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¡Ya era hora!

Antonio Banderas en la gala de los Goya. EFE
Antonio Banderas en la gala de los Goya. EFE

"Me juego lo que más precias que vas a escribir sobre tus debilidades esta semana", me dijeron el otro día tras la gala de los Goya. "Pues sí, lo voy a hacer y escribiré sobre Antonio Banderas y Mario Casas". No porque sean esas confesadas debilidades, sino por méritos propios.

Después de la gala del cine español, celebrada en el teatro del actor malagueño hace hoy una semana, me he preguntado por qué la Academia había tardado tanto en encargarle esta misión a Banderas. Ha tenido que llegar él para demostr110990_antonio_banderas_ha_preparado_los_goya_mas_dificiles___foto___premiosgoya_ar que se puede realizar un evento de esa categoría con agilidad, elegancia, mágico contenido, concentración de estrellas y emoción, mucha emoción en algunos momentos.

En el año más complicado, en ese que se suponía que era imposible que triunfase la híbrida entrega de los Goya, nos hemos dado cuenta que ha sido la mejor en muchos años, aunque muchos hayan incidido en la poca audiencia en relación a emisiones anteriores. Lo que me reafirma en algo que siempre he mantenido: la audiencia no siempre es sinónimo de calidad.

A Antonio no se le puede negar el amor al cine, la pasión que siente por su trabajo, ese que le hizo dejar su querida Málaga con quince mil pesetas en un bolsillo, que su madre cosió para que no las perdiera, para soñar en Madrid y que, años después, cruzó el charco, tras vender su moto para pagarse el billete, y diseñar su futuro en Hollywood. No fue fácil y supo valorar los momentos de derrota para disfrutar, años más tarde, de la gloria del éxito.

Con la vanidad y el ego perfectamente domesticadas, Banderas decidió reinventarse sin parar y ampliar sus miras profesionales. La dirección empezó a ser parte importante de su crecimiento y, tras triunfar con su primera película Crazy en Alabama, Antonio rueda El camino de los ingleses, una producción española con ingredientes emocionales para él. En ella reúne a un grupo actores jóvenes apenas conocidos y que hoy son presente y futuro de nuestro cine. Uno de ellos, tal vez el más significativo, era Mario Casas.EuropaPress_3595036_mario_casas_mejor_actor_protagonista_premios_goya_2021_madrid_marzo_2021-949x712

El actor gallego, en la gala ideada por el malagueño, recibió su primer Goya como "mejor actor" por "No matarás". Tras años demostrando que ya era más que un joven, que se quitaba la camiseta y mostraba físico en las películas para el mundo adolescente, Mario consiguió la nominación que fue recompensada por los miembros de la Academia con el cabezón.

Muchos habían sido los méritos de Casas hasta ese momento para ser nominado antes, pero se le resistía un reconocimiento a lo grande. Desde el rodaje de Grupo 7, Mario se lanzó a la aventura de aceptar personajes arriesgados, duros, valientes, oscuros. Todos ellos le succionaron algo muy suyo, en ese empeño obsesivo del actor de implicarse hasta límites insospechados en sus trabajos.

En Málaga, con Banderas como maestro de ceremonias, Mario tenía una cita con sus orígenes en el cine. Una ceremonia diferente, por las circunstancias que estamos viviendo, le privó de cerrar de manera presencial ese círculo que comenzó a trazar quince años atrás, pero ¡por fin! se pudo doctorar con nota en esa profesión en la que disfruta dejándose la piel. Nunca es tarde… ¡Ya era hora!

¡Ya era hora!
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