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Pequeño gran paso

Ryan Gosling. EFE
Ryan Gosling. EFE

ES CURIOSO lo manipuladoramente selectiva que puede llegar a ser la mente. Juega con nuestros recuerdos a su antojo. Me sorprende olvidar algunos episodios relativamente cercanos y, sin embargo, recordar al detalle momentos e historias vividas cuando apenas levantaba dos palmos del suelo.

Me viene este pensamiento a la cabeza porque, esta semana, he visto la proyección de First man en el festival de Venecia. Dirigida por Damien Chazelle, que ya nos llevó a las estrellas con La la Land, la película convierte a Ryan Gosling en Neil Armstrong, el primer hombre que puso sus pies en la Luna.

Recuerdo como si fuera ayer cuando, siendo muy niña, mis padres nos despertaron a todos los hermanos de madrugada, el día de esa efemérides, para ver como Armstrong, Collins y Aldrin llegaban a ese lugar tan inalcanzable y ansiado por los americanos. Conseguir la proeza les situaba en la cima del mundo, venciendo a ese pueblo ruso que siempre fue “su talón de Aquiles”.

La presencia de Gosling en la alfombra roja paralizó el festival

No me olvido de la emoción de ese momento y de lo que ha supuesto para la historia. No hace mucho vi un documental sobre él en la BBC. Su hermano pequeño explicaba detalles de una personalidad tímida, silenciosa, muy luchadora y que, cuando se trataba de volar, no sabía decir que no a la aventura, por muy imposible y revolucionaria que fuera.

Esa manera de ser queda muy bien reflejada en la película, que te sitúa en el conocimiento real de un personaje que, si no es imprescindible, sí necesario para entender sin aristas ni dudas la hazaña que le hizo pasar a la historia.

Tengo la percepción de que era un hombre tan seguro de sus posibilidades, que ni siquiera contemplaba la opción de despedirse de sus hijos antes de irse a la luna. Estaba tan convencido de que regresaría a casa, como había ocurrido siempre, que solamente decidió explicarles lo que iba a hacer y verbalizar que, tal vez, nunca les volvería a ver, cuando su mujer, papel interpretado en la película por Claire Foy (la reina Isabel II en The Crown) le obligó a enfrentarse a esa conversación con los niños.

Su frialdad aparente, necesaria a todas luces en una profesión como la suya, yo la interpreto como control absoluto de sus emociones, que solamente exterioriza cuando están relacionadas con su hija desaparecida. Tranquilos, no es un spoiler. Ese episodio está recogido en un libro sobre su vida, aunque he de reconocer que yo lo desconocía hasta que leí artículos sobre él después del pase de la película.

La presencia de Gosling en la alfombra roja paralizó el festival. Desde primera hora de la mañana ya acampaban los fans, paraguas en mano para cubrirse de un sol ‘in misericorde’ que no nos ha abandonado desde que comenzó el certamen. Algunos le recordaron la célebre frase, que ya forma parte de la historia, que pronunció Armstrong cuando pisó la luna y que él recrea en la película. “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”. Un pequeño gran paso que se podrá ver en el próximo Festival de San Sebastián.
 

Pequeño gran paso
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