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Escribir tu propio guion

¿NO VAS a escribir de tu amigo?, me preguntaron el otro día. ¡Qué bien los eliges!, apuntillaron. Y eso hizo que respondiera con cierto malestar. Los que me conocen bien, los de toda la vida, saben perfectamente que no miro afiliación política, ni condición sexual, ni práctica de religión, ni status social y ¡mucho menos! fama a mis amigos.

Soy de amistades muy largas en el tiempo. Y eso implica que, cuando me cruzo en la vida de alguien, suele estar empezando su vida profesional y a veces personal, como suele ocurrir cuando haces amigos en la infancia. No sabes adónde te va a llevar el camino que emprendes con esa persona afín que llega a tu vida para sumar, aunque en la travesía tengas que activar el respeto para enfrentarte a las divergencias.

Porque ahí está la clave, en respetar. Y, después del nombramiento de Màxim Huerta, la carencia de esa virtud ha sido la línea editorial de los insultos, censuras y críticas vertidas, sobre todo en las redes sociales, contra su capacidad para desempeñar ese cargo, ahora ya inexistente.

Voy a escribir sobre mi amigo, claro que sí. Porque Max es lo que es desde hace muchos años, ni recuerdo cuántos. Los dos éramos compañeros de profesión y, por ese azar de la vida, congeniamos y lo que hemos compartido, que ha sido mucho en calidad, nos ha traído hasta aquí. Era el mismo en el informativo de esas mañanas televisivas, que tanto le incapacitaban a juicio de algunos, que el que se despidió de un cargo que solo le trajo sinsabores.

Nuestro pasado profesional no puede condicionar nuestro viaje vital. Si dejamos que eso ocurra ¿dónde dejamos nuestro derecho a rectificar e, incluso, a reinventarnos? Màxim, en el momento que lo tenía todo de cara, éxito televisivo y una cuenta en el banco saneada, decidió lanzarse al vacío y poner remedio a un presente que no le llenaba. No sabía lo que iba a pasar, ni si lograría llegar a final de mes con la literatura, pero era su sueño. Arriesgó y ganó, no solo en reconocimiento de los lectores, sino también en premios literarios reservados para quienes tienen talento de verdad.

Sus historias traspasaron fronteras y llegaron a ser superventas en países donde no se veía esa cadena de televisión, que era su hándicap mediático (antes de conocerse el contencioso de Hacienda) para desempeñar ese nuevo salto al vacío, porque su vida ha estado jalonada siempre por esos momentos en los que había que superar la sensación de vértigo.

Màxim es trabajador, conciliador, justo, respetuoso y sabe escuchar. Ama la cultura y siente pasión por el cine, pero no lo iba a tener fácil, porque ya se había convertido en “el ministro diana” y la noticia final fue la puntilla. Estos siete días han dado para mucho y tal vez es el momento, querido Max, de que dejes de escribir sobre esos personajes, que llevan mucho de ti, para ser el autor de tu propio guion.

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