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Limpieza emocional

Era previsible que sería una aventura larga. Otras dos semanas de confinamiento no nos han pillado de sorpresa y, como suele ocurrir incluso con las tristes y demoledoras cifras diarias, ya ni nos da un vuelco el corazón. Nos escandaliza, por lo menos a mí, nos afecta y, a los más sensatos y sensibles, nos destruye porque son vidas, con nombre y familias. Pero nada es como el primer día. Y eso me produce desolación

Los primeros días, tal vez por ser la novedad, se hicieron llevaderos. Ordenas aquellas cosas que, desde hace tiempo, quieres revisar y que la dinámica del día a día te lo fue impidiendo. Eliminas ¡por fin! lo que es innecesario, que no siempre es lo que sobra, y empiezas a descubrir que lo que te hacía falta era un tiempo para encajar todas las piezas. La tristeza es que lo obtienes como consecuencia de una pandemia global que, ni en la película más alocada, llegaste a imaginar en esa medida. Una vez más te reafirmas en que la realidad, a veces, supera la ficción. Y esta es una de ellas. 

En un intento de ver lo positivo de una situación que solo genera dolor, incertidumbre y desesperanza, te empiezas a dar cuenta que se pueden hacer las cosas con calma y comienzas a disfrutar de la no precipitación. ¡Qué raro se hace no tener que ir todo el día a la carrera! Cuántas veces he dicho "no me da la vida, necesito más horas en el día". Y, ahora, curiosamente, también me lo repito, pero la sensación es otra. 

La vida sigue, no sabes muy bien en qué dirección, y la rutina ya no es monotonía. Se ha convertido en disciplina auto impuesta y obligaba para no caer en el desaliento y evitar que, lo que nos espera, nos pille baja de defensas para luchar. Porque eso es lo que vamos a tener que hacer

Esto no es una guerra, pero sí nos espera una posguerra. Esa que –en otros términos- vivieron, con dolor y mucha penuria, la generación que se está yendo en masa a causa de negligencias que ya tendrán su momento para ser reivindicadas. Ahora, cuando saludamos a nuestros amigos, ya sea por teléfono, mensaje o videoconferencia, hemos pasado de preguntar cómo estás a cómo están tus padres ¡Tremendo! 

Con el paso de los días, hemos ido activando recursos para gestionar todo esto que no hemos elegido. Cuando ya has leído lo que tenías pendiente y agotado todas las propuestas de series y películas de las plataformas, necesitas regresar a lo que es tu hábitat natural, sobre todo profesional. Y, aunque me he resistido a hacer directos en las RRSS durante todo este tiempo, he tenido que claudicar y aceptar la evidencia. 

"Todo el mundo hace directos ¿Por qué tú no con tus habituales?", me preguntaron el otro día. Y recogí el guante. Haber leído esa señal ha hecho posible que, en estos días, me sienta más completa, más realizada, más yo. Volver de nuevo a esa actividad, mientras no llega la normalidad a nuestras vidas, me ha ayudado a conseguir una limpieza emocional sin traumas. Los amigos de verdad siempre están ahí.

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