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Periodista de alma, actor de corazón

En nuestro cine, son cada día más los jóvenes valores que piden paso, quienes muchas veces tienen "pelear" mucho para que los medios de comunicación se aventuren a publicar o emitir entrevistas con gente nueva

UNA DE las sensaciones mágicas de esta profesión, sobre todo cuando ya llevas unos años en ella y casi formas parte del paisaje, es vivir la evolución de gente que nace con un talento y que, con una pizca de suerte y mucho esfuerzo, acaban desarrollándolo de tal forma que consigue llegar a ser alguien relevante.

En el mundo del cine lo vivo de manera muy especial. No me olvido cuando, en un festival de Valladolid, una jefa de prensa casi nos suplicaba a los periodistas que le hiciéramos una entrevista a un actor joven desconocido, que presentaba una película. Era Brad Pitt y había venido para la promoción de Thelma y LouiseEl lugar que ocupa ahora no hace falta ni mencionarlo.

Algo parecido me ocurrió con Rodrigo Santoro, al que descubrí en Love actually. Tenía un papel pequeño, casi testimonial en el guion, pero era imposible no fijarse en él. Le seguí la pista y, tras aparecer con Demi Moore en Los ángeles de Charlie 2, pude ¡por fin! entrevistarle en Londres en la promoción de 300donde su presencia ya era en el status de protagonista, al lado de Gerard Butler. 

Todo un espectáculo de hombre que, tras desfilar por las pasarelas de medio mundo, le encontró gusto a la aventura del cine, en la que sigue teniendo oportunidades que le posicionan cada día más. La última vez que le vi fue con Antonio Banderas Mario Casas en Los 33, película que no obtuvo la presencia y reconocimiento que se le suponía a la historia de los mineros atrapados, durante dos meses a 700 metros de profundidad, en la mina chilena San José. 

En nuestro cine, son cada día más los jóvenes valores que piden paso. Muchas veces hay que pelear mucho para que los medios de comunicación se aventuren a publicar o emitir entrevistas con gente nueva pero, una que es muy cansina a veces cuando en alguien ve aptitudes, nunca se da por vencida hasta que logra lo que se propone. 

Descubrí a Pol Monen en Amar, su primer papel protagonista. Me gustó su frescura y el riesgo que asumía en su interpretación pero, cuando leí una entrevista de la promoción de la película, me di cuenta que además de buen actor era un joven con la cabeza muy bien amueblada. Llamé a Rafa Pontes, su jefe de prensa, y no paré hasta conseguir poder charlar con él. Y sabe que, desde nuestro primer encuentro, soy fan incondicional.

Se confiesa tozudo. Y, ese entendido como defecto, lo ha convertido en virtud, porque le ha ayudado a llegar donde está en tiempo record. Es tímido al abordar algunos temas, pero tiene una risa abierta que te desarma. En su joven bagaje profesional, contabiliza una pequeña participación en una película de Almodóvar, una nominación al Goya por Amar, la campaña Romeo y Julieta de Suárez, la serie Vivir sin permiso, la magnífica Tu hijo y la imprescindible ¿A quién te llevarías a una isla desierta?. Si el destino se hubiese aliado de otra manera, podríamos haber sido compañeros de profesión, pero la sabiduría de la vida le mantiene como periodista de alma y actor de corazón.

Periodista de alma, actor de corazón
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