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Oír el silencio

Màxim Huerta. TWITTER (@maximhuerta)
Màxim Huerta. TWITTER (@maximhuerta)

¡QUÉ DIFÍCIL es oír el sonido del silencio! O, por lo menos, querer que eso ocurra porque, para poder sentir esa sensación de vacío, hay que recolocar muchas cosas. Aunque no lo creamos, tiene sonido. Es un silencio que, a veces, atormenta. Otras, te provoca temor y, en la mayoría de las circunstancias, es sanador y curativo. Para llegar a escucharlo de verdad, lo importante es una aceptación previa, un mirarnos al espejo y asumirnos. Por dentro sentiremos calma. Por fuera irradiaremos otra luz.

Nunca había sentido la necesidad imperiosa de oír ese silencio, tal vez porque desconocía que tuviera musicalidad y, sobre todo, que hacerlo implicaría una limpieza interior. Recuerdo una conversación con Ricky Martin, hace unos cuantos años, en la que me argumentó la felicidad que le producía estar solo escuchando el silencio. "Conseguí identificar su sonido cuando me asumí y enfrenté a mis demonios internos" , me dijo. Y doy fe que, después de una decisión determinante en su vida, cambió su carácter, su actitud vital y hasta su sonrisa.

¿Es posible que un libro, con la experiencia de otro, te sirva de terapia? ¿Y qué te reconozcas en él? De un tiempo a esta parte ¡eso me ocurre! Tengo que agradecerle a Boris Izaguirre, con su Tiempo de tormentas, y sobre todo a Màxim Huerta, con Firmamento, las horas de terapia que me están ahorrando. Envidio la fuerza, valentía y entereza que ambos han tenido para vaciarse en sus escritos. Max ya lo había hecho en La parte escondida del iceberg, donde comencé a pensar en lo depurativo que es hacer limpieza de aventuras, experiencias y vivencias cuando el cuerpo, la mente y el corazón te lo piden.

Mi admiración por Màxim es directamente proporcional al cariño que le tengo. Nunca lo he disimulado porque los afectos, como la bondad, no solo hay que verbalizarlos, sino también demostrarlos. Su ironía mediterránea casa muy bien con mi sorna gallega y creo que ese ha sido un punto de unión siempre.

Me gustaba como profesional de la comunicación y me fascina como escritor. Hace encaje de bolillos con las palabras, construyendo sentencias que, en ocasiones, son latigazos de realidad. "Entre el suelo y el cielo hay algo" decía la canción. Ese trayecto lo llena y justifica él con frases que son pura verdad, reflejos vitales que te sacuden cuando alcanzas a descifrar el verdadero sentido y el efecto que pueden tener en tu propia existencia.

En una entrevista de días atrás, que fue más una conversación de amigos que una sucesión de preguntas a un interlocutor, fuimos desgranando Firmamento en base a las frases que más me punzaron el ánimo. Lo que sucedió solo en una noche , entre Ana y Mario, es un doctorado en sentimientos. Con sus diálogos aprendí que "somos incapaces de vernos como los demás nos ven" . Que "siempre esperamos algo, aunque sean llamadas" . Que "no sabemos escribir el guion de nuestra vida" y que esa "vida, muchas veces es una novela, pero no le ponemos tapas". Si a eso le añadimos que "se nace cada vez que el verbo sentir se conjuga", creo que ya estoy preparada para oír el silencio.

Oír el silencio
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