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Leyenda viva

Michael Jackson. AEP
Michael Jackson. AEP

IMPOSIBLE NO acordarse del día de su muerte, una noticia que convulsionó no sólo al mundo de la música, sino a un planeta entero que, en una u otra forma, le admiraba. La desaparición de Michael Jackson fue una verdadera revolución mediática.

Como suele ocurrirle a la mayoría de los genios, él tenía sus manías, excentricidades, vacíos, inseguridades. De manera muy injusta, desde mi punto de vista, fue juzgado con dureza por la opinión pública, que vio en él al autor de una serie de episodios privados que, con el tiempo, se vieron anulados por unas sentencias que, tal vez, llegaron tarde y que, mientras no se dictaron, le sometieron a una presión mediática y popular difícil de soportar.

Nunca llegué a entrevistarle, pero sí le vi actuar en directo varias veces. Estuve con él en dos ocasiones. Las dos en París. En la primera, acabada de divorciarse de Lise Marie Presley y, mientras en todos los medios se especulaba con las razones de esa separación, el cantante estaba acompañado en ese viaje por el hijo de su ex mujer, nacido en un anterior matrimonio. El hotel, en el que se alojaba, estaba totalmente tomado por unas legiones de fans, que dormían a sus puertas, en sacos preparados para la ocasión.

Era la época en la que circulaba la leyenda que aseguraba que siempre viajaba con su cámara de oxígeno, su burbuja de ozono y mil cosas más. Me faltó el tiempo para preguntar a los directivos del hotel por tal originalidad. Desde el principio me desmintieron esa fantasía popular.

La otra vez fue en una cena bastante restringida y ahí sí pudimos intercambiar impresiones, ya que éramos compañeros de mesa. Tengo que reconocer, ante todo, que Jackson me inspiró mucha ternura. No me preguntéis por qué, pero su voz a medio hacer, sus gestos comedidos, su enfermiza timidez fuera del escenario, me creó un instinto de protección que aún hoy conservo. No llevaba su tan cuestionada mascarilla. Me di cuenta que sólo se la ponía llegado el momento de salir a la calle. Y, tal vez, su motivo real no era el hipotético contagio que todo el mundo alegaba, sino que las aletas de su nariz no habían asimilado bien el cambio de tonalidad de su piel y seguía teniéndolas de su color de nacimiento.

Años después, cuando vino a España para cantar en el Vicente Calderón de Madrid, tuvo varios encuentros promocionales en los se aseguró que nadie pudo acercarse a él, ni tocarle, ni hablarle, porque había órdenes tácitas de que así fuera. Decían que Jackson nunca trataba con nadie. Por mi experiencia, nada más lejos de la realidad. Yo, no sólo hablé con él, sino que me fotografié con su mano en mi hombro y, en ningún momento, mostró rechazo por el contacto físico.

El “rey del pop” ya no está y su legado forma parte de la historia de la música, pero los escenarios del mundo le siguen rindiendo homenaje. Madrid no es ajena a esta leyenda viva. I want u back es la prueba de ello..
 

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