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Lost

NO SÉ por qué cada día nos atenaza más el "síndrome del folio en blanco". O, por lo menos, a mí me ocurre porque he generalizado y es posible que los demás vayan muy sobrados y no padezcan esa indeseable y paralizante presión. Ese momento en el que te pones delante del ordenador, como ahora, sin tener muy claro sobre qué escribir, que no siempre es así, y esperando que la inspiración te pille trabajando antes de desfallecer y de considerarte una inútil.

Son instantes en los que te sientes un poco perdida y, mira tú por dónde, esa sensación de abandono, soledad y cierto desvalimiento ha activado los resortes de mi memoria y me ha recordado que, hace unos días, se cumplieron quince años del estreno de una serie que ya es historia de la televisión y que puso en la buena dirección a otras muchas que llegaron después.

"Lost" nos succionó durante seis temporadas. Tuvo sus altos y bajos, incluido un final que no conquistó, más bien decepcionó, a muchos de sus millones de seguidores en todo el mundo. Sin embargo, las vivencias de los pasajeros supervivientes del vuelo 815 de Oceanic Airlines, de la ruta Sídney-Los Ángeles, en una isla aparentemente desierta del Pacífico, nos atraparon sin remisión. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta que esa isla escondía misterios, que provocaban que sucedieran cosas muy extrañas.

A lo largo de los capítulos íbamos conociendo a sus protagonistas, cuyas vidas anteriores al accidente se iban desgranando de manera paulatina y milimétricamente estudiada para captar la atención. Gracias a los detalles compartidos, comprendimos y, a veces, incluso justificamos las decisiones que cada uno de ellos iban tomando en la isla, así como el auténtico motivo que le llevó a cada uno a tomar ese avión. Nos dimos cuenta que sin ellos saberlo, estaban igual de perdidos en sus propias vidas que en ese lugar.

Globos de Oro, premios Emmys y desorbitadas audiencias millonarias en todo el planeta jalonaron el éxito de la serie pero, como suele ocurrir muchas veces, sus protagonistas pasaron de la fama desmesurada a un ostracismo que no siempre se consigue gestionar bien. Con el cierre de la sexta y última temporada, sus actores pasaron a formar parte de otras producciones, en las que no llegaron a conseguir la relevancia obtenida con la serie que les lanzó a una temporal fama.

En 2014, Miguel Ángel Vivas rodaba en Budapest "Extinction", película de ciencia ficción en la que participaba Matthew Fox, el atractivo Jack Shephard de "Lost", y hasta allí me fui a entrevistarle. Me advirtieron de su timidez y de un carácter peculiar, que luego comprobé que no era tal. Tuvimos una larga entrevista en el hotel que nos asignaron. Tras superar las incipientes cautelas por su parte, hablamos de todo. De la serie que le dio fama, su etapa como modelo, de su familia, de lo poca importancia que le da al físico, de su labor solidaria en la "Operación Sonrisa" y, sobre todo, de la necesidad de volver a ser anónimo. Algo que ha debido poner en práctica porque, en 2015, rodó su última película y, haciendo honor a esa serie mítica, está "lost". O, tal vez ahora, es cuando se ha encontrado de verdad.

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