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Del suburbio a la gloria

El músico y compositor británico Elton John. PETER FOLEY (EFE)
El músico y compositor británico Elton John. PETER FOLEY (EFE)

HACE UNOS días, después de un pase especial de Rocketman, me pidieron que reflejase, en unas líneas, la sensación con la que había salido de la proyección, que coincidía con la première mundial en Londres.

A mi juicio, la película es la historia de una redención. La de alguien que deja de ser lo que es para convertirse en lo que quiere ser. Y lo hace desde un lugar que duele, en el que las heridas necesitan cicatrizar. Es el terapéutico y sanador viaje de un genio de la música.

Vaya por delante que Elton John es alguien a quien admiro desde hace muchos años. No siendo especialmente  rockera en mis preferencias musicales, la discografía del artista británico siempre me ha fascinado por su diversa creatividad. Eso me llevó a seguirle por varias ciudades del mundo en las que ha actuado a lo largo de su carrera profesional.

Nacido como Reginald Kenneth Dwight, de niño ya apuntaba manera de genio. Era un chico tímido, retraído y con un físico que le acomplejaba. "¿Cómo un gordo puede llegar a ser cantante?", se preguntaba. Se crio en un barrio obrero de Londres, en el seno de una familia con unos padres que le humillaban y que, ni siquiera, le daban el cariño esencial que uno necesita sentir. "No sabes lo doloroso que resulta ser tu madre", llegó a oír en algún momento. El único apoyo lo recibía de su abuela.

Con ese background familiar, el joven Regi se refugia en la música. Su travesía vital camina paralela a su evolución musical. "Esta película narra la época en la que empecé a hacerme famoso. Fue un periodo extraordinario y surrealista. Y así es como quiero que sea la película". Y los deseos de Elton John se han cumplido.

Rocketman no hace concesiones. Refleja la vida del artista tal cual fue. Sin filtros y sin edulcorar una existencia cargada de excesos. Es un recorrido valiente, sin censura alguna, por la vida de un icono que, sin lugar a dudas, habrá encontrado un remanso terapéutico al verbalizar todo lo vivido.

La película es una odisea musical épica, que difumina las fronteras que puedan existir entre la fantasía y la realidad, combinando los mundos de la música, la fama y la moda. Para lograrlo, se calza unos extravagantes zapatos de plataforma centelleantes, que dan una eltoniana patada al libro de las normas cinematográficas.

La transformación de Reginald Dwight, el niño de clase obrera, en la superestrella de la música mundial fue tan tempestuosa, extravagante y francamente peligrosa como ilusionante y valiente. "Soy alcohólico, cocainómano, bullímico y adicto al sexo". Es la confesión del artista con la que arranca Rocketman. Y, a partir de ahí, una maravilla de película, que posiciona a Taron Egerton en la órbita de los mejores premios venideros.

La historia de John, desconocida para muchos, será una fuente de inspiración para una mayoría, que conectará con la universal historia de cómo un joven de un suburbio londinense se convierte en una de las figuras más icónicas de la cultura pop.

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