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Ningún niño sin derechos

Distintas personalidades participando en la causa benéfica. DP
Distintas personalidades participando en la causa benéfica. DP

HACE ALGÚN tiempo, mi amiga Elsa Anka me dijo que quería presentarme a una persona, porque me gustaría la historia que tenía que contarme. Era el doctor Iván Mañero, al que yo tenía muy bien situado en mi cabeza por su reconocido status internacional como médico, pero con el que nunca había tenido nunca ocasión de conversar. Quedamos para cenar y lo maravilloso de ese encuentro, al margen de convertirnos en amigos para lo que nos quede de vida, fue conocer de primera mano la aventura solidaria en la que estaba inmerso desde hacía años.

Siempre digo que hay personas que llegan a tu vida para enriquecerla. Yo le llamaría "regalo del destino", pero Iván me convencería de que todo depende de la serendipia. De niño apuntaba para arquitecto, pero la vida le cambió el rumbo y, en lugar de levantar edificios, lo que consigue con su talento es diseñar seres humanos, reconstruirlos, darles una nueva vida y sanar, de paso, una mente que no les deja crecer en armonía. Conversar con él es sinónimo de perder la noción del tiempo y sintetizar todas sus vivencias es tarea difícil.

Hace unos años, el doctor Mañero viajó a Guinea Bissau, posiblemente la parte más pobre del continente africano. Allí se dio cuenta que hacía falta mucha labor médica y humanitaria. Movido por ese espíritu solidario, que su madre le inculcó, decidió poner todo lo que estaba en su mano para remediar la situación de abandono médico y humano, en la que estaba sumida esa zona. Pequeños sin extremidades, niñas víctimas de la salvaje ablación o niños albinos que eran abandonados por sus padres porque consideraban que eran portadores del mismo demonio. Esa era parte de la situación.

Con dedicación y esfuerzo construyó un orfanato, una escuela, un centro médico y otro para personas disminuidas físicas. Varias veces al año viaja para ver a sus niños y operar, durante varios días, a todo aquel que lo necesita. Gracias a la Fundación AMIC, que él creó, y con ayuda de la aportación mensual de los apadrinamientos, cientos de niños pueden comer más de una comida al día, lo que siempre ha sido un lujo inalcanzable para ellos y sus familias.

Cuando se acerca la recta final del año, Iván organiza una cena benéfica para relatar los avances en la fundación y conseguir fondos para el mantenimiento de todo el engranaje, gracias al cual funciona y sale adelante el operativo instalado en Guinea Bissau. El año pasado, las mujeres fueron el centro de atención y, en la convocatoria del próximo 22 de noviembre , serán los niños los auténticos protagonistas.

Con el fin de recaudar lo más posible para que no haya #ningunniñosinderechos, se van a subastar unas fotografías de los niños de la fundación, firmadas por personalidades de todos los ámbitos de nuestra sociedad. A todas ellas debo agradecer el apoyo, la entrega y la generosidad sin preguntas. Nadie dudó ni un segundo ante mi petición y "donaron" lo mejor de su fama para dar visibilidad a los más vulnerables.

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