, que acaban por anularte y llevarte a situaciones límites.

Glenn Close y Lady Gaga, además de gente anónima, junto al mencionado Harry, exponen con crudeza, sinceridad y sin ataduras emocionales, cómo han vivido su pérdida de razón, su desgaste funcional y se sumieron, por muy diferentes motivos, en lugares desconocidos y dolorosos.

No seré yo la que juzgue a ninguno. Las situaciones y circunstancias de cada uno, como la del resto de los humanos que pueden llegar a ese estado que puede incluso llevarte a la enajenación, merecen mi absoluta comprensión y respeto. Criticarles porque son personajes públicos, que pueden llegar a tener reacciones cuestionables, es algo a lo que el ser humano es muy aficionado.

Estos testimonios deberían ser de obligada visión no solo para quienes puedan sentirse identificados, sino también para todos aquellos que se muestran ajenos y críticos con quienes surcan los caminos del desequilibrio emocional. Es la importancia, el poder y el valor de la empatía, que no es otra cosa que ponerte en el lugar del otro.

Oprah y Harry charlan sin tapujos con sus invitados sobre salud mental y bienestar emocional, compartiendo sus propias experiencias y problemas. Hablan de los retos que supone enfrentarte a ello, intentando acabar con el estigma de este tema tan incomprendido, que afecta a personas con cultura, edad, género y situación socioeconómica muy distinta. Sus testimonios buscan dar esperanza a quien les escuche, haciéndoles saber que no están solos…

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