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Dolor y gloria

Pedro Almodóvar y Penélope Cruz en los Premios Goya. EFE
Pedro Almodóvar y Penélope Cruz en los Premios Goya. EFE

Uno de los privilegios que tenemos los que nos dedicamos a esta maravillosa profesión es que, en algunas ocasiones, tenemos acceso a acciones especiales que alimentan de manera mágica este trabajo. En el terreno de la información cinematográfica, estas exclusividades son un plus que te hace sentir especial. Ver películas en festivales, meses antes de su estreno, o entrevistar a esos protagonistas de la gran pantalla, generalmente inaccesibles, es una de las excepcionalidades de esta aventura profesional.

Esta semana pude ver una de las películas más esperadas del año. Esa que no dejará de dar motivos para la conversación y el debate. 'Dolor y gloria', la nueva producción de Pedro Almodóvar, es, desde el primer día del rodaje, objeto de deseo de todo cinéfilo que se precie. Y si somos periodistas ¡más!

El director manchego es muy poco dado a desvelar detalles de sus películas hasta que da "luz verde" para que las podamos ver de cara a la promoción y posterior estreno.Ese misterio, tan meticulosamente conservado por él y su equipo, aumenta la curiosidad por conocer lo nuevo que se trae entre manos. Hasta los protagonistas de la cinta y las localizaciones elegidas para la producción se van conociendo a cuentagotas a medida que se acerca la fecha del comienzo del rodaje.

El reparto de 'Dolor y gloria' es adictivo: Antonio Banderas, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Asier Etxeandía, Julieta Serrano, Raúl Arévalo (realiza un cameo que defiende como si fuera un papel protagonista), Nora Navas, Susi Sánchez y Cecilia Roth. Todos obran el milagro de hacerte vivir sensaciones diversas.

Hay películas que emocionan, otras que te depuran y resultan terapéuticas, otras que te revolucionan los recuerdos, te hacen pensar y otras, tal vez las más profundas y efectivas, te remueven por dentro, provocando un cataclismo inesperado y, no por ello, menos necesario. Cuando eso ocurre ¡échate a temblar!, porque se descolocan todos los cimientos de tu vida.

Eso me ha pasado con la interpretación de BanderasMe ha removido por dentro, me ha arrastrado al pasado al tiempo que él volvía al suyo. Cuando ocurre algo así, aunque duele, puede resultar sanador. Es como curar heridas, saldar cuentas. Y te quedas en un estado de calma que, sin haberte percatado nunca de ello, necesitabas.

Antonio es Salvador Mallo, un veterano director de cine, aquejado de múltiples dolencias. El peor de sus males es la incapacidad para seguir rodando. Su estado físico no se lo permite y, si no vuelve a rodar, su vida carece de sentido. "Las noches que padezco un solo dolor ¡soy ateo!, cuando tengo varios ¡rezo!", expresa en una de las muchas escenas en las que sus sentencias te taladran el pensamiento.

Son muchas las frases que se me han quedado grabadas, que me han hecho regresar a momentos pasados que la mente, tan sabia a veces, deja en completo letargo para evitarte el sufrimiento. "Son tus ojos los que han cambiado, la película es la misma". Y va a ser verdad. La vida ya está escrita, sufrirla o disfrutarla depende de nosotros, de nuestro propio dolor y gloria.

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