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Un mundo diferente

En primer plano, el puente de Santiago; al fondo, el de Os Tirantes. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
En primer plano, el puente de Santiago; al fondo, el de Os Tirantes. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

ME PONGO HOY a escribir y, la verdad, ya no sé si expresar lo que bulle por mi cabeza o lanzarme a la necesidad de algo más lúdico. Llevo más de un mes sin hacer vida normal y, a estas alturas de la aventura del confinamiento, lo que necesitamos es entretenernos. Y no todo ese mundo, que es capaz de hacerlo posible, lo tiene tan claro. Todo en los medios, salvo honrosas excepciones, son virus, cifras, ruedas de prensa que no definen lo realmente importante, mentiras y ningún mea culpa por parte de quienes tienen mucho que explicar.

Puede resultar sorprendente para algunos el hecho de que no me esté costando en demasía este tiempo de falta de libertad. Lo he verbalizado más de una vez. A mí me gusta la casa, he sido siempre muy hogareña, nunca me han faltado cosas que hacer en ella. También es cierto que parte de mi trabajo lo puedo realizar con el ordenador como vehículo de realización profesional, pero sí echo en falta esa parte que me llevaba a realizar las entrevistas presenciales y la asistencia al plató de Telemadrid. Eso es lo que me falta de manera prioritaria, porque esa parte es la base primordial de mis ingresos y su falta es lo que genera el desgaste emocional que, en alguna medida, sí me afecta. Porque ahí sí está el auténtico problema de esta situación, el factor mental. Su equilibrio es lo que estoy intentando manejar.

Como siempre he sido de vaso medio lleno, que es lo que me ha hecho sobrevivir en muchas situaciones delicadas de mi trayectoria, intento extraer lo bueno que esta aventura inesperadame está haciendo vivir. No me produce dolor el silencio, me he acostumbrado a él y, en muchas ocasiones, incluso agradezco poder oírlo, porque el silencio se escucha cuando consigues aliarte con él. Y ese es un paso importante en la vida.

Y ese estado de calma te hace valorar mucho mejor todo lo que ocurre. Te das cuenta de algo tan importante como saber dónde están los que te quieren de verdad y los que son de boquilla, de conveniencia o de postureo. Comprobarlo es un shock inicial si, a estos últimos, los considerabas importantes en tu vida pero,luego, sientes el alivio que te proporciona el no vivir engañada por más tiempo.

Porque no es verdad que, cuando salgamos de esto, nos vamos a querer más, besar más, abrazar más. Cuando lo hagamos, nos encontraremos con un espejismo de lo que dejamos atrás. Todo el tiempo de confinamiento son días perdidos, que nunca recuperaremos. No nos engañemos con frases hechas como la de todo va a salir bien. Saldremos de esta porque somos luchadores y necesitamos activar nuestro instinto de supervivencia, pero la herida que nos queda se convertirá en una cicatriz que nos dejará muy tocados.

Lo positivo de esta inesperada aventura es el haber aprendido a leer las señales. He descubierto que este tiempo de reflexión, me ha enseñado a quererme un poco más y he comprobado, también, que mi sensibilidad sigue a flor de piel. Eso es algo que tendré que aprender a templar cuando, al final de todo, me enfrente a un mundo diferente.

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