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Homenajes en vida

Pocas cosas igualan en alegría a la sensación que me produce el éxito de mis amigos o de la gente que aprecio de verdad. Lo que en unos puede generar envidia, yo lo transformo en absoluta admiración por el hecho de que consigan lo que otros soñamos y, tal vez, nunca lleguemos a saborear.

Me decía el cantante Pablo López, en una entrevista que pronto verá la luz en ‘Close to’, que en su casa nunca supo lo que era la envidia porque siempre tuvo, simplemente, lo que tenía que tener. Ni más ni menos. Y eso le hacía sentirse multimillonario. Hoy disfruta de muchas más cosas, ganadas a base de esfuerzo, lucha, constancia y talento, pero sin perder nunca la referencia de sus raíces.
Imagen para el blog de Amalia Enríquez (30/12/17)
Esas mismas a las que nunca ha dado la espalda mi querida Lolita, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, concedida esta semana y que he celebrado más que si fuera algo propio. La mujer y la artista que están descubriendo muchos, gracias a su presencia en ‘Tu cara me suena’ semana tras semana, la llevo disfrutando yo muchos años.

La conocí, como cabe suponer, gracias a una entrevista y nos fuimos haciendo amigas con el tiempo. La nuestra es de ese tipo de amistad que no necesita estar todo el día al teléfono o escribiendo en el WhatsApp. Sabemos que estamos siempre ahí, a todas horas, todos los días del año, uno tras otro… y ya van casi treinta.

Hemos compartido muy buenas confidencias, momentos importantes que están ya anclados en nuestra mente de por vida. He visto cómo se casaba, nacían sus hijos y se volvía a casar. Entre medias, algunos viajes inolvidables, con muchas risas y gratas compañías, y momentos difíciles en los que necesitamos tirar de nuestro afecto para salir adelante.

Nos queremos una barbaridad y ambas lo sabemos. Por eso, cuando me enteré de la concesión de esta medalla, a todas luces merecida, no pude menos que emocionarme y escribirle, porque imaginé lo que le recorrió por el cuerpo cuando se lo comunicaron.

Su camino al éxito y el reconocimiento no ha estado plagado de esas flores que adornan su apellido materno. Ha tenido que luchar mucho para que dejaran de considerarla “un volante más en la bata de cola de la gran Lola”.

Recuerdo, como si fuera hoy, el día que la llevé a Christian Dior, después de organizarlo con Beatriz D´Orleans, para elegir el traje que llevaría a la gala de los Goya del 2003, donde era candidata a Mejor actriz relevación por ‘Rencor’. “No me lo van a dar”, me dijo, “pero tengo que ir mona”. Y se lo dieron, cuando ya había pasado la barrera de los 40, e iba muy mona.

Después vinieron unos años de sorprendente silencio, que supo vencer a base de tesón, perseverancia y mucha fe en sí misma. Hoy llena teatros y es imprescindible con sus anécdotas, conocimientos y sentido del humor en el programa de televisión que le ha dado vidilla. Por todo y por mucho más, con esta Medalla de Oro se merece un homenaje en vida.

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