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Sin fin

Javier Rey. SERGIO LARDIEZCREO que pocas cosas generan más debate pasional que hablar de amor o de las relaciones personales que transitan por él. La expresión de los sentimientos es directamente proporcional a cada uno de los que tienen el privilegio de enamorarse porque, para disgusto de algunos, no siempre ocurre.

De amor hablé días atrás con Javi Rey. Ese gallego de Noia, al que gran parte de la audiencia destimidez cubrió con la llegada del Mateo de Velvet. Desde ese momento, el mundo mediático le colocó en el status de "actor a tener en cuenta".

Él no tiene la sensación de estar en racha, pero es innegable que todo lo que toca lo convierte en éxito. Lleva unos días sin parar porque, entre rodajes y promociones, se han "colado" numerosos y merecidos reconocimientos, que está viviendo desde la reservada destimidez que caracteriza su carácter.

Antes de llegar a su vida el "Velvet boom", Javi –que es así como le gusta que le llamen– ya era un respetado veterano en teatro y televisión. Siempre ha tenido ese aire aristocrático, que hoy levantas pasiones y alabanzas. Ese que le aporta, además, una elegancia en el trato que resulta adictiva.

Su recreación de Sito Miñanco en Fariña, serie que recibirá próximamente un premio Ondas 2018, le colocó en las preferencias de los entendidos y "caló" en el imaginario popular y de los compañeros de profesión, pero su versatilidad le posiciona con merecimientos en los más diversos personajes.

Sus esfuerzos están ahora concentrados en la promoción de Sin fin, película presentada en el pasado festival de Málaga y que puso en sus manos la Biznaga de Plata a la mejor interpretación masculina. La primera vez que la vio proyectada se emocionó al ver el resultado. Y eso que él reconoce que no es mucho de llorar.

Sin fin es una película de amor, perseverancia y dolor. Su personaje, que se llama como él y le apodan "Trigo", es de los que cree que el amor puede durar siempre y se empeña en demostrárselo a esa mujer que nunca ha desaparecido de su mente, una María León con la que escenifica una compenetración y empatía que, si no se hubieran conseguido, el resultado de la historia habría sido bien distinto y nos habría "tocado" mucho menos.

Cinco años le ha costado a todo el equipo de esta producción poder sacarla adelante. En el camino, varios cambios en el proceso, pero sin transformar la esencia de la historia. Posiblemente, los que no creían en ella al principio, mutaron su actitud al ser conscientes del poder interpretativo y de reconocimiento de sus protagonistas en la actualidad.

"Le he dado mucho al personaje", me dijo Javi Rey hace unos días. "Es de los que exige mucho músculo, mirar muy adentro y, lo que no encuentras ahí, porque hay lugares imposibles de llegar, tienes que buscarlo fuera desde un lugar muy honesto. A día de hoy, hablo de la peli y me emociono, incluso, porque a los dos nos llevó a lugares bastante complejos".

Sin fin
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