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La china en el zapato

Antonio Banderas. DP
Antonio Banderas. DP

En marzo pasado, camino ya de un año, vi en un pase privado Dolor y Gloria. Salí de la proyección "tocada" y tengo que reconocer que, en algún momento, emocionada. Desde ese día, nunca disimulé mi absoluta entrega y admiración por varias de las interpretaciones. Escrito y grabado está mi augurio de que, en el caso concreto de Antonio Banderas, su interpretación le daría muchas alegrías y le haría disfrutar de un exitoso recorrido de reconocimiento, llegando presumiblemente a los Oscar.

Se lo dije el día que le entrevisté en el comienzo de la promoción. En esa conversación me encontré ante un hombre sosegado, tranquilo, reposado y orgulloso, desde su innata humildad, del trabajo que había realizado. Atrás quedaba su episodio de salud con ese corazón al que poco descanso le había dado en los últimos años.

"Cuando Pedro me llamó para esta película" me cuenta, "la opción fue ir de soldado raso, quitarme los galones, llegar, cuadrarme frente a él y decirle: "estoy absolutamente entregado a entender la historia, a entenderte a ti y a seguir todas las instrucciones para componer este personaje desde la sutilidad y con un bordado fino y pequeño para ver hasta dónde llegamos".

Se había prometido a sí mismo parar un poco, tomarse la vida con otra calma "pero no puedo. Hay algo que ocurre en mí, en la parte más profunda de mi ser, que tiene que ver con el infarto que sufrí. Eso me hizo ver la muerte muy de cerca y, cuando se le ven las orejas al lobo, algo te queda. Pedro lo veía y me decía: "Yo lo veo Antoñito. Tienes la misma energía, eres igual de payaso que siempre y sigues haciendo las mismas cosas" pero hay algo en este Antonio Banderas después del infarto que ¡fíjate tú! fue bueno para el personaje".

Y tan bueno porque, desde el día del estreno, no ha dejado de recibir nominaciones, reconocimientos y premios. Ser considerado el mejor actor en Cannes fue el principio de todo. A partir de ahí llegaron los premios del Cine Europeo, de la Crítica de Nueva York, de Los Ángeles, la nominación a los Globos de oro, a los Goya, el premio Forqué y, esta misma semana, el Premio Feroz y su primera nominación a los Oscar, en la categoría de mejor actor. Toda una proeza lograrlo, teniendo en cuenta que su personaje está rodado en español.

Él sabe que la travesía no ha sido fácil y que el desenlace final puede no ser el soñado por todos, pero el mérito de lo logrado ya no se lo quita nadie. Como le ocurrió a Penélope Cruz, en el año 2007 con su nominación al Oscar por Volver, que tuvo la "mala fortuna" de competir con Helen Mirren y The Queen, la china en el zapato de Antonio, en esta ocasión, se llama Joaquin Phoenix. Su interpretación en Joker cuenta con todas las papeletas para dejar a Banderas con la miel en los labios, pero nadie nos dijo que sería fácil. Y "lo difícil se consigue, lo imposible se intenta".

La china en el zapato
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