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¿Nos hacemos un Verdú?

ALGUNA VEZ me he cuestionado (y de hecho se lo pregunto a algunos actores y directores) si el cine debe de ser didáctico. Las respuestas no coinciden en todos los casos, pero sí enfatizan en que "no estaría mal". Bien es cierto que no esperas encontrar en la gran pantalla lo mismo que en las aulas, ni siquiera lo que en la travesía de la vida puedes aprender, pero hay historias y películas que te hacen reaccionar más si te reconoces en algo concreto guionizado. Si consiguen darle la forma adecuada y la transmiten con empatía, te toca. Ya sea de manera personal, cultural, profesional o artificial ¡da igual!, te toca, te revuelve y te revoluciona sin remisión.

Esta semana, este viernes en concreto, se estrenó Sin rodeos, la nueva película que dirige Santiago Segura y que le aleja, de manera evidente, del cine al que nos tenía acostumbrados. Sería una lástima que, quienes piensan que solamente su perfil se circunscribe a Torrente, dejasen de acudir a la taquilla porque, lo que cuenta en esta cinta y cómo lo cuenta es, sino pedagógico, sí revitalizador.

En Sin rodeos se refleja una realidad con la que las mujeres nos vamos a sentir muy identificadas. Ese talante conciliador, de infinita paciencia, de aguantar todo lo inimaginable, que se torna en arrebato, golpe en la mesa y decisión de tomar las riendas de nuestra vida, cuando ya conseguimos darnos cuenta de que vamos por el camino equivocado, el que nos lleva a los ataques de ansiedad, al desquiciamiento psicológico y a la anulación de nuestra personalidad.

Es una película que nos reactiva a las mujeres y debería significar una llamada de atención para los hombres. Se verbaliza un tema triste, preocupante, cotidiano y muy real. Muchos, al género masculino me refiero, no lo detectan o no quieren enfrentarse a él. Santiago, activando su lado femenino, toma las riendas de nuestra situación anímica, dotándola de una sutil, inteligente y medida dosis de comedia, que aligera el auténtico dolor que nos produce pasar por esa situación día tras día.

Un marido que no da palo al agua y es un mantenido, un jefe que te ningunea por la edad y antepone a una jovencita descarada, pegada a un palo selfie y que solo tiene vida en las RRSS, esa existencia paralela y ficticia que nos rodea. Retratos que nos tocan de cerca, a veces demasiado, que nos anulan, nos someten a una auténtica luz de gas y nos hacen creer que somos el auténtico origen de todos los problemas.

Hasta que un día, algo te hace click y decides cambiar el rumbo. Te armas de un valor, que nunca creías haber tenido porque estaba incubado pero no desarrollado, no aguantas más desprecios y te lanzas a la aventura de vivir tu vida. Te conviertes en una desconocida para todo el mundo al decir todo lo que piensas y hablar sin rodeos y sin filtros. Una liberación, de verdad. Probadlo y ¡haceros un Verdú!

¿Nos hacemos un Verdú?
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