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El ¿alcalde? poeta

Le admiré antes de conocerle, lo que puede significar un plus para que una relación de amistad tenga visos de triunfar. Sus poemas, a los que tuve acceso en las redes sociales, llamaron mi atención desde el primer momento que los descubrí y se convirtieron en algo adictivo al terminar el día, que era cuando Borja Sémper solía compartirlos con sus seguidores.

Siempre me atrajo de él que no fuera un político al uso. No se "muerde la lengua" para expresar lo que piensa y siente, aunque eso suponga poner en jaque a su propio partido, sacarle los colores y demostrar que no le pierde la pasión.

Cuando algo está mal, lo dice y, no por ello, deja de creer en unas siglas que le han hecho vivir mucho y conocer con intensidad el lado oscuro por defender unas ideasfrente a los que no practican el respeto y no las aceptan. Es sensato, directo, moderno, atractivo, deportista y ¡poeta! En definitiva, un verso suelto y esperanzador en nuestra actual situación política.

Esa política, como la vida, está presente en cada uno de sus movimientos. "No solo hay vida más allá de la política", me dijo un día, "sino que debe de haberla. Si solo haces política y te limitas a relacionarte solo con gente que la ejerce, no harás bien política. Yo hago un esfuerzo permanente para que no me absorba".

No tiene muy claro si nació político pero, en el colegio, hacía carteles en los que ponía "Vota a Borja para el consejo escolar". Piensa que sus compañeros le votaban porque, como era de los peores de clase y de los que peor se portaba, pensaban que iba a ser más revolucionario si estaba en el consejo escolar.

Era un estudiante comodón, era de los del mínimo esfuerzo. Se esforzaba en el último momento. Él lo justifica asegurando que su problema siempre ha sido que tiene mucha pasión por la vida. Esa misma que él ha tenido que proteger para que no se la arrebataran de un disparo.

Está convencido que la política marida muy bien con la poesía. Era consciente que siendo del PP y escribiendo poemas, que giran en torno al sentimiento del amor o el desamor, se convertía en un blanco fácil para los demás, pero venció a todo, incluso al pudor, y se lanzó a la aventura. Su poesía es más provocadora que otra cosa. Esirónica, socarrona, que no busca la rima sino el ritmo.

Tenía todos los ingredientes para que le "tomaran el pelo" y, sin embargo, ha conseguido el respeto que, en otros parámetros, le regatean.

El sufrimiento y las madrugadas eternas le ayudaron en su creatividad. Lo más suave que le han llamado ha sido pijo y ha pasado de ser el político más joven a uno que ya peina canas en la barba.

Prepara con ahínco, entrega y honradez su campaña a la alcaldía de San Sebastián. Conozco a pocos que idolatren a su ciudad como él lo hace. En el próximo Festival de Cine, espero que nuestra habitual charla en el María Cristina se desarrolle en el Ayuntamiento, mirando a La Concha. Será una buena señal.

El ¿alcalde? poeta
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