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Yo me quedo en casa

"Imagino que escribirás sobre el coronavirus", me dijeron el otro día unos amigos. No me extrañó esa posibilidad que ellos contemplaron, pero no estaba en mi mente hacerlo. Eso es tarea de los que realmente entienden de ello. Lo que sí puedo verbalizar son las consecuencias que eso va a tener en la vuelta a la normalidad, en nuestro día a día, en mí supervivencia… porque eso es lo que será. Aprenderemos a sobrevivir después del caos

Me quedo en casaNunca imaginé que iba a vivir una película. Y que, incluso, la realidad superara la ficción de tantas que he tenido que ver en la gran pantalla, pero llevamos camino de ser los protagonistas de una historia inusual en nuestras vidas y, en algunos casos, lamentablemente dramática. 

No voy a entrar en el modo de gestionar esta crisis sanitaria, ni si nos edulcoraron la realidad desde el principio. Por fortuna, teniendo hermanas médico y farmaceútica, desde el principio supe la trascendencia del problema. Nunca me engañaron, ni me llamaron a la alarma, sino más bien a la sensata cautela, pero desde el minuto uno supe que no era una gripe. Que tuviera los síntomas no era sinónimo de serlo. 

Si he de ser sincera, la actual situación de confinamiento no me está afectando anímicamente de una manera estresante, más bien todo lo contrario. Mi vida, en ese sentido, apenas ha cambiado. Siempre he sido hogareña, metódica, disciplinada en horarios y previsora a todos los niveles. El ser autónoma me posibilita teletrabajar desde hace tiempo, salvo las colaboraciones presenciales de las entrevistas que, en este momento, quedan anuladas por la información sobre el virus. Es decir, nada de ingresos hasta nueva orden

Y ahí está el problema real de muchos de nosotros, el que nos provoca desasosiego. No saber cuándo vas a volver a cobrar es de las sensaciones más asfixiantes que uno puede llegar a sentir. Cuando no eres un profesional top, sino de los que trabajas sin descanso para hacer frente a tus recibos mensuales y, con un poco de suerte, permitirte algún extra, el final del túnel lo ves muy negro

Pero los trabajadores por cuenta propia siempre hemos sido el cero a la izquierda de todos los gobiernos. Muchas promesas en las precampañas para lograr el voto y, una vez en el poder, la palabra “autónomo” no figura en su diccionario. Damos siempre sin tener nada a cambio, ni derecho a paro siquiera. Eso sí, la cuota mensual llega puntualmente cada mes

Ese es, para nosotros, el gran problema del “yo me quedo en casa”. No que nos dé claustrofobia, ni que no sepamos qué hacer, ni que se acaben los aperitivos en las terrazas, ni que no podamos ir al fútbol. La auténtica razón de nuestra posible angustia es que no sabemos qué va a ser de nuestra vida cuando esto acabe

Me he propuesto, en este confinamiento impuesto y razonable, olvidarme del sentido del tiempo, vivir los días sin prisas, intentar aliarme con la calma. Luego ya llegarán momentos ¿De cambio de vida? ¡Quién sabe! De momento, yo me quedo en casa.

Yo me quedo en casa
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